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sábado, 7 de marzo de 2015

SER MUJER



Por Leonardo Parrini

Ser mujer habiendo nacido hombre, no es una condición ambigua o denigrante. Yo también soy mujer cuando celebro el ejemplar destino de mi madre-padre soltera. Cuando me fluye un orgullo genital de haber engendrado a mis dos hijas maravillosas. El instante fecundo en que mis nietas sonríen y las campanas de su risa me devuelven el sentido de la alegría. Cuando alguna vez viví la grande ternura de acariciar el lomo de mi perra fiel.

Ser mujer es reconocerlas entre mis iguales. A la obrera de gélidas madrugadas con el estómago retorciéndose de hambre. Aquella lavandera de ropa y sueños ajenos que refriega sus desdichas en las duras piedras de lavar. A la maestra de la humilde aula campesina y a la enfermera del olvidado dispensario rural. A la vendedora de amargos caramelos callejeros. A la prostituta de esquinas desoladas y discrimen social.

Ser mujer no es vender la dignidad al mejor o peor postor bajo la sucia firma de un contrato matrimonial. Ser mujer es ser propietaria de mi cuerpo y de mi alma para decidir cuándo y con quién engendrar mis hijos. Ser mujer es no ser vapuleada por mi color de piel. Ser mujer es tener derecho a una infancia feliz. Ser mujer es no ser olvidada por mi vejez. Ser mujer es elevar un grito de protesta contra la violencia de género y la intimidación de un mundo masculinizado, obscenamente misógino.

Ser mujer es levantar la voz por mis derechos reproductivos. Protestar por mis derechos laborales. Marchar por mis derechos políticos. Pelear por mis derechos sociales. Ser mujer es reconocerme igual entre mis iguales, con derechos constitucionales inalienables. Ser mujer es ser libre de pensar, sentir y actuar.

Ser mujer es tener la libertad de elegir al compañero de cama, al compañero de lucha y al compañero de vida, en un mismo compañero. Ser mujer es reivindicar mi prerrogativa a vestirme y desvestirme con la ropa que me plazca y caminar segura por las calles sin ser acosada. Ser mujer es ser sujeto y no objeto sexual de una sociedad escabrosa y concupiscente.   

Ser mujer es ser ciudadana para elegir y ser elegida. Una trabajadora con igualdad de oportunidades profesionales. Una estudiante con libre acceso al conocimiento. Una conductora ejemplar de juventudes. Una activista del buen vivir en familia y en sociedad. Una lider con el reconocimiento de un país libre y democrático.

Ser mujer es tener la opción para decidir mi rol social sin impedimentos. Ser madre con la misma dignidad de una prostituta. Ser hija con la misma entrega de una amiga. Ser hermana con total y amorosa solidaridad. Ser mujer no es un hecho biológico por haber nacido con una vagina entre las piernas. Ser mujer es la condición existencial como el ser más fecundo de la tierra. Se mujer es un privilegio vital.    

viernes, 6 de febrero de 2015

SOY PUTA…Y QUE


 
Por Leonardo Parrini

Yo soy puta, entiéndase bien, puta, no meretriz. No pacto mi cuerpo en el negocio de la prostitución. Soy una mujer como todas. Una mujer con el estigma de ser puta en la sociedad de los adjetivos machistas y de los verbos prohibidos: Ser yo misma. Decidir sobre mi propio cuerpo. Administrar mis ilusiones. Elegir el compañero de cama, de mesa y de sofá.

Soy esa puta que conjuga el verbo amar con la misma decisión que conjuga el verbo luchar. Pelear por mi derecho a la vida, a la maternidad responsable, a una profesión, a un trabajo digno en el mercado laboral administrado por acosadores. Una puta que defiende la libertad de decidir cuándo y con quién tener sus hijos. Mi historia es la historia de tantas. Un día nos dijeron que todas íbamos a ser reinas o princesas en el país de las maravillas. Y ahora, en el país de los derechos, apenas nos aceptan ser mujer.

Sí, soy la puta que no se doblega ante el calificativo agresivo de machos indolentes y la que no se persigna cada día frente a un altar. Soy, simplemente, la mujer que decide el largo de su falda y el ancho de su escote, por eso me llaman puta. Soy puta porque se parar los acosos y aceptar los halagos. Puta porque ejerzo, sin intimidarme, mi defensa personal contra la violencia machista. Soy puta porque no soy la hipócrita ni la provocadora frente al sexo. Manifiesto, naturalmente, lo que deseo para mi cuerpo y lo que anhelo para mi espíritu.

Soy puta y no prostituta porque ese no es mi oficio, respetable en todo caso, como cualquier otro. Porque yo me rindo al deseo y al amor, sin mediar el dinero. Soy puta y no meretriz, porque no tengo un pasado de abusos infantiles, ni mi padre me violó a los trece años, ni tengo un hijo pequeño que mantener con el sudor de mi cuerpo desnudado.

Soy la puta que no aguanta al marido pegador. Al jefe lascivo, o al agencioso oportunista. Soy la puta que camina por la calle atrayendo miradas morbosas que la desnudan, sin volverse a ver. No soy la puta vulnerable, sino la mujer independiente que decide la intensidad de su vida. No soy una estadística archivada, sin esperanza, en la Comisaria de la Mujer, porque cuando un cabrón me puso un dedo encima lo denuncié, sin temor ni favor. Este calificativo desmedido de puta no me quita ni me agrega, no me avergüenza ni me engrandece. Es un estigma que llevo en la frente siempre levantada. 

Soy la puta que no abriga falsas esperanzas en los hombres. Conmigo no se equivocan, saben a qué atenerse. Los súper machos y los varones, saben que soy una mujer en todo el sentido de la palabra. Una puta con mayúsculas. Los primeros me desean, los segundos me anhelan. Para unos soy la hembra, para otros la posible compañera. 

Soy puta porque no me callo ante la violencia contra mis semejantes. Puta porque denuncio, marcho y me rebelo. Contra el silencio, contra la indiferencia y la impunidad. Pego el grito en el cielo por nuestros derechos. Por nuestra condición de mujer sin feminismos tardíos. Porque la mal diferencia es discriminatoria y toda pose termina en clisé. No soy puta de nacimiento: la sociedad vergonzante me emputeció el alma. Soy puta…y que.