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miércoles, 19 de junio de 2013

LA SINRAZÓN DE LA TECNOLOGÍA DIGITAL


Por Leonardo Parrini

Como la imagen que ilustra este artículo, el hombre se encuentra solo en la encrucijada de cara a la sinrazón de la tecnología digital. Omnipotente y ubicua la comunicación digital abre una brecha entre el ser y el actuar, entre el pensamiento y la acción de los comunicadores. Sin razón, porque la tecnología no tiene motivos para simular otra cosa distinta en sus imágenes producidas con la obscena obsesión de la HD o alta definición.

Pensar y hacer, una disyuntiva que los griegos tenían claro cuando daban a la Tecné, el saber hacer, un valor concreto; y a la Episteme, el saber pensar, un valor sustancialmente diferente. Pero esa sabiduría griega aun no es asimilada por la sociedad posmoderna y digital, puesto que continuamos obsesionados con la tecnología por sobre otras disciplinas humanas que nos devuelvan el sentido humanizado de vivir. La tecnocracia y los obsecuentes tecnócratas, son ejemplo vivo del despropósito de ver el mundo a través de “la técnica”, como si ésta fuera una filosofía de vida.

¿En qué anda la creatividad en la era digital y cómo se definen los contenidos al momento de producir imágenes? Esa es la pregunta pertinente que debemos hacernos productores y realizadores audiovisuales, ahora que, a propósito de la Ley de Comunicación, la producción nacional ecuatoriana tiene privilegios por sobre los enlatados extranjeros. Pero ahí surge un primer escollo: la nueva ley comunicacional no garantiza buenos periodistas o comunicadores; del mismo modo que la tecnología digital no supone, automáticamente, la existencia de buenos productores o excelentes realizaciones audiovisuales. Ante la opción de tener que multiplicar la producción nacional en la televisión, radio e impresos, necesitamos volver a la teoría de la imagen, regresar a una reflexión ontológica de cómo hacer imágenes en un proceso de producción simbólica en el que el medio no es el mensaje, sino el contenido.

¿Alta definición o profunda definición?

¿Será suficiente una cámara HD en manos de un empírico improvisado para hablar de profundidad en el contenido y calidad en la forma audiovisual? Aproximándonos a esta reflexión, el otro día un amigo productor en un diálogo profesional me comentaba que gracias a las nuevas tecnologías, la estética digital es superior; para hacer la afirmación se fijó “en la textura de la imagen” producida por una cámara HD, Canon EOS 7D. Cuando le pedí definir qué entendía por “textura”, me dijo “es que se parece al cine”. Entonces me pregunté en mi fuero interior ¿se parece, no lo es? Es decir, se trata de un simulacro, un remedo. Si se refería a la estereoscopia de la imagen, la profundidad de campo, o los sutiles desenfoques posibles, tenía razón en comparar la HD con las posibilidades de la óptica análoga sobre soporte de celuloide, hasta ahora insuperable por la vía digital.

El problema de fondo surge cuando se pretende que la sola HD o alta definición, resuelva todos los problemas estéticos de la forma y éticos del contenido. No deja de ser irónico y hasta patético, que una sofisticada cámara HD, pretenda igualar la calidad estética de las imágenes producidas por una Arriflex 35 mm.

El cine ecuatoriano que ya tiene historia, ha realizado lo mejor de esa historia, en producciones de bajo presupuesto, con cámaras de cine de 16 y 35mm. Por poner un ejemplo, Qué tan lejos, dirigida por Tania Hermida y producida por Paula Parrini, es la película más taquillera del cine ecuatoriano que fue rodada con una cámara de cine “a la antigua”, en plena era digital.

No deja de ser curioso que el gran esfuerzo digital -del software y el hardware- se enfoque en conseguir esa “textura” del cine en las imágenes, con toda la imperfección del caso que hace memorables a las imágenes cinematográficas. ¿Qué significa esto? Sencillamente que la era digital no ha conseguido una estética audiovisual propia y que hay que ir a buscarla al pasado, como tantas otras manifestaciones que esta época posmoderna y sinrazón hurga en el pretérito “clásico” de otros tiempos.

Talento ante el poder

Un ejemplo destacable del predominio del talento sobre la tecnología, es el cineasta norteamericano Michael Moore, quien hizo tambalear al imperio con una cámara Handycam de 200 dólares, gracias a su idoneidad profesional. Lo que quiere decir que la alta definición de la forma, no reemplaza la profunda definición de los contenidos.

Sicko es el título en inglés de un documental de Michael Moore, estrenado en junio de 2007, que investiga el sistema de salud en los Estados Unidos con un énfasis en las grandes compañías farmacéuticas estadounidenses y la corrupción al interior de la oficina para la Administración de Drogas y Alimentos FDA. Moore definió con estas palabras su documental: “Si la gente pregunta, díganles que Sicko es una comedia acerca de 45 millones de personas sin salud pública en el país más rico de la tierra”. En Roger y yo (1989), Michael Moore, denuncia “el sufrimiento de miles de familias que simplemente cayeron arrolladas al paso del gran capital y saca a la luz la lógica implacable del modelo de vida estadounidense”.

Su documental Fahrenheit 9/11, premiado en el Festival de Cannes 2004 con la Palma de Oro, insinúa que la guerra de EE.UU. con Afganistán no tenía como principal objetivo capturar a los líderes de Al Qaeda, sino favorecer la construcción de un oleoducto. Así mismo, Irak no era en el momento de la invasión una amenaza real para Estados Unidos, sino una fuente potencial de beneficios para las empresas norteamericanas.

Susan Sontag tiene razón cuando señala que fotografía no es la mirada misma, sino la forma de mirar. Insinuación que nos aproxima al verdadero sentido de producir imágenes. El más humilde lápiz de madera se parece al más sofisticado computador, o a la cámara HD de más “avanzada tecnología”: no funcionan solos, no piensan ni actúan sin la mano del hombre o de la mujer creadores. La tecnología es una herramienta, un medio, no el fin. El fin justifica los medios siempre cuando exista una equivalencia ética y estética. Si no hay ideas de calidad no hay imágenes de calidad. Sin talento, no hay paraíso audiovisual. 

miércoles, 27 de junio de 2012

¿QUÉ HACEN SUS HIJOS EN INTERNET?


Por Leonardo Parrini

Una encuesta realizada recientemente en los EEUU señaló que el 70% de los jóvenes ocultan sus actividades en Internet ante los ojos de sus progenitores. La investigadora TRU, contratada por una empresa que desarrolla un software para que los padres monitoreen qué hacen sus hijos en la red, encuestó a 1,013 padres y a 1,004 adolescentes estadounidenses entre los 13 y los 17 años.

Los menores encuestados durante el mes de mayo - vía internet -  reconocieron que los contenidos que ven en la red y ocultan a sus padres, tienen relación con contenidos violentos (43%) y pornográficos (32%). El 15% de los adolescentes dice haber hackeado cuentas en las redes sociales, 9% lo ha hecho con cuentas de correo electrónico, 12% se reunió personalmente con alguien que conoció a través de internet y el 16% de los adolescentes dijo haber utilizado su teléfono celular para hacer trampa en los exámenes de la escuela.

El sondeo revela  - además - que los padres desconocen estas actividades de sus hijos en la red y la voz de alarma habla de la urgencia de controles en ese sentido. Lo sorprendente es que casi la mitad de los padres instalan algún tipo de controladores para internet, según resultados de la encuesta. El 44% de ellos saben las contraseñas de sus hijos, y uno de cada diez utiliza algún tipo de dispositivo de localización. Esto es posible gracias a un nuevo software denominado Safe Eyes que “permite a los padres ver las actividades y comportamientos de sus hijos en línea y bloquear ciertas páginas web”. Esta tecnología hace posible, adicionalmente, que los padres tengan acceso a las publicaciones de las redes sociales de sus hijos y a sus conversaciones en mensajes instantáneos.

Queda al descubierto así que la privacidad de los jóvenes en la red se viene al suelo por el control parental que sus padres ejercen, situación que no es bien vista por especialistas como Justin Patchin, profesor de justicia criminal y director del Centro de Investigación sobre el Ciberacoso Escolar, quien señala: “No creemos que sea una buena idea que los padres espíen a sus hijos de forma tan clandestina, ya que eventualmente encontrarán algo por lo que tendrán que confrontarlos, y que destruirá las otras líneas de comunicación”.

Los jóvenes tienen la película clara respecto al control de sus padres ciber espías: “No tendría tanta libertad frente a un computador si sé que me están espiando", dice Andrés de 13 años.  Su respuesta no se hace esperar y coincide con la de los muchachos encuestados, cuando se le pregunta qué hace para evitar el espionaje familiar: Limpiar el historial de navegación (53%). Cerrar o minimizar el navegador cuando los padres están cerca (46%). Ocultar o borrar los mensajes instantáneos o videos (34%). Mentir u omitir información sobre las actividades en internet (23%). Utilizar una computadora que los padres no revisen (23%). Utilizar un dispositivo móvil con acceso a internet inalámbrico (21%). Utilizar la configuración de seguridad para hacer que ciertos contenidos sean visibles sólo por sus amigos (20%). Usar el navegador en modalidad privado (20%). Crear cuentas de correo electrónico privadas que los padres desconozcan (15%). Crear perfiles falsos o duplicados dentro de las redes sociales (9%).

Algo huele mal en la desvencijada confianza entre padres e hijos. El espionaje parental equivale a tapar el sol con un dedo, y se muestra ineficaz en relación al diálogo, la influencia y el ejemplo, únicos caminos que garantizan una armónica y saludable relación familiar.

jueves, 14 de junio de 2012

NEGACIÓN DE ENTREVISTAS ¿SECTARISMO INTOLERANTE?



Por Leonardo Parrini
En el periodismo es común que los medios de información nieguen acceso a ciertas fuentes, o veten a determinados voceros políticos, no afines con la línea editorial impuesta por sus dueños. Pero en el Ecuador de la Revolución Ciudadana se da el caso al revés: ciertas fuentes oficiales, gubernamentales o políticas se negarían a conceder entrevistas y dar información a determinados medios privados, por decisión presidencial, a cuenta de que sus datos o noticias incrementan la lecturabilidad de un periódico o disparan el rating de un canal contribuyendo, de esa manera, a “llenar el bolsillo de ciertas familias”. Esto se argumenta, aun cuando todos sabemos que la razón de fondo estriba en una desavenencia ideológica - ¿sectarismos mutuos? – que impiden la coexistencia de contrarios en el espacio informativo.
A nadie debe sorprender la medida presidencial de silenciar a sus ministros y el acato de éstos de no conceder entrevistas a ciertas cadenas de televisión y periódicos privados. En una ocasión en que entrevisté a Enrique Arosemena, representante ejecutivo de los medios estatales - ECTV, radios públicas, etc.,- manifestó que él estaría encantado de hacer cumplir el slogan del canal del Estado de “ser diverso, incluyente y pluralista”, pero que las fuentes privadas convocadas a las entrevistas de los informativos del canal se negaban a ser entrevistados en esos medios públicos. ¿Qué tal? Sorprendente le dije, y me contestó que no es de extrañar que el sectarismo, a veces, impida ser tolerante e incluyente. Es decir, enceguece no por luminoso, sino por oscurantista.
El  resultado en ambos casos – negativa de las fuentes a conceder entrevistas a medios públicos o privados - es similar: imposibilidad de hacer un periodismo con diversidad informativa, basado en el contraste de las fuentes. Lo que da lugar a que, ya en la práctica, se ejerza una suerte de polarización informativa y ausencia de diversidad de expresión, tan necesaria en estos tiempos escuálidos de ideas y de riqueza en los enfoques periodísticos.
El derecho a una información diversa
Otro derivado de la negativa de conceder entrevistas a los medios informativos disímiles con tus ideas es la negación, al mismo tiempo, de permitir al público ejercer su derecho a estar bien informado, es decir, desde una pluralidad de enfoques y miradas. Esto con el riesgo de habituarnos al sectarismo informativo que deja transitar por andariveles paralelos distintas versiones, no contrastadas, de un mismo hecho, como si la verdad sobre la realidad de lo que sucede fuera una torta para dividir en trozos, a cada cual según sus intereses y de cada quien según sus propósitos.
De predominar la insinuación presidencial  respecto de no autorizar a sus ministros a conceder entrevistas, se habrá impuesto el signo de nuestro tiempo en este Ecuador de cambios, léase, la desconfianza mutua que prevalece entre los medios y las fuentes públicas y/o privadas, fruto de un tira y afloja de vieja data y de la acumulación de rencores e intolerancias que hablan de la polarización política que vive el país.
Cierto es, por lo demás, que los medios no deben asumir roles de agentes políticos a la hora de hacer periodismo, como tampoco autoridad alguna debe asumir un rol censurador a ultranza, si no queremos ahondar la brecha ya insuperable entre gobierno y empresas informativas. Lejos de enriquecer a algunos la concesión de entrevistas a medios privados o públicos, la decisión de no hacerlo nos empobrece a todos: vivir en un país donde el derecho a hablar y oir se limita a la voluntad de quienes controlan - como propietarios o como reguladores - la opinión y los medios para difundirla que, en última instancia debe ser patrimonio de la ciudadanía; que, dicho de paso, fue convocada para hacer una revolución, una transformación radical en las viejas formas de convivencia intolerante.
Si a cambio de enriquecer a los medios privados o negarle credibilidad a los medios públicos, se potenciará a los medios comunitarios como se ha insinuado, es hora entonces de superar la polarización mediática. Realidad inherente a los procesos de cambios políticos y sociales; sin embargo, terreno obligado que debemos transitar para ejercer un periodismo que, impedido de manejar ciertas fuentes, debe procurar una cobertura incluyente y brindar así un producto que refleje la realidad del país en toda su rica diversidad de matices.


lunes, 11 de junio de 2012

ECUADOR, ¿UN ESTADO DE SOCIEDADES SECRETAS?
















Por Leonardo Parrini

Sin temor ni favor, y una buena cuota de audacia, son ingredientes de la propuesta del joven abogado Felipe Rodríguez Moreno en el tratamiento de  un tema complejo que no está exento de riesgos: el crimen organizado en Ecuador.

El título del libro El agente Infiltrado en el Estado de Derecho y de (In) Seguridad, habla por sí mismo de la sugestiva idea de utilizar “técnicas de investigación criminal necesarias en un contexto de extrema violencia e inseguridad”. En buen romance, ante la presencia en el Ecuador -sugiere el libro- de grupos internacionales organizados como las FARC, Carteles Mexicanos, Mafia Rusa, y grupos terroristas como Al Qaeda, Hezbolá y los Talibanes, Rodríguez propone la necesidad de estudiar la figura de Agentes infiltrados que actúen, en concordancia con la ley, al interior de dichas organizaciones con objetivos de inteligencia y contrainteligencia que permitan su desbaratamiento en el país.

Si bien los fines del libro revisten interés académico, no es menos cierto que el texto concluye siendo una notable pieza de investigación periodística y judicial, bajo la luz de categorías de análisis jurídico en materia penal y criminal.

“Naciones unidas del crimen organizado”

“Siento satisfacción absoluta, si es que me callan por miedo a que me maten lo he perdido todo, me daría vergüenza llegar a viejo y decir cuántas cosas me callé”, detrás de esta provocadora declaración de Rodriguez se perfila la figura de un joven de menuda estatura, gestos finos y palabra fácil; que prefirió improvisar y “no preparar nada”, a la hora de hacer un lúcido discurso de presentación de su propio libro. A su voz se unió la de Arturo J. Donoso Castellón, en un prólogo que destaca “el debate frontal, entre la Ética y el Derecho, que despierta el libro” de Rodríguez.

Felipe Rodríguez dice haber trabajado “documentadamente, con fuentes certeras y comprobadas”, que le permitieron establecer la presencia del crimen organizado en Ecuador, sin extralimitaciones y sin exceder el tono profesional.

A confesión del autor resulta fácil acceder a dichas fuentes que se encuentran en editoriales, noticias y opiniones de prensa y luego contrastar la versión periodística con las fuentes policiales. De este modo Rodríguez hace un seguimiento acucioso al dato que sugiere acciones criminales encubiertas en el país, que “está al frente de todos, pero que nadie busca”, según manifiesta.  

Las causas de que Ecuador se haya convertido en una suerte de paraíso del crimen organizado, radican en “la inseguridad jurídica” que garantiza el cometimiento de delitos sin ser procesados; además de la apertura indiscriminada de las fronteras, “sin un control post migratorio adecuado”. La dolarización es también el factor económico que hace que el país sea miel para lavadores de dinero y el enriquecimiento ilícito.

El Estado ecuatoriano es un Estado de sociedades secretas, manifiesta Rodríguez, ante lo cual propone “frenar la clandestinidad”, fruto de la mala comunicación existente entre la policía y los organismos del Estado que deben ejercer el seguimiento y erradicación de las actividades criminales.

Esta afirmación encuentra asidero en la declaración de James B., ex jefe de la DEA de los EEUU, cuando manifiesta que Ecuador es algo así como las “naciones unidas del crimen organizado”; sociedades secretas que utilizan el territorio ecuatoriano como “un centro de negociación” de actividades como, por ejemplo,  la compra venta de armas.

La propuesta concreta del libro de Rodríguez consiste en desarrollar agentes infiltrados y en capacidad de combatir desde dentro el crimen organizado, con técnicas de investigación criminalística.  Para ello es necesario el asesoramiento extranjero -colombiano sugiere el autor- a la Policía Judicial y la Fiscalía, dependencias del Ministerio del Interior. Un ejemplo de eficiencia, en tal sentido, es la UNASE, Unidad Antisecuestro que rescata nueve de cada diez secuestrados, en un tiempo menor al promedio mundial, concluye Rodríguez.

La lectura de este libro suscitador es asunto obligado para quienes viven convencidos de que seguimos siendo náufragos en una isla de paz.

domingo, 27 de mayo de 2012

¿LIBERTAD O DIVERSIDAD DE EXPRESIÓN?


Por Leonardo Parrini

La sociedad de la información, en la que vivimos, se muestra muy sensible a las opiniones extremas. Habituada ya a la profusión informativa, se incomoda ante puntos de vista que no matizan las ideas y los sentimientos y se alejan del consenso que suele contar con mayor aceptación social.  Esa fue la reacción social ante una reciente opinión editorial publicada en diario El Comercio de la ciudad de Quito, cuyo autor, sin contraste alguno, se manifestó abiertamente en contra del matrimonio y adopción de menores entre homosexuales y lesbianas. El editorial titulado ¿Familia Alternativa? empleó expresiones como “repugnantes” y “desadaptados sociales” para referirse a quienes practican  relaciones con personas de su mismo sexo.

En discordancia, voces disímiles se hicieron escuchar en medios como diario El Telégrafo en cuyas páginas publicó que “la homofobia constituye una enfermedad, revela una condición extraña con respecto a su propia sexualidad”. La reacción de rechazo de un sector de la sociedad que se siente provocada frente a un intempestivo extremismo editorial, no se hizo esperar en un Ecuador que comienza a dar notorios indicios como sociedad incluyente y consensual.    

No obstante, el mencionado editorial de El Comercio, eliminado luego de su página web en prueba de “censura posterior”, confirma que la diversidad de expresión aún es una asignatura pendiente en los medios de información. Diversidad que, cuando se la ejerce, profundiza el concepto de libertad de expresión como un derecho humano esencial, pues recoge el criterio de más de un opinante en un espacio equivalente para los distintos puntos de vista. El editorial de Miguel Macías Carmigniani refleja que la libertad de expresión, en este caso, fue ejercida como una práctica unilateral que transitó por un solo andarivel, sin contraste de fuentes ni con multiplicidad de enfoque en el asunto tratado.

El caso se volvió un tema sensible ya que se trata de la homosexualidad y el lesbianismo, realidades ante las cuales la sociedad ecuatoriana intenta gestos de tolerancia y respeto considerando, precisamente, la diversidad de tendencias sexuales que tienen lugar en el país. Por eso resultan extrañas e inaceptables las posturas extremas que interponen juzgamientos moralistas en lugar de una actitud reflexiva frente a las distintas preferencias de sexo.  

La infodiversidad, si se me permite el concepto, -o diversidad de expresión- debe llenar un vacío informativo aun existente en el espectro mediático, como principio esencial de la política editorial de noticieros y contenidos audiovisuales e impresos. Diversidad de expresión que asegure la polivalencia informativa con más de una fuente equiparada y contrastada o, al menos, una dualidad de enfoque del tema. Diversidad que garantice el derecho de expresión de todos los sectores de la sociedad en los espacios periodísticos y en los editoriales de las empresas mediáticas, redactados por personajes que no son, necesariamente, profesionales de la comunicación social. Infodiversidad que otorgue lugar a una variedad de enfoques, no sólo a miradas unilaterales y tendenciosas que responden a intereses parciales.   

La sociedad de la información en la que vivimos, lejos de ser unívoca, tiende a ser diversa. Esto evidencia que en democracia la libertad de expresión se multiplica en plural y no se reduce a una sola voz autocrática  que pretende reducir la convivencia social a un espacio de retaliaciones e intransigencias extremas. Confírmase, además, que a esa misma libertad de expresión, ¡cuánta falta le hace todavía una dosis de diversidad de expresión para ser verdaderamente incluyente!

domingo, 4 de septiembre de 2011

LA ISLA DE ROBINSON CRUSOE, MÍTICA EN LA TRAGEDIA


Por Leonardo Parrini

El accidente aéreo de la nave Casa 212 de la FACH, con un saldo de 21 personas fallecidas, ocurrido en la isla chilena de Juan Fernández, célebre por la presencia de Robinson Crusoe en sus costas localizadas a 650 kilómetros al occidente del continente, genera opuestas lecturas de un hecho donde la realidad una vez más es rebasada por la cobertura mediática. 

Seis de las víctimas del accidente, lideradas por el empresario Felipe Cubillos, formaban parte de la organización Desafío Levantemos Chile que iba hacer seguimiento a la reconstrucción de escuelas en la isla Juan Fernández, arrasada  por el tsunami de febrero del 2010. Un equipo de prensa de TVN Chile de 5 profesionales, encabezado por el conocido comunicador y presentador Felipe Camiroaga, 2 miembros del Consejo de Cultura, 6 tripulantes al mando de la piloto Tte. Carolina Fernández  y dos efectivos de la FACH integraban la nómina de personas que abordó la nave que se estrelló en el mar,  luego de intentar aterrizar por dos ocasiones en condiciones climáticas muy adversas.

Ante estos hechos la prensa chilena e internacional montó un operativo de trascendencia mundial con una cobertura ininterrumpida y entrevistas a voceros de diferentes instancias del estado chileno, Marina, Fuerza Área, Ministerio de Defensa, Presidencia de la Republica que, a través de intervenciones en vivo iban construyendo la trama de los hechos, no sin evidentes contradicciones.

El país y el mundo asistía asombrado a otra jornada que, al paso de las horas cobraba dimensiones mediáticas similares a las que se dieron en el caso de los 33 mineros chilenos. Y con ingredientes calcados: un país unido por la desgracia que reacciona, emocionalmente, enviando mensajes de “fuerza y unidad” ante mundo. Un régimen político que se suma a ese sentimiento para mitigar su imagen deteriorada, después de un enfrentamiento de dos meses con los estudiantes. Sentimiento popular que es asimilado y direccionado por los medios, que incluye la creencia popular de que existan sobrevivientes bajo la premisa de que “la esperanza es lo último que se pierde”, pese a que todo apuntaba a un siniestro aéreo donde es imposible que alguien sobreviva ante lo violento y destructivo del impacto de la avioneta sobre un mar embravecido.

Los otros elementos del escenario mediático están allí y recorren el mundo a través de las cadenas informativas. La reacción gregaria de los chilenos ante las tragedias colectivas, su actitud solidaria que se traduce en romerías de peregrinación, cadena de oración con encendido de velas y ofrendas florales  y escenas de llanto en los sitios de los hechos, que son captadas por las cámaras bajo una lluvia pertinaz.

Un presidente Piñera con rostro compungido enfrenta los medios, esta vez para expresar “su pesar” y dejar en manos de su Ministro de Defensa, Andrés Allamand,  la interpretación técnica de los hechos que, pese a todas las evidencias, nunca habla del estrellamiento de la nave en forma clara, no obstante que ya se han encontrado restos de la nave destruida,  y luego se refiere a los pasajeros como “desaparecidos”

Con paso de las horas el sentimiento mítico de la gente crece y ya se habla de las víctimas como “héroes”, con un fervor propio que explica por qué los seres humanos somos tan proclives a la creación de ídolos, a la búsqueda de referentes y deidaes que nos rediman de nuestros males. A eso se suma la negativa de aceptar la realidad y forjar desproporcionadas expectativas en torno a la milagrosa posibilidad de que los pasajeros de la nave destruida sobrevivan y se escriben carteles como “si los 33 vivieron por qué no los 21” o “fuerza, estamos con ustedes”.

La otra lectura del mismo hecho

Una lectura serena de los hechos nos llama a separar lo mítico de lo real. Se trata de un accidente tremendamente lamentable, por la pérdida de valiosas personas que iban a la isla de Juan Fernández en una campaña de ayuda social, profesionales que mueren cumpliendo una loable labor de reconstrucción e información en beneficio de la comunidad.

Cierto es también que los medios saben ya lo que vende en Chile, tanto como en el exterior, y organizan jornadas de cobertura que dejan de ser solo informativas,  para convertirse en teletones ininterrumpidas por días, donde todo el mundo emite opiniones, sin estar debidamente informado, generándose una ola comunicacional que no distingue lo verdadero de lo falso.  

Chile muestra en estos casos sus virtudes y defectos, a flor de piel. Un sistema de rescate en manos de la marina chilena, que técnicamente deja ver sus costuras: se dijo que la baliza de la nave, que es un mecanismo de alarma y ubicación satelital, se activó ante el impacto y comenzó a emitir señales  como evidencia de que el avión se estrelló. La señal, dicen los expertos, no es sonora del tipo auditivo sino del tipo data y de moderna tecnología; no obstante, en los primeros momentos se informa que ese aparato está flotando en el mar “porque no emite señales una vez sumergido”, luego se desmiente y se declara a la prensa que se trata de señales auditivas de un radio aficionado que captó el satélite y que, por tanto, no puede ser del avión. ¿Cómo puede haber un equívoco de esa naturaleza entre técnicos que se suponen profesionales en el tema?  
No deja de ser significativo que, pese a la enorme  tecnología desplegada por el operativo que incluye más de mil efectivos militares, sean los pescadores artesanales en sus pequeños botes, quienes rescaten a los primeros  cuatro cadáveres del mar. Recordemos, además, que los sistemas de alarma marítima no pusieron a tiempo en marcha un operativo de evacuación en el tsunami del 2010 donde se habrían evitado cientos de víctimas. Precisamente, fue el abuelo de un menor desaparecido en el tsunami quien encontró la primera víctima de avión destruido flotando en el mar.

Así entre, mitos y verdades, Chile enfrenta otra de sus  jornadas trágicas y mediáticas que recién empieza, aún falta lo más importante rescatar del mar a las 17 víctimas restantes del accidente y establecer en breve plazo las causas de un siniestro que enluta a 21 familias que deben ser resarcidas en sus derechos ciudadanos.

La  isla de Juan Fernández,  célebre por la presencia en sus costas del legendario Robinson Crusoe, no ha dejado de ser mítica, más aun en la trágica existencia de sus habitantes y advenedizos.

sábado, 19 de junio de 2010

ADIOS AL LAZARILLO DEL MUNDO


Por Leonardo Parrini

La primera condición para vivir es no respetar a la autoridad. Este epígrafe, acaso sirva de epitafio para José Saramago en su muerte profunda, como su vida, intensa en interminable reflexión sobre un mundo mal hecho. Silenció su voz humana en la plenitud de su producción intelectual a los 87 años,  un hombre cuya coherencia fue su particular libro de estilo de vida. Un grito de rebeldía que se relaciona "con el sentido de la responsabilidad que uno tiene por el sencillo hecho de estar en el mundo, y por otro lado el respeto, la primera condición para vivir es no respetar a la autoridad".

Desde oficios tan humanos como mecánico cerrajero, Saramago fue poeta y cronista de su tiempo en el ejercicio del periodismo y la literatura que lo encumbró al atrio de los grandes narradores de ambos siglos donde le tocó vivir y morir. Prematuro lector disfrutaba de los libros por la noche en devoradora sed de sabiduría nocturna, leía todo lo que encontraba a su paso, "sin ninguna orientación, sin ninguna disciplina y en algunos casos sin entender nada".


Había nacido en 1922, hijo de una familia campesina, en Azinhaga, pequeña aldea portuguesa donde por error de inscripción civil le endilgaron el apellido Saramago con el que se haría célebre. Su primera novela Tierra de Pecado  no sería trascendente, sino a sus sesenta años cuando recibe el reconocimiento mundial con Memorial de Convento, a instancias de la cual conoció a su mujer Pilar del Río, quien contra todos los pronósticos, le entrevistó y casó con el escritor al cabo de dos años de publicado el libro. 

Sin prisa, como fue su decisión vital, postergó su escritura durante 20 años de silencio, porque "no estaba listo, no tenía nada que decir", hasta romper fuegos con un libro de poesía en 1966. Sería diez años más tarde, desde la militancia, que fue despedido de su oficio de periodista del Diario de Noticias, una acción discriminatoria que lo dejó  ¨en la calle, sin salario y sin ninguna posibilidad de encontrar un trabajo así que pensé, no lo voy a buscar, voy a trabajar, voy a hacer, todo mi trabajo literario se concentró desde este momento".

Así comenzó a los cincuenta recopilando experiencia y compromiso con la paz y con la vida, férreamente consecuente con sus convicciones, abrazó las causas con ­¨clara impronta de humanidad" que emanaba de la figura y de la obra de escritor progresista. Escribió como quien levanta una piedra debajo de la cual salen monstruos, según su propia afirmación. Su obra prolífera registra títulos cuyos lectores se enrolan en distintas edades, porque como dijeran sus críticos ¨contienen el ADN de lo humano, su huella digital, el rastro de su sangre¨, sin distingos ni exclusiones. 

Sus relaciones con lo divino siempre fueron menos propicias que con los asuntos humanos, en contrapunto con un “Dios  mala persona y vengativo”. La novela 'El Evangelio según Jesucristo' provocó un sismo en el Vaticano, vetada en Portugal en el 92. Títulos como 'Ensayo sobre la ceguera', 'Todos los nombres', 'Ensayo sobre la lucidez', 'La caverna', 'El hombre duplicado', 'Las intermitencias de la muerte' forman parte de la obra de José Saramago, que en su último libro, 'Las pequeñas memorias', registró evocaciones de su infancia: "He intentado no hacer nada en la vida que avergonzara al niño que fui", confesó al momento de publicarla.

Saramago vivió y murió indignado ante un mundo de mal funcionamiento, incitando a superar esa inercia de rebaño. Critico implacable de las derechas obsoletas y de las izquierdas equivocas, Saramago trazó el surco de una trayectoria insobornable para denunciar  en todos los foros: "Antes, caíamos en el tópico de decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda". Saramago guió sus pasos en la ceguera de un tiempo absurdo,  a través de una obra fecunda, potente y potenciadora de pensamientos porque nadie como él para ejercer el influjo de las ideas y hacer fluir ese extraño ejercicio para nuestro tiempo: pensar. 

Escéptico de los sistemas políticos señala a la democracia como falacia gobernada por empresas multinacionales. Premunido de una acidez poco común en las letras europeas, accedió al Nobel de literatura por derecho propio, "mediante parábolas sustentadas con imaginación, compasión e ironía, que nos permite continuamente captar una realidad fugitiva". A su muerte José Saramago deja la huella de su guía iluminada, cual lazarillo de un mundo de cegueras reiteradas. 



martes, 18 de mayo de 2010

MAGNUM O LA MEMORIA FOTOGRAFICA DE LA HUMANIDAD


Por Leonardo Parrini

La noticia circuló como reguero de pólvora en los círculos periodísticos y fotográficos del mundo: Michael Dell, fundador de uno de los mayores fabricantes de computadoras, adquirió el archivo histórico de Magnum. La agencia Magnum fue fundada en 1947 por los fotógrafos Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, George Roger, David Seymour y William Vandivert para hacer un frente común ante las grandes agencias de prensa.

La transacción que asciende a cien millones de dólares por 185 mil registros, es la mayor adquisición de material fotográfico jamás registrada en la historia ya que se trata de la más importante colección fotográfica del siglo XX, con imágenes tan icónicas como la 'Muerte de un miliciano', tomada por Robert Capa en la Guerra Civil, el desembarco a Normandía o el funeral de John Kennedy.

La transacción del archivo se realizó mediante la firma privada MSD Capital, propiedad de Michel Dell y será cedido para su administración por cinco años al centro Harry Ramsom de la Universidad de Texas. El archivo incluye copias en positivo de las fotografías de prensa que acompañaban a los boletines y artículos, lo que en el argot periodístico internacional se conoce como vintage, es decir, copias históricas de los negativos hechas poco después de tomada la foto original. No obstante, no fueron vendidos los derechos sobres esas imágenes, por tanto la Universidad de Texas no podrá publicar esas fotos ni revenderlas.

¿Cuál es entonces el propósito de la compra venta de este singular material periodístico? Los más suspicaces hablan de un salvavidas a Mágnum que aseguraría la sobrevivencia de la agencia en los difíciles momentos actuales, consiguiendo fondos para continuar su labor, sin el peso financiero de preservar un archivo tan voluminoso y difícil de mantener.  Se sabe que la mantención de un archivo de 185 mil imágenes en papel fotográfico es extremadamente costosa y compleja, puesto que el tiempo y las condiciones ambientales son los principales enemigos de este tesoro fotográfico.

Otros esbozan una cándida sonrisa y se refieren a la filantropía  de Dell, cosa muy poco probable en estos tiempos. Una de las razones de la transacción es que la firma compradora garantizará, mediante contrato, que el archivo no va a ser dividido en la venta de copias sueltas, y quedará en manos en la Universidad de Texas, dueña de uno de los archivos fotográficos más importantes del mundo. Que el archivo está bajo protección segura, no hay dudas, a diferencia de los archivos de la Nacional Geografic que son vendidos en forma individual lo que amenaza con su disolución.

Los escépticos señalan que es preferible que una universidad administre los archivos en copias de papel del fotoperiodismo mundial, antes de que toda la Agencia Magnum sea adquirida por alguna transnacional como Corbis o Getty o por coleccionistas privados con fines exclusivos de lucro, lo cual hace perder los derechos a los autores de las otras originales. Corren duros tiempos para las agencias de fotógrafos independientes que han ido desapareciendo en este milenio bajo la necesidad de mantener una sobrevivencia con dignidad y libertad creativa.

Mientras tanto la progresiva desaparición del savoir faire fotográfico revalorizó los trabajos en fotografía análoga, de negativos y copias en papel, de ampliadoras y cámaras de gran formato. Lo que vino después con la digitalización de la imagen, lo virtual y la multimedia, no es más que un paso hacia la amenaza de perder para siempre lo que no se guarda en un chip.  Por eso que es importante que el mayor acopio de la memoria fotográfica de la humanidad se conserve en buenas manos.   



lunes, 15 de junio de 2009

PRENSA LIBRE


Por Juan J. Paz y Miño Cepeda

La prensa escrita nace con “Primicias de la Cultura de Quito” (1792). En el siglo XIX abundan los periódicos nacionales y provinciales. En ellos predominaban las cuestiones ideológicas y el enfrentamiento entre liberales y conservadores. La prensa comercial surge prácticamente a inicios del siglo XX. La radio, desde los años veinte del pasado siglo. La televisión, desde los sesenta. El Internet tiene una década. De manera que cuando se retornó a la democracia en 1979, tras una década de dictaduras militares “petroleras”, el Ecuador contaba con un amplio aparato de medios de comunicación. La sucesión de gobiernos constitucionales a partir de 1979 ha ido acompañada de la inevitable influencia política que adquirieron los medios de comunicación, más allá de la simple información, que se supone es lo que “la prensa” hace en forma exclusiva.

Debido a esa situación, las relaciones entre los gobiernos y “la prensa” ha seguido el rumbo de la propia dinamia del país. Nadie puede escapar a ello. Gracias a la prensa se pudo salvar el proceso de retorno al orden constitucional que el sector “golpista” del triunvirato militar (1976-1979) quiso impedir. La prensa ha jugado un papel importantísimo de información en todos los procesos electorales. Pero también se han producido alineaciones políticas expresas. Hubo medios perfectamente identificados con León Febres Cordero (1984-1988). Un periódico quiteño abiertamente se pronunció por el voto y el triunfo de Rodrigo Borja en la campaña (1988-1992). Sixto Durán Ballén (1992-1996) se quejaba de las “críticas infundadas” de la prensa. En las décadas de los ochenta y noventa, un amplio espectro de editorialistas y analistas de los más grandes medios, se volcaron a favor del modelo aperturista, las privatizaciones, la flexibilidad laboral y el retiro del Estado, que defendían como “modernización” deseable.

Desde 1979, no ha existido otra época más atentatoria contra la prensa nacional que la que se vivió bajo el gobierno de León Febres Cordero, con persecuciones, clausura de medios, atentados contra periodistas. Y el país vivió una época de temor, violaciones constitucionales y de derechos humanos. Hubo mucho silencio para denunciarlo. La experiencia histórica de la fase constitucional debería servir a los ecuatorianos para reconocer que “la prensa” no es inocua. No permanece ajena a los acontecimientos. Y que se ha alineado a favor o en contra de los gobiernos sucedidos desde 1979, según los intereses económicos y sociales a los que los medios han respondido. Ha quedado bastante atrás la época de aquellos periodistas comprometidos, que hicieron de la buena información y el servicio al país, su causa de vida personal. La UNP y el Colegio de Periodistas tienen ejemplos ilustres sobre ello.

De manera que cuando se habla de “prensa libre” hay que tener cuidado. Porque es preciso defender toda prensa, cualquiera sea su óptica y posición. Pero eso no significa desconocer que hoy también existe prensa que toma partido y defiende causas privadas propias. La ciudadanía tiene derecho a exigir la responsabilidad de este tipo de prensa.

domingo, 31 de mayo de 2009

LOS MEDIOS EN MEDIO DE LA DEMOCRACIA


Por Leonardo Parrini

La década de los ochenta marcó el reinicio de la convivencia democrática en el continente suramericano, conculcada por las dictaduras castrense de los setenta que redefinió el panorama político de la región, debilitando por un lado las instituciones democráticas y fortaleciendo, por otro, los aparatos represivos de un Estado puesto al servicio de los grupos económicos coludidos con las acciones golpistas que llevaron al poder a Pinochet en Chile, entre otros conspicuos representantes del militarismo antidemocrático que amordazó la expresión política, periodística y ciudadana de millones de habitantes de Latinoamérica.

Entrado los años ochenta este mapeo político dio un giro hacia sociedades que, tímidamente, entraron en el desmontaje de los tinglados construidos por los dictadores para reproducir su poder omnímodo; operación de desbaratamiento que dejó intactos, no obstante, ciertos poderes orgánicos, cuyas lógicas habían encajado funcionalmente con los regímenes de facto que transitaron el poder durante los setenta. Una de alas de ese poder que resurgía incólume con el retorno a la democracia, es el llamado cuarto poder parapetado en poderosas empresas mediáticas, propietarias de cadena de televisión, radio y periódicos latinoamericanos. Sea esto por compromisos formales, por complicidad ideológica o históricas coincidencias, la prensa empresarial de los años setenta dejó mucho que desear en su actitud condenatoria a las dictaduras, a diferencia de la prensa independiente, a menudo compuesta por pequeños grupos de prensa impresa y reporteros gráficos, cuya única arma era su pluma y su cámara fotográfica y que terminaron brutalmente reprimidos por los dictadores.

No es extraño que en el espectro televisivo no existe un canal latinoamericano que sea reconocido por su lucha frontal contra las dictaduras y, por el contrario, existe la sospecha y el resentimiento ciudadano en contra de las grandes cadenas que silenciaron crímenes, desapariciones, torturas y vejámenes de todo tipo perpetrado por las tiranías militares en el cono sur. Esto se evidencia en la imposibilidad de que un equipo de televisión entre, sin ser abucheado, en los bastiones populares de Santiago, Buenos Aires o La Paz, donde dictaduras como la chilena, argentina o boliviana sembraron el terror y la muerte.

SE ACABO LA FIESTA

Hoy día esas mismas empresas mediáticas rasgan vestiduras ante lo que consideran un nuevo ataque a la libertad de expresión en sus países, proveniente de regímenes instaurados luego de elecciones donde recabaron copioso apoyo popular a sus proyectos populistas, amparados en las nuevas constituciones aprobadas en Bolivia, Venezuela y Ecuador. La cancha rayada para un tira y afloja de gobernantes de talante intransigente y una prensa unidireccional que se ubica en el flanco opositor a esos gobiernos, ahora el escenario se vuelve propicio para una discordia que va subiendo de tono en una dialéctica de amigo-enemigo que no es nueva, pero que descubre un componente inédito. Ahora los medios han estructurado un relato que en el decir de Botana, es “justificador de su propio interés”. Relato que “es pues un montaje acabado del engaño: falsifica y transforma la opinión pública en un reflejo de aquello que los medios deciden mostrar”

Puesto que los medios “bogan por una democracia asociada a la libertad de opinión” y no al acceso al poder de sectores históricamente marginados, éstos se enfrentan a una postura oficial de “desconfianza creciente hacia los medios en manos privadas”, lo que mina su credibilidad ante la sociedad, puesto que, según analistas, “a esta altura de la historia de las democracias es evidente que cada medio de comunicación expresa una porción refutable de la verdad. Porque en democracia no hay verdades absolutas impuestas coactivamente por un Estado constitucional con la suficiente capacidad para no confundirse con las inclinaciones facciosas del oficialismo de turno”.

Cuando las democracias suramericanas bordean los treinta años y en esa mayoría de edad comenzaban a asumir el concepto de una sociedad más equitativa, nuevas prepotencias estatales amenazan con diluir la fluidez de información publicada en los medios. Pero se trata, nada más, de un fenómeno que es mediático, puesto que no se conocen detenciones, desapariciones o fusilamiento a opositores de los gobiernos venezolanos, ecuatorianos o bolivarianos. En este tira y afloja “se acabo la fiesta”, ha expresado el presidente Correa en referencia al relato de los medios que, en el caso particular del Ecuador anuncia acciones contra la cadena de TV Teleamazonas y el diario Universo por “difundir información falsa” que, según la versión presidencial, instigó a la gente a oponerse a determinados planes del Gobierno.

En medio de las democracias hegemónicas, los medios se convierten así en el enemigo principal de dichas democracias. En esta dinámica las acusaciones mutuas conllevan el enfrentamiento medios-gobiernos a un diálogo de sordos, en el que por un lado ciertos medios audiovisuales e impresos aspiran desnudar el lado oscuro del autoritarismo del poder, y, por otro, los regímenes en cuestión develan el carácter parcial y tendencioso de los medios empresariales. De allí que la tarea ciudadana no es fácil, puesto que se debe avanzar en el reconocimiento de una democracia, no solo asociada a la libertad de expresión y de empresa, sino además se debe refundar una democracia que ponga en el centro de su interés la expresión civil, las manifestaciones culturales y sociopolíticas vigentes de una sociedad diversa y adversa a toda forma de unificación, mediática o gubernamental, de una lectura libre de la realidad y convivencia cotidiana.