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miércoles, 11 de marzo de 2015

EE.UU Y LA PARANOIA POLÍTICA


Por Leonardo Parrini

Sentirse amenazado es un acto de paranoia si no se fundamenta el carácter amenazador de una situación de peligro. El término proviene de la psiquiatría y se refiere al trastorno de personalidad de un individuo que padece delirio persecutorio. Estos rasgos de conducta son una baja autoestima, frialdad emocional, incapacidad para la autocrítica, hostilidad con el entorno, autoritarismo, episodios depresivos, resentimiento, egocentrismo e importante grado de desconfianza.

Extrapolando el término psiquiátrico de paranoia a la política, estamos en presencia de un Estado, o dirigente, que muestra desproporcionada hostilidad en sus relaciones con otro Estado, institución o persona. El Estado paranoico despliega acciones que buscan justificar la desconfianza. El Estado paranoico se rearma militarmente, protege fronteras, expulsa funcionarios extranjeros identificados como de alta peligrosidad o dicta medidas represivas contra individuos considerados amenazantes.

La orden ejecutiva emitida por Barak Obama declarando la situación de Venezuela como una "amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad nacional y política exterior estadounidenses", bien podría ser considerada un síntoma de paranoia política, de no ser porque responde a un protocolo previamente establecido. Obama hizo la declaración basado en los poderes que le otorga el Acta para la defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil en Venezuela, aprobada el 9 de diciembre por el Senado estadounidense y ratificada al día siguiente por la Cámara de Representantes. La orden implica sanciones a siete funcionarios venezolanos y fue dada en “lenguaje estándar”, usado anteriormente contra funcionarios de Siria e Irak. La sanción contra los venezolanos bajo acusaciones de estar vinculados con supuestas violaciones de los derechos humanos en el país y presuntos abusos en las sangrientas protestas opositoras de 2014, supone el impedimento de entrar a los EE.UU, además de sanciones económicas.

El régimen de Nicolás Maduro, en respuesta, procedió a nombrar a uno de los sancionados, el mayor general Gustavo González López, como nuevo Ministro de Interior, Justicia y Paz. "He decidido nombrar al mayor general González López ministro de Interior, Justicia y Paz para que vaya con su condecoración del imperio estadounidense a garantizar la paz del país, la seguridad ciudadana y nacional", dijo el mandatario venezolano. Maduro provechó además la coyuntura para solicitar una Ley Habilitante especial y extraordinaria “para defender la paz, la soberanía, la tranquilidad y la integridad de nuestra patria”.

Las reacciones en Venezuela ante la medida estadounidense no se hicieron esperar. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) venezolano ha declarado que EE.UU. "no tiene jurisdicción para sancionar y promulgar leyes contra Venezuela". Este organismo considera que las medidas injerencistas tomadas por EE.UU. contra Venezuela "no solo vulneran los derechos internacionales, principios, costumbres, tratados y otros instrumentos internacionales, sino que atentan contra los más emblemáticos criterios jurídicos y éticos de la humanidad". En tanto, los sectores de oposición al régimen bolivariano han expresado diversas reacciones. Roberto Enríquez, presidente de COPEI, expresó: “En honor a la verdad es exageración de Obama decir que nuestro Gobierno es un “riesgo extraordinario” para EEUU. El riesgo es para Venezuela. Henrique Capriles, gobernador de Miranda, señaló que quería ver a muchos funcionarios romper sus visas. Además, criticó la posibilidad de una Habilitante Antiimperialista y pidió medidas especiales para que aparezcan artículos básicos como el jabón y las medicinas.

En el trasfondo real del asunto el politólogo Atilio Borón señala que “el reciente decreto de Obama donde dice que Venezuela es una "amenaza extraordinaria e inusual" para EE.UU., es nada más que otra "maniobra para crear condiciones que justifiquen una agresión militar contra el país bolivariano”. Borón advierte que este  tipo de declaraciones suelen preceder a agresiones militares, explicando que pueden ser efectuadas "por mano propia" o "puede también ser el prólogo para operaciones militares donde Estados Unidos actúa de consumo con sus lacayos europeos, nucleados en la OTAN, y las teocracias petroleras de la región". Como ejemplo cita los casos de Siria y Ucrania donde el ansiado "cambio de régimen" (eufemismo para evitar hablar de "golpe de Estado") que Washington persigue sin pausa para rediseñar el mundo -y sobre todo América Latina y el Caribe- a su imagen y semejanza, se logró gracias a la invalorable cooperación de la Unión Europea y la OTAN, y cuyo resultado ha sido el baño de sangre que continúa en Ucrania hasta el día de hoy".

En el caso venezolano la paranoia política norteamericana, orquestada en planes de intervención militar, podría traer imprevisibles consecuencias: "Nadie podría sorprenderse si en las próximas horas o días Obama autoriza una operación secreta de la CIA o de algunos de los servicios de inteligencia o las propias Fuerzas Armadas en contra de algún objetivo sensible de Estados Unidos en Venezuela. Por ejemplo, la embajada en Caracas", concluye Borón. En ese caso la locura estadounidense se habrá consumado.

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