Ahora que el
mundo mira por encima del hombro a los musulmanes y la mayoría de
"occidentales" están convencidos de que estos son una plaga sobre la
tierra, hay que recordar, con el fraile dominico y teólogo de la liberación
Frei Betto, que "Las
mayores atrocidades de la historia -como la Inquisición, el colonialismo, la
esclavitud, el nazismo y las dos guerras mundiales- fueron cometidas por
naciones que se consideran predominantemente cristianas." El Teólogo brasileño agrega:
"¡Cuántos cristianos se llenan la boca -y a veces también el bolsillo- con
el nombre de Dios! ¡Y tienen el corazón repleto de ira, de odio, de venganza y
de prejuicios! ¡Cuántos explotan la buena fe del rebaño de fieles para
extorsionar, corromper y multiplicar sus negocios, y llegan incluso a prometer
el infierno a quien los denuncie!". Palabras sin duda necesarias las de
Frei Betto para no caer en la sicosis colectiva de estos tiempos.
Cuando conocí Túnez, en un viaje literario que
hice desde Madrid hace más de 3 años, me sorprendió el hecho de que en los
países musulmanes no se consume alcohol, lo que ha quitado un factor de enorme
perturbación a las relaciones sociales e intrafamiliares, como en
"occidente". Lo segundo que me llamó la atención fue que en las
reuniones literarias estuvieron varias mujeres con el velo sobre el rostro y,
cuando les pregunté sobre el particular, estas me explicaron que no solo que
ellas estaban de acuerdo con llevar el velo sino que luchaban por
mantener dicha costumbre, lo que me reveló hasta qué punto los
"occidentales" solemos meternos en lo que no nos incumbe con el
propósito de imponer nuestra particular noción de justicia. También me conmovió
la hermandad de los musulmanes entre sí, capaces muchos de ellos de abandonar
sus casas y refugiarse en las de sus padres, para dejar lugar a los migrantes
de otros países que llegaban huyendo de zonas en conflicto, algo que resulta
prácticamente imposible en el mundo "cristiano".
Hoy en día se habla mucho de la rivalidad entre
sunitas y chiitas, como si se tratara de un fratricidio irreconciliable, pero
la verdad es que entre ellos ha existido convivencia pacífica durante siglos,
al punto de que hay muchos matrimonios mixtos, religiosamente hablando. Durante
la fiesta religiosa del cordero -que recuerda aquel pasaje bíblico, y del
Corán, en el que la mano de Abraham (Ibrahim) es detenida en el aire por Dios
para que no mate a su primogénito y, en su lugar, sacrifique un cordero- las
familias vienen desde muy lejos, atravesando muchas veces el mundo, para
sacrificar el cordero ritual. Lo curioso es que la mejor parte del cordero no
es para la familia que lo sacrifica sino que esta se echa a las calles para
entregarla, con grandes gestos de hermandad, a los más pobres del barrio o del
pueblo, sin que importe sin son sunitas, chiitas, alawitas, drusos, o de otra
religión, porque hay que saber que entre los "árabes" no solo hay
musulmanes, sino también cristianos, en incluso practicantes de la religión
judaica.
No es entonces la rivalidad entre sunitas y
chiitas el verdadero origen de los enfrentamientos, sino siniestros
intereses políticos: Arabia Saudita, aliada incondional de los Estados
Unidos, al igual que los reinos de Katar y Kuwait, han armado y financiado a
los grupos sunitas con el objetivo -no negado- de golpear al país con el mayor
número de chiitas en el Medio Oriente: Irán; provocando de paso la caida de un
régimen chiita con mayoría de población sunita, como es el caso de Siria, con
el fin de tener supremacía sobre la convulsionada región, lo que, por
supuesto, favorecería los intereses de "Occidente". Por eso, detrás
de esta jugada, soplando los vientos de guerra, se encuentran los Estados
Unidos y otros países "occidentales", en especial Francia e
Inglaterra, dedicados a financiar, armar y colaborar logísticamente con los que
ellos han denominado como la "oposición" al régimen sirio, pero que
en realidad se trata del "estado islámico" que ahora dicen combatir.
A estas alturas no se sabe si, como decía un
amigo, las pirañas le han mordido la mano a quien las alimentaba, o si, por el
contrario, "el atentado de París" no es más que un bien estudiado
plan -semejante al de las "Torres Gemelas"- para que la Otan entre
con más bríos -y con un gran pretexto- a reconquistar un territorio en el que
Rusia -en solo unas semanas- se ha enseñoreado, y en el que China ha hecho su
aparición, como aliada de Rusia. Es por esto que muchos analistas han dicho que
estamos en plena III Guerra Mundial: de este enfrentamiento, sobre territorio
sirio, saldrá un nuevo orden mundial, acaso multipolar, lo que, de nuevo,
podríamos llegar a una etapa de Guerra Fría... en la que habrá que tomar
partido.
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