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E c u a d o r - S u d a m é r i c a

miércoles, 11 de marzo de 2015

EE.UU Y LA PARANOIA POLÍTICA


Por Leonardo Parrini

Sentirse amenazado es un acto de paranoia si no se fundamenta el carácter amenazador de una situación de peligro. El término proviene de la psiquiatría y se refiere al trastorno de personalidad de un individuo que padece delirio persecutorio. Estos rasgos de conducta son una baja autoestima, frialdad emocional, incapacidad para la autocrítica, hostilidad con el entorno, autoritarismo, episodios depresivos, resentimiento, egocentrismo e importante grado de desconfianza.

Extrapolando el término psiquiátrico de paranoia a la política, estamos en presencia de un Estado, o dirigente, que muestra desproporcionada hostilidad en sus relaciones con otro Estado, institución o persona. El Estado paranoico despliega acciones que buscan justificar la desconfianza. El Estado paranoico se rearma militarmente, protege fronteras, expulsa funcionarios extranjeros identificados como de alta peligrosidad o dicta medidas represivas contra individuos considerados amenazantes.

La orden ejecutiva emitida por Barak Obama declarando la situación de Venezuela como una "amenaza extraordinaria e inusual para la seguridad nacional y política exterior estadounidenses", bien podría ser considerada un síntoma de paranoia política, de no ser porque responde a un protocolo previamente establecido. Obama hizo la declaración basado en los poderes que le otorga el Acta para la defensa de los Derechos Humanos y la Sociedad Civil en Venezuela, aprobada el 9 de diciembre por el Senado estadounidense y ratificada al día siguiente por la Cámara de Representantes. La orden implica sanciones a siete funcionarios venezolanos y fue dada en “lenguaje estándar”, usado anteriormente contra funcionarios de Siria e Irak. La sanción contra los venezolanos bajo acusaciones de estar vinculados con supuestas violaciones de los derechos humanos en el país y presuntos abusos en las sangrientas protestas opositoras de 2014, supone el impedimento de entrar a los EE.UU, además de sanciones económicas.

El régimen de Nicolás Maduro, en respuesta, procedió a nombrar a uno de los sancionados, el mayor general Gustavo González López, como nuevo Ministro de Interior, Justicia y Paz. "He decidido nombrar al mayor general González López ministro de Interior, Justicia y Paz para que vaya con su condecoración del imperio estadounidense a garantizar la paz del país, la seguridad ciudadana y nacional", dijo el mandatario venezolano. Maduro provechó además la coyuntura para solicitar una Ley Habilitante especial y extraordinaria “para defender la paz, la soberanía, la tranquilidad y la integridad de nuestra patria”.

Las reacciones en Venezuela ante la medida estadounidense no se hicieron esperar. El Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) venezolano ha declarado que EE.UU. "no tiene jurisdicción para sancionar y promulgar leyes contra Venezuela". Este organismo considera que las medidas injerencistas tomadas por EE.UU. contra Venezuela "no solo vulneran los derechos internacionales, principios, costumbres, tratados y otros instrumentos internacionales, sino que atentan contra los más emblemáticos criterios jurídicos y éticos de la humanidad". En tanto, los sectores de oposición al régimen bolivariano han expresado diversas reacciones. Roberto Enríquez, presidente de COPEI, expresó: “En honor a la verdad es exageración de Obama decir que nuestro Gobierno es un “riesgo extraordinario” para EEUU. El riesgo es para Venezuela. Henrique Capriles, gobernador de Miranda, señaló que quería ver a muchos funcionarios romper sus visas. Además, criticó la posibilidad de una Habilitante Antiimperialista y pidió medidas especiales para que aparezcan artículos básicos como el jabón y las medicinas.

En el trasfondo real del asunto el politólogo Atilio Borón señala que “el reciente decreto de Obama donde dice que Venezuela es una "amenaza extraordinaria e inusual" para EE.UU., es nada más que otra "maniobra para crear condiciones que justifiquen una agresión militar contra el país bolivariano”. Borón advierte que este  tipo de declaraciones suelen preceder a agresiones militares, explicando que pueden ser efectuadas "por mano propia" o "puede también ser el prólogo para operaciones militares donde Estados Unidos actúa de consumo con sus lacayos europeos, nucleados en la OTAN, y las teocracias petroleras de la región". Como ejemplo cita los casos de Siria y Ucrania donde el ansiado "cambio de régimen" (eufemismo para evitar hablar de "golpe de Estado") que Washington persigue sin pausa para rediseñar el mundo -y sobre todo América Latina y el Caribe- a su imagen y semejanza, se logró gracias a la invalorable cooperación de la Unión Europea y la OTAN, y cuyo resultado ha sido el baño de sangre que continúa en Ucrania hasta el día de hoy".

En el caso venezolano la paranoia política norteamericana, orquestada en planes de intervención militar, podría traer imprevisibles consecuencias: "Nadie podría sorprenderse si en las próximas horas o días Obama autoriza una operación secreta de la CIA o de algunos de los servicios de inteligencia o las propias Fuerzas Armadas en contra de algún objetivo sensible de Estados Unidos en Venezuela. Por ejemplo, la embajada en Caracas", concluye Borón. En ese caso la locura estadounidense se habrá consumado.

lunes, 9 de marzo de 2015

AU REVOIR PARIS


Por Dani Game
Vivir en París, no morir en el intento y decir adiós

De París se dice tantas cosas. Quizás un día las palabras sobre esta ciudad se gastarán y la dejarán vacía, convirtiéndola en el recuerdo de una antigua civilización sólo registrada en páginas de enciclopedia. Parece que París ya mismo se acaba, pero la necedad de la vida la reinventa para luchar contra su propio cliché. 

Vivir en esta ciudad centro-de-mundo puede ser una proposición pesada: tanta historia, monumento, revolución, Napoleón, arte, foto al borde del Sena, francesitos elegantes y tanto ímpetu por la belleza demandan cierta transformación; la apropiación de algo que tal vez no somos. Hay un vértigo al llegar. Intuimos que después de vivir aquí ni el pasado ni el futuro serán los mismos.  

Mis maletas llegaron repletas de “por si acasos” para compensar lo que no se podría pagar en París. Llegaron también con la falsa convicción de que el tiempo sólo sería transitorio; un paso corto con dirección de regreso, pero aquí nada es pasajero o intrascendente. Todos los segundos son importantes. A esta ciudad vieja el futuro no la toca. Sólo el presente te jala el alma con mil preguntas. No existe el mañana ni el “más tarde” y se respira rápido, muy rápido, aunque estés sentada por horas en las sillas verdes del Jardin du Luxembourg mirando tus zapatos gastados.

Al vivir en este tiempo parisino algo único de la vida se revela; es como nacer, salir del vientre de tu madre y gritar.

“Tendrás cuidado, París es una ciudad-espejo, te hace ver cosas que no conocías o no querías saber de ti” fue la advertencia del pintor Jaime Zapata mientras un grupo de ecuatorianos cantábamos y bailábamos alrededor de una fogata para burlar la muerte junto a un cementerio.  Y así fue, París nos dejó mirar todos nuestros nombres, todas nuestras cosas. El invierno fue asesino cada Enero y la primavera nos revivió con vino barato, conversaciones eternas, tu mano y la mía.  

Hoy nos vamos, decimos adiós, pero París que parece ser enorme, es en realidad pequeña y se la puede llevar en el bolsillo.  Se irá conmigo,  incapacitándome tal vez– como diría John Ashbery- para vivir en otro lugar, en otra ciudad, persiguiéndome con sus calles y sus vidas que me vieron esquivar o enfrentar cada hora.  Quizás sólo el espejo de la casa de mi madre me podrá decir en quién me convertí, qué me hizo París, y tal vez sólo ahí, frente a mi reflejo, pueda decirle au revoir.

CAMBIA ECUADOR…TODO CAMBIA


Por Leonardo Parrini

Algo debe cambiar para que todo siga igual. ¿Es esta sentencia de Chevalley di Monterzuolo enunciada en el clásico libro El Gatopardo de Giuseppe Tomasi, lo que define la situación que se vive hoy en el Ecuador? El gatopardismo reformista en la política del país sudamericano que maquilla la realidad de injusticia bajo la apariencia de una revolución ciudadana que deja intacto el trasfondo de una nación profundamente inequitativa. Tanto la derecha política como la izquierda tradicional ecuatorianas, han coincidido en que el reformismo cosmético del régimen de Rafael Correa, mantiene un país intocado en la profundidad de su organización social.

El Primer mandatario ecuatoriano en una declaración de prensa emitida con motivo de la celebración del octavo aniversario de su llegada al poder, ha manifestado que “Ecuador, ya cambió”. En su discurso conmemorativo Correa expresó: “Hemos sentado bases firmes, cimientos sólidos transcurridos estos ocho años del Gobierno del pueblo, que nos permite decir con orgullo que Ecuador ya cambió, hemos vuelto a tener patria”. Inventariados los cambios proclamados por el Presidente Correa, las transformaciones que se advierten en la nación andina son en el orden de la “recuperación del petróleo, la efectiva recaudación de impuestos a los evasores y la inversión pública, que es la más alta de América Latina…Recuperamos todos los recursos que podíamos recuperar y los asignamos a sus mejores usos…Somos la economía latinoamericana de menor desempleo, la que más desigualdad reduce, la que más crece, en la que más decrece la pobreza”, enfatizó el mandatario. En el inventario oficial  se mencionan “logros en todos los sectores, como desarrollo social, infraestructura, seguridad, energía, uso del agua, calidad del Estado, turismo, cuidado ambiental, sistema de justicia, seguridad social, equidad de género y política internacional”. Miles de obras que están por doquier en la patria entera. Carreteras de primera, un Ministerio de Educación que cuenta con los mayores recursos, nos permiten dejar atrás “un país desazonado”. Vamos a convertir a Ecuador en un país de revolución y conocimiento, anhelos de la patria justa, equitativa, esperanzada, concluyó el Presidente ecuatoriano.

La reacción opositora no se hizo esperar. En entrevista del periodista Diego Oquendo el “psicólogo social” Jaime Costales Peñaherrera, ensaya un “examen clínico de los eventos históricos de la sociedad ecuatoriana”, y ha reconocido que hay cambios “en infraestructura salud, vialidad, educación”, pero que no obstante “son cambios superficiales y que lo que hay es un proceso vertiginoso de desgaste de la democracia y perdida de las libertades”, en manos de un “Gobierno populista”. El diagnóstico hecho por el entrevistado que afirma que en Ecuador “el milagro fue producido por miles de dólares, pero hay cosas fallidas y fundamentalmente pérdida de libertades”, encaja en las críticas formuladas  por la derecha opositora que, a falta de mejores propuestas, esgrime un detrimento de valores democráticos y libertarios, sin fundamentos aparentes en la nación sudamericana. “Permitir que se perpetúe un gobierno autoritario, populista, caudillista, sería una tragedia social y política. Necesitamos un recambio para el 2017 para tener una presidencia serena, estable, prudente de cambios profundos no de maquillaje”, concluye Costales.

Coincidentemente, diario El Comercio de Quito en un compendio de los cambios registrados en los siete años de gobierno de Rafael Correa destaca: “El aumento de ministerios, el incremento de medios bajo control estatal o el cambio de correlación de fuerzas en la Legislatura”. Cambios en el escenario económico en razón de que “el Presupuesto General del Estado haya crecido casi cuatro veces más bajo la actual administración”, por el aumento del precio del petróleo. A la vuelta de 7 años, el Estado se ha convertido en un protagonista mediático. Bajo su tutela hay al menos 19 medios, entre estatales, públicos e incautados, señala el diario capitalino. La nueva orientación desde la Vicepresidencia, Lenin Moreno fue el rostro visible de la gestión social del Gobierno. Su trabajo en favor de las personas con capacidades especiales, así como su talante más conciliador con las voces críticas, marcó una suerte de equilibrio con el estilo más frontal y confrontativo de Rafael Correa durante seis años y cuatro meses.  

El sentido de los cambios

No hace falta escudriñar muy a fondo en la realidad nacional para constatar que el país ecuatoriano se encuentra en un proceso de cambio en las bases de su sistema político, social. Sin soslayar los logros infraestructurales, el real sentido del cambio en Ecuador se refiere a una trasformación en algunos aspectos claves del alma nacional.

El cambio esencial que vive el Ecuador hoy es de haber sido un “país ingobernable” como declamaban los sectores políticos que tradicionalmente habían venido regentado los gobiernos anteriores, para convertirse en una nación de viable gobernanza. Y el término hace alusión a un hecho que permite “designar la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado que proporciona a éste buena parte de su legitimidad en una nueva forma de gobernar”. Una forma de gobernanza, cuyo modelo de gestión implica acciones para gobernar, dirigir, ordenar, disponer u organizar el país en función, ya no de grupos económicos, sino considerando los intereses nacionales y los derechos colectivos e individuales de sus ciudadanos. 

¿Que tuvo que suceder en Ecuador para llegar a este estatus quo?

El primer gesto del nuevo Ecuador se evidenció en la sinceración de la política en la nueva visión del proyecto político de actual régimen, que dio a cada componente nacional su lugar y su significado real al superar la demagogia, la represión estatal y el populismo clientelar de los anteriores gobiernos. Esto se tradujo en una profundización de la democracia y participación ciudadana que abrió las puertas a la reivindicación de los derechos colectivos e individuales históricamente postergados. Derechos ahora garantizados en la Constitución del 2008 que define al Ecuador como Estado plurinacional, intercultural y laico. Esta definición implicó un cambio radical en el rol del Estado, en tanto administrador de la cosa pública. El nuevo protagonismo del Estado que le devolvió la soberanía sobre la administración del país y de sus recursos estrategicos, refleja lo que Jorge Enrique Adoum alguna vez reclamó como la vocación de futuro que el Ecuador no tenía. De esta manera se supera el complejo de inferioridad histórica del país del no se puede, de la ineficiencia pública y de la corrupción  privada. Una nación que exhibía el cuarto lugar en America Latina como el país más corrupto de la región y que vio huir al exilio a ex presidentes, vice presidentes y burócratas condenados por peculado, robo, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias. El Ecuador, en ese contexto, vivió la peor inestabilidad política de su historia en menos de 10 años entre la década de los ochenta y noventa. Inestabilidad que era fruto de la corrupción política y económica de una nación descompuesta en sus bases éticas, con una bancocracia deshonesta de banqueros prófugos de la justicia que propinaron el peor atraco a millones de ciudadanos en el feriado bancario que cogeló sus fondos y que llevó a la quiebra a casi todo el sistema financiero ecuatoriano. El país de la partidocracia ineficiente, manejada por grupos de poder que vinculaban sus empresas a los medios de comunicación y a campañas electorales para perpetuarse en el poder gracias a millonarias inversiones en márketing político.

Ese y no otro es el Ecuador que añora una oposición sin ideas innovadoras, sin sentido de país, que se maneja con viejos clises de frases desprovistas de sentido -como defender democracias y libertades supuestamente perdidas. Un discurso estereotipado que camufla sus verdaderos intereses en boca de ventrílocuos de la vieja política neoliberal fracasada en todo el continente latinoamericano. Allí en el imaginario de la retrograda partidocracia no hay sentido de gobernanza, ni visión de país. Su rol electoral demagógico y regionalista no les permite participar constructivamente en las elecciones, y acaso ya no pueden hacer de las suyas en empresas electorales, de allí su desesperación política y su desesperanza histórica.

El Ecuador de los cambios avanza, pero lo hace en las aguas agitadas de una realidad aun perfectible. Las transformaciones en la esencia del alma nacional deben ser consolidadas en una revolución cultural que refleje el cambio de pensamiento, palabra y de acción del nuevo Ecuador. El primer deber de todo revolucionario es hacer la revolución, sin aferrarse a concepciones inamovibles de fundamentalismos religiosos o morales y así transformar la forma de ser de un país. Y aquello empieza a hacerse realidad desde la cultura que es memoria. No hay que temer a romper los esquemas que nos encadenen al viejo país del gatopardismo en el cual sólo había que cambiar “algo para que siga todo igual”. Cambia Ecuador, todo cambia.  

sábado, 7 de marzo de 2015

SER MUJER



Por Leonardo Parrini

Ser mujer habiendo nacido hombre, no es una condición ambigua o denigrante. Yo también soy mujer cuando celebro el ejemplar destino de mi madre-padre soltera. Cuando me fluye un orgullo genital de haber engendrado a mis dos hijas maravillosas. El instante fecundo en que mis nietas sonríen y las campanas de su risa me devuelven el sentido de la alegría. Cuando alguna vez viví la grande ternura de acariciar el lomo de mi perra fiel.

Ser mujer es reconocerlas entre mis iguales. A la obrera de gélidas madrugadas con el estómago retorciéndose de hambre. Aquella lavandera de ropa y sueños ajenos que refriega sus desdichas en las duras piedras de lavar. A la maestra de la humilde aula campesina y a la enfermera del olvidado dispensario rural. A la vendedora de amargos caramelos callejeros. A la prostituta de esquinas desoladas y discrimen social.

Ser mujer no es vender la dignidad al mejor o peor postor bajo la sucia firma de un contrato matrimonial. Ser mujer es ser propietaria de mi cuerpo y de mi alma para decidir cuándo y con quién engendrar mis hijos. Ser mujer es no ser vapuleada por mi color de piel. Ser mujer es tener derecho a una infancia feliz. Ser mujer es no ser olvidada por mi vejez. Ser mujer es elevar un grito de protesta contra la violencia de género y la intimidación de un mundo masculinizado, obscenamente misógino.

Ser mujer es levantar la voz por mis derechos reproductivos. Protestar por mis derechos laborales. Marchar por mis derechos políticos. Pelear por mis derechos sociales. Ser mujer es reconocerme igual entre mis iguales, con derechos constitucionales inalienables. Ser mujer es ser libre de pensar, sentir y actuar.

Ser mujer es tener la libertad de elegir al compañero de cama, al compañero de lucha y al compañero de vida, en un mismo compañero. Ser mujer es reivindicar mi prerrogativa a vestirme y desvestirme con la ropa que me plazca y caminar segura por las calles sin ser acosada. Ser mujer es ser sujeto y no objeto sexual de una sociedad escabrosa y concupiscente.   

Ser mujer es ser ciudadana para elegir y ser elegida. Una trabajadora con igualdad de oportunidades profesionales. Una estudiante con libre acceso al conocimiento. Una conductora ejemplar de juventudes. Una activista del buen vivir en familia y en sociedad. Una lider con el reconocimiento de un país libre y democrático.

Ser mujer es tener la opción para decidir mi rol social sin impedimentos. Ser madre con la misma dignidad de una prostituta. Ser hija con la misma entrega de una amiga. Ser hermana con total y amorosa solidaridad. Ser mujer no es un hecho biológico por haber nacido con una vagina entre las piernas. Ser mujer es la condición existencial como el ser más fecundo de la tierra. Se mujer es un privilegio vital.    

martes, 3 de marzo de 2015

RAÚL ZURITA: POESíA MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS


Por Leonardo Parrini

Hay un poeta en Chile al que las palabras duelen. Las palabras, que es el único puente que tenemos para salvar en parte la maldición de la distancia, estamos separados, sentencia dolorido. Y en ese transitar de la palabra que va del mundo al poema, “ese bien que es la palabra, el más peligroso de los bienes…sin embargo no puede nombrar la dicha; el amor es más grande que la palabra amor y el dolor es más grande que la palabra dolor”, advierte Raúl Zurita, como imposibilitado por las propias palabras de decir el mundo.

Yo sé que tú vives
yo sé ahora que tú vives y que tocada de luz
ya no entrará más en ti ni el asesino ni el tirano
ni volverán a quemarse los pastos sobre Chile
Abandonen entonces las cárceles
abandonen los manicomios y los cuarteles
que los gusanos abandonen la carroña
y los torturadores la mesa de los torturados
que abandone el Sol los planetas que lo circundan
para que sólo de amor hable todo el universo


Sintiéndose un transeúnte de la palabra, ejerce “la poesía que es la travesía por lo duro y por la maravilla de esta vida, es tratar de estar inserto en el mundo”. Y se inserta sin estar en él, yendo más allá en el vislumbre de lo desconocido que la poesía le evidencia como a un vidente. En ese avatar, Zurita ha reconocido que a través de la literatura intenta “una respuesta desde la poesía al grande dolor que estábamos viviendo”. Pero a renglón seguido duda, y confiesa que para su poeta guía, Ezra Pound, “la literatura es el paraíso, y a nosotros nos tocó el purgatorio de las palabras”. Y así titula uno de sus libros Purgatorio, en el que “sus versos desconciertan al lector, porque son axiomas matemáticos”, según Cristian Warnken.

 (Áreas verdes)
Quienes han notado los vastos espacios incoloros
Donde las vacas huyendo desaparecen,
Reunidas, mugientes, delante de ellos
No hay domingos para la vaca
Solitaria despierta en un espacio vacío
Babeante, gorda  sobre esos pastos imaginarios.

Estos versos sorpresivos y sorprendentes para el lector, para la crítica fluyen en la poesía de Raúl Zurita “convirtiendo sus paisajes en un campo de puras ideas, dicha operación que es poética y filosófica a la vez, despoja a la realidad de sus componentes empíricos haciendo algo parecido a los que los fenomenólogos de la corriente de Husserl llaman: poner el mundo entre paréntesis. Pero finalmente de las tres caras naturaleza, inteligencia y subjetividad, Zurita sólo muestra dos de ellas, quedando en un mundo sólo el yo afectivo, pegado a la naturaleza, reducido a su más simple esencia”.

Chile esta lejano y es mentira
no es cierto que alguna vez nos hallamos prometido
son espejismos los campos
y solo cenizas quedan de los sitios públicos
pero aunque casi todo es mentira
sé que algún día Chile entero
se levantara solo para verte
y aunque nada exista, mis ojos te verán…

Raúl Zurita subraya que “la poesía es el intento más basto y más desesperado por decir con palabras este mundo, cosas que ya no están en las palabras de este mundo”. Ya que la “la única obra de arte que merece ser abrazada es la vida, el arte sobra frente a la vida”; y, no obstante, “cuando uno escribe suspende la vida y también la muerte”. Cuando escribo, dice Zurita, sé para dónde voy, pero me sorprendo. Zurita, es un poeta desmesurado, porque la poesía es desmesura en su origen, porque el poeta, a diferencia del filósofo, no le teme a la nada, no busca la verdad.

Poeta Honoris Causa

Raúl Zurita, nacido en Santiago de Chile en 1950 hace noticia estos días porque la Universidad de Alicante, España le otorga el título de Doctor Honoris Causa. Este reconocimiento corrobora lo que se dice de Zurita como “el poeta chileno con más alcance internacional desde Pablo Neruda”. Hijo de padre chileno y madre italiana, desde niño se relacionó con la literatura a través de las lecturas que hacía su abuela materna de La Divina Comedia de Dante, entre otros escritos clásicos. Abrazó la causa comunista en su juventud y fue encarcelado en las bodegas del barco carguero Maipo, convertido en mazmorra por la dictadura de Pinochet, donde fue torturado. Liberado de su cautiverio político, estudia ingeniería, actividad en la que descubre las abstracciones matemáticas que, de un modo innovador, introduce en su poesía. En un momento en que ratifica su visión del mundo, dice: "La ideología todavía sirve para no olvidar algo fundamental como que somos seres humanos y nacemos profundamente iguales. Sirve para recordar que somos seres que podemos modificar nuestras circunstancias".

Su discurso de investidura como doctor Honoris Causa versará, este 5 de marzo, en el horror de la violencia y las tercas esperanzas. Mal lector de sí mismo, se confiesa "curioso por saber qué dirá de él toda la gente que le alabará y abrazará estos días en los distintos recitales planeados". La poesía de Zurita, Premio Nacional de las Letras de Chile (2000), pertenece a un territorio en el que el autor ha pretendido sacar a los versos de los libros y romper los cánones establecidos.

Una reseña de la poética de Zurita, narra: Su obra se recopila en los textos Los países muertos (2007), libro que provocó una fuerte polémica debido a que en él se mencionan varios personajes del quehacer cultural chileno. A fines de ese mismo año, publica en México, Las ciudades de agua, y al siguiente Cinco fragmentos. Continúa sacando fragmentos de Zurita en 2009 y 2010 (el libro completo aparecerá al año siguiente), donde pretende cerrar el ciclo de Purgatorio creando al mismo tiempo un intertexto con su obra de cabecera La divina comedia que está traduciendo.

Raúl Zurita ha llevado la poesía más allá de las palabras impresas, en intervenciones y performances de alto nivel. Ha escrito sobre el cielo de Nueva York con el humo de avionetas versos aéreos. También  registró sus poemas en sistema Braille para no videntes y ha declamado su poesía acompañado de una banda de rock. Ha escrito sobre el desierto de Atacama en Chile, un poema de tres kilómetros de largo. Su próxima obra titula Verás un mar de piedra, escrito con luz en un acantilado de la costa norte chilena. En estos momentos de su transitar, una pausa permite vislumbrar la poesía de Raúl Zurita, acertadamente descrita como su gran secreto, en el decir de la crítica María Zambrano: convertir el delirio en razón, sin abolirlo, que es el logro de la poesía.