GRANDES TEMAS - GRANDES HISTORIAS

E c u a d o r - S u d a m é r i c a

martes, 23 de junio de 2015

LA ALEGRÍA DEL POBRE

Por Leonardo Parrini

La alegría del pobre dura poco y cuesta mucho, suele decir el adagio popular. Y esta sentencia veterana es aplicable hoy a América Latina. La región con poco más de una década de crecimiento sostenido, ha entrado en una etapa de ralentización, -vaya palabreja para referirnos a la mala racha latina-, que afecta el nivel de la calidad de vida de millones de habitantes. En la actualidad en Latinoamérica existen 130 millones de pobres endémicos, crónicos e inamovibles “que se vieron poco beneficiados por la expansión económica”. Un informe de la CEPAL señala que “casi uno de cada tres latinoamericanos es pobre". La pobreza afecta al 28 por ciento de la población de América Latina, el proceso de reducción de la pobreza quedó estancado al nivel de 2012, se lee en el reciente Informe Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Según sus estimaciones la pobreza extrema aumentó del 11,3% en 2012 al 11,7% en 2013.

La época de las vacas gordas, producto de buenas condiciones de exportación de las materias primas locales como petróleo y cobre, permitió acumular ingentes recursos que fueron invertidos en proyectos sociales. No obstante, los economistas sostienen que el crecimiento no fue suficiente y que es necesario una acción estatal redistributiva llevada a delante con mayor decisión política. Si bien el crecimiento es un indicador de progreso, la disminución de la pobreza es un reflejo evidente de avances sociales. La región latinoamericana en la última década registra una disminución de un 16% entre 2003 y 2012, es decir, del 41,6% al 25,3%. En otras palabras, se trata de 70 millones de personas que dejaron de ser pobres en ese periodo de tiempo en la región, mientras que la pobreza extrema se redujo del 24% al 12% en el continente latinoamericano.

Crecer con pobreza

Las cifras históricas son elocuentes. Entre los años 2003 y 2014 la región latinoamericana registró un crecimiento promedio del 4.6% anual, un dato que oculta las disparidades existente entre un país y otro. Por ejemplo Panamá creció un 8,4%, Perú un 6%, mientras que El Salvador solo lo hizo un 1.8% y México un 2,6%. Si bien la estabilidad de la región, a nivel macroeconómico, benefició a todos los países, no es menos cierto que la situación empeorará si la población de América Latina crece a un ritmo superior al de la economía, según afirman los expertos.

Una evidencia salta a la vista en el análisis de los economistas: los países con mayor pobreza crecieron  menos, es el caso de Guatemala, lo que demuestra a su vez que es “difícil que un país logre una caída sustancial en su nivel de pobreza cuando crece a un ritmo tan endémico”. Otra evidencia del estudio es que los ingresos de las familias pobres son menores a las de aquellas familias que salieron de la pobreza. Según los expertos, aquello comprueba que debe ser alto y sostenido el crecimiento en la región para vencer a la pobreza.

El crecimiento o expansión económica se muestra como el mejor programa antipobreza, según estudios del Banco Mundial, realizado en 118 países. En las naciones analizadas, tres cuartas partes de sus mejoras salariales se explica por el crecimiento económico. Los economistas apuestan por una fórmula: entre más rápido se expanda la economía de un país, más crecerán los ingresos de los que menos tienen y más expedita será la reducción de la pobreza. La moraleja está dada. Si queremos avances contundentes en la lucha contra la pobreza, -objetivo de la región como prioridad-, necesitamos mucho más que una década de crecimiento económico sostenido. Caso contrario, la alegría del pobre dura poco.

lunes, 22 de junio de 2015

MAL HUMOR DE LOS POLÍTICOS


Por Leonardo Parrini

Nuestros políticos viven tan amargados, que mientras más conservadores son, más quejumbrosos lucen. Esto recuerda la afirmación de Lenin que dice que el humor es revolucionario. Porque cambia la vida por contraste. Percepción que coincide con la visión del humorista chileno Coco Legrand, quien afirma que desde el humor se pueden construir cosas, a través de mirarlas de diferente forma. No obstante, los políticos criollos insisten en mirar la vida unilateralmente con el ceño fruncido, en una clamorosa vetustez de espíritu.

El humor es una perspectiva de la vida. Aquella que desde el latín oris, presenta la realidad resaltando el lado absurdo de las cosas. Pero nuestros políticos son muy circunspectos y se toman la vida con una gravedad pasmosa. Como si la ausencia de sonrisa en la cara proporcionara réditos de imagen. Coco Legrand dice que construimos una “memoria ontogénica” donde guardamos la historia de nuestro cuerpo y de nuestra propia vida. ¡Qué guardarán en su memoria nuestros políticos que destilan tanta mala leche! El país en el que viven es el territorio de la amargura. Auguran desastres por doquier, con intención apocalíptica, como si tuvieran una bola de vidrio para predecir futuros catastróficos.

El humor no es moralista, carece de sentencias. El sarcasmo es una ironía agresiva, es el reverso mismo de la sátira. Freud afirma que al leer cualquier ironía, leemos la vida misma. La ironía enuncia lo que debiera ser fingiendo creer que es. El humor se ciñe a lo real afectando creer que así debe ser. Pero nuestros políticos practican una moral sin ética, es decir moralina sentenciosa. Su sentido del humor –acaso lo tienen- no tiene sentido. Jankelevitch dice que el humorismo es una ironía que termina en seriedad. Esto explicaría el humor de los políticos criollos: una extensión de sus propias amarguras y frustraciones. Es decir, mal humor.

Los políticos que se oponen a todo se vuelven vocingleros del desastre y van a la televisión con cara de asesinos agresivos. Proyectan una imagen de seriedad como una malgastada estrategia de marketing político, como si la amargura les ayudara a vender una retahíla de ideas trasnochadas. Herencias perdidas, impuestos no tributados, libertades conculcadas, democracias fallidas, todo sirve de repertorio a la amargura opositora como sinónimo de pesimismo. Oponerse al cambio social es predecir lo malo. Practican la desmoralización, una falta de moral que da a entender lo contrario de lo que se dice con palabras contrapuestas al pensamiento. 

Acaso por eso los políticos opositores a todo lo que huele a revolución, no tienen proyecto viable. No logran unidad en torno a nada, no motivan más que odio. Lo suyo es escarbar en la carroña del pesimismo. Organizan caravanas de mal humor, convocan a marchas fúnebres y se convencen a sí mismos que viven el apocalipsis. Los políticos opuestos a todo, desde mezquinos feudos regionales o empresariales, ensayan la estratagema de dar la vuelta al reloj de la historia. Se ponen y oponen serios, muy serios, y añoran la vuelta al pasado. Su deporte nacional es boicotear la plenitud de un país que ya cambió para bien. Un esperpento de mal humor reaccionario.

viernes, 19 de junio de 2015

EL ROL POLÍTICO DE LA PRENSA



Por Leonardo Parrini

Si no sale en el diario, no existe. Esta era una de las afirmaciones preferidas de mi abuelo. Pero los tiempos cambian: ahora, aunque no exista si está en la prensa, existe. ¿Es eso credibilidad? Acaso sea simplemente mitología mediática, posicionamiento empresarial convertido en poder. En cuarto poder, se dice, después de los tres poderes estatales. Y eso es dudoso. La prensa es un poder omnímodo en la sociedad capitalista por su vinculación con ingentes negocios unidos en oligopolio, influencia en la percepción de la opinión pública y justificación del poder establecido. Según Harold Laswell, se entienden “los medios de comunicación como agentes omnipresentes que poseen una incidencia en las conductas de las personas individuales, las cuales son simples recipientes de los contenidos transmitidos”.

Esta afirmación de carácter histórico es reiterada por Maurice Lemoine, ex jefe de redacción de Le Monde de Paris, en su conferencia ofrecida en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina CIESPAL, en Quito. Lemoine pone énfasis en un fenómeno propio de nuestro tiempo. La prensa es protagonista en los golpes de Estado blandos o light, en los cuales  “los medios de comunicación han tomado el papel de los partidos políticos debilitados tras el neoliberalismo”.

Sin duda, se trata de acciones ejecutadas en un contexto continental diferente al de los años setenta. En aquellos días las dictaduras militares fueron el producto de golpes de Estado fraguados en cruentos procesos. La vida democrática fue interrumpida, violentamente, en países del cono sur como Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay, Paraguay o Perú con nefastos resultados sociales 

La historia ha cambiado. América Latina dejó de ser el escenario de derramamientos de sangre en dramáticos episodios de represión. La persecución, encarcelamientos y muerte de miles y miles de personas a manos de los organismos represivos del Estado, son cosa del pasado. No obstante, el surgimiento y consolidación de gobiernos, fruto de una correlación de fuerzas progresistas, amerita una renovada estrategia golpista. El retorno a la democracia latinoamericana en los años noventa generó una didáctica distinta, que enseñó a los pueblos el valor de la convivencia social y el repudio a la violencia política. Hoy es concebible, en cambio, un golpe incruento en el cual los medios juegan un rol preponderante, con “una estrategia más elaborada”, según Lemoine.

En esta estrategia, el periodista francés denuncia el rol de la prensa “como el principal instrumento para orientar a la opinión pública”. Convertidos en actores políticos, los medios informativos reemplazan a los partidos tradicionales desplazados del poder. Los ejemplos latinoamericanos darán la razón a Lemoine. El golpe de Estado en Venezuela, en abril del 200, que derrocó a Chávez comenzó con “un show mediático” que aupó a un empresario para que lo reemplace en el poder. En el año 2008, la prensa boliviana creó condiciones para la renuncia de Evo Morales al mostrar un país caotizado. Durante el “golpe institucional” paraguayo del 2012, la prensa jugó un rol determinante para someter a Fernando Lugo a un juicio político. El resultado fue que en 24 horas, el Presidente fue destituido por el Legislativo.

Convencidos de que la prensa era el reflejo de la sociedad nos hicimos periodistas, pensando en los medios como el espejo donde reconocernos diversos y pluralistas. La vida se encargó de despabilarnos. Una evidencia cobra cuerpo hoy en el Ecuador: la acción desafiante de la oposición, envalentonada, encuentra eco en la prensa que desnuda su verdadero rol político. Se vive un proceso que el propio Jefe de Estado ecuatoriano ha denunciado como "un golpe blando en marcha". Para muchos ecuatorianos puede parecer el cuento del lobo. Pero como decía mi abuelo, aunque parezca mentira, si está en los medios, existe.

miércoles, 17 de junio de 2015

DONDE SE INCUBAN TODOS LOS VICIOS


Por Lucrecia Maldonado

Nunca dudé que mi país fuera un lugar maravilloso, al menos desde el punto de vista geográfico y del paisaje. Sin embargo, cuando observo ciertos comportamientos, me pregunto si la excesiva cercanía al sol no nos estará haciendo daño.

El otro día, por ejemplo, publiqué en este blog un artículo que hablaba del “Dolor de codos”. Una señora… bueno, una persona que ni siquiera sabía firmar (por eso no sé quién es, aunque si lo supiera no lo diría en público) se regodeó en un larguísimo comentario en el que me criticó por trabajar donde trabajo, me juzgó de lo lindo e incluso me mandó a laborar sin sueldo en un sector rural. Hasta ahora me pregunto por qué se hirió tanto con mi opinión, si ella debe ser (no me cabe duda) de los que abogan por la supuestamente perdida “libertad de expresión”. ¿En qué le afectaba que yo dijera mi sentir? Incluso pienso que ella habría sido capaz de disentir, argumentar, dar ideas… Pero, ¿agarrarse de mi vida personal para vituperarme? ¿Es esa una actitud digna? En últimas, ¿qué le importa? Y encima, desde el anonimato. Sin poner ni siquiera una inicial.

Vivimos en un país en donde un alto porcentaje de la población se toma a lo personal cualquier cosa que no es como a ellos les parece. Pensar distinto es ofender. Expresarlo, atacar. Es un país en donde otro de los deportes nacionales, en el que si fuera olímpico tendríamos un medallero impresionante, es el de husmear en los trapos limpios y sucios de la vida ajena para ver qué encontramos y cómo lo exponemos. El papá de quién era drogadicto. Con quién se acostaba la hermana mayor de alguien. Si algún prócer tenía mal aliento. Qué personaje parece que no es el macho latino que todos pensaban. Y a partir de esos datos, siempre personales, juzgamos su hacer público. Alegremente. Sin despeinarnos. Sin que se nos tiña de rosado un milímetro cuadrado de mejilla.

Otra: leemos el futuro. Y no con cartas de Tarot ni bola de cristal, qué va: al ojímetro, que le dicen. Y siempre leemos con intención apocalíptica. Se anuncian unas reformas al impuesto a la herencia y en medio minuto nos imaginamos desde que heredamos el millón de dólares que nuestros padres nunca tendrán hasta el día en que, a causa de los impuestos a la herencia, nos encontraremos vendiendo chicles en un semáforo. Con ese don, no comprendo por qué aquí el cine de ciencia ficción no ha descollado como debería.

Y las proyecciones de sombra, algo que si Jung hubiera sabido que en el Ecuador se practicaba tan bien habría venido a estudiarlo y capaz ya no se iba nunca más. Periodistas que reclamaban a sus asistentes de mala manera en público, reprochándole a Rafael Correa su ‘prepotencia’. Uno de los torturadores más grandes que este país ha conocido, hablando contra la ‘tiranía’ y defendiendo los ‘derechos humanos’. Abdalá Bucaram hablando de corrupción.

Alcohol, drogas, sexo compulsivo… eso es un juego de niños. Lo nuestro es hurgar con garfios en las almas ajenas. Nos decimos católicos; pero a la hora de juzgar el Padre Eterno se nos queda corto. Las pajas que miramos en ojos ajenos se encuentran adornando la viga que oscurece los nuestros. Y eso no hay revolución que lo arregle. Tomaría una eternidad transformar tanto corazón enfermo de ingratitud, envidia y mezquindad.