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martes, 1 de abril de 2014

LOS HOMBRES Y MUJERES DEL PRESIDENTE


Foto Universo 
Por Leonardo Parrini

El Gabinete del Presidente Rafael Correa quedó integrado por cuadros rotados del mismo talego. Hombres y mujeres, por cierto, que ya vienen colaborando en el equipo de Gobierno y que han sido enrocados en el tablero de ajedrez gubernamental. Los nombres corresponden a cuadros fogueados, -como diría un amigo-, que no necesariamente quemados al fragor del servicio público o en la pira del clamor popular.

Entre ellos destaca Omar Simón, nuevo Secretario General de la Presidencia de la República, que se ha desempeñado como titular del Consejo Nacional Electoral CNE, y anteriormente, cabeza de la ONG Participación Ciudadana. Vinicio Alvarado, ex Ministro de Turismo que regresa como Secretario de la Administración Pública “para imprimir un enfoque político” al cargo. Carlos Marx Carrasco, hombre duro del régimen con resultados visibles en el SRI, será reemplazado por Ximena Amoroso, y ahora va a la cartera del Ministerio de Relaciones Laborales. Cargo clave en su relación con las empresas a las que conoce en detalle en el banco de información proporcionado por rentas internas. Hugo Villacrés va al Consejo del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, en remplazo de Fernando Codero, quien asume la Secretaria de Seguridad. Sorpresivo para muchos, puesto que Fernando Cordero había sido señalado por Avanza como “uno de los responsables de la no concreción de una alianza”, factor que habría marcado la derrota electoral oficial en Cuenca. Otros nombramientos son el de Héctor Solórzano en Transportes,  Paola Carvajal, Ledy Zúñiga en Justicia y Rommy Vallejo en Inteligencia.

Lógica presidencial

¿Con qué criterio fueron elegidos los hombres y mujeres del Presidente? Rafael Correa repite la fórmula: no dar más espacio a otros partidos, -Avanza y Socialista Frente-Amplio- aliados del régimen cuya representación sigue en los mismos términos, pese a que el Presidente Correa “ratificó la apertura que el Gobierno tendrá con los movimientos y partidos, pero procurará que la mayor parte de miembros se incluyan en la Revolución Ciudadana”.

La lógica presidencial es clara: conformar equipos con políticos-técnicos, en capacidad de cumplir con tres requisitos: lealtad, capacidad y probidad. Lealtad con los líderes y programas de la revolución ciudadana. Eficiencia en la capacidad para alcanzar resultados planificados y probidad en el cargo para ser consecuentes con los principios políticos del proyecto revolucionario. En este aspecto Correa resume su decisión en una frase feliz con fuerte sentido aspiracional: “la ciencia sin conciencia es poco lo que puede aportar” al país. Explícitamente el Presidente ha hecho un llamado a “ver claro, sentir hondo y obrar recio”, en un tono cargado de liderazgo firme y transparente. Esa postura de urgente necesidad pretende fijar un criterio cuyo acierto se verá en el camino: “no busquemos contentar a todo el mundo, sino ser fieles a nuestros principios y valores”.

¿Consecuentemente, el Presidente Correa está o no corrigiendo los errores que desencadenaron los resultados electorales de febrero? 

La respuesta del Mandatario es categórica: Para ejercer los cargos, “no solo se necesita saber qué hacer, sino hacerlo con calidad y calidez”, puesto que “tengan claro que a nosotros no se nos perdonan los errores, esas son las consecuencias para los que no agachamos la cabeza y no nos dejamos poner un cascabel”. Esta referencia hace sentido cuando Correa denuncia que está en marcha “la guerra de cuarta generación que se da en los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales” contra el Gobierno. Enemigos frente a los cuáles “No permitamos que nos roben lo más preciado, la verdad”. 

Lo bueno del cambio ministerial es encontrar a un Presidente Correa montado firmemente en el caballo, con claro y lúcido liderazgo espoleando a sus huestes. Lo malo es que ciertos miembros de las huestes, ahora sí, tienen cero márgenes de error, puesto que para ejercer de político-técnico, hay que serlo y parecerlo. Lo feo es que el país no entienda con claridad que al Mandatario hay que dejarlo gobernar y que, a su vez, éste debe garantizar que la voz del pueblo debe ser escuchada, como un eco que siempre le señalará el camino a seguir. Para bien y para mal.

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