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sábado, 21 de febrero de 2015

EL WEBEO EN LA POLÍTICA


Por Leonardo Parrini

Cuando el sociólogo canadiense Marshall Mc Luhan anunciara en la década de los sesenta la globalización de la comunicación en una gran “aldea global”, hacía referencia a “las consecuencias socioculturales de la comunicación, inmediata y mundial de todo tipo de información, que posibilitan y estimulan los medios electrónicos”. En otras palabras, aludía a un medio que permitiera ver y oír personas en el momento y lugar donde ocurre la comunicación y en tiempo real. El concepto, mencionado por primera vez en el libro Guerra y paz en la Aldea Global, 1968, sugiere una aldea global que reproduce las condiciones de comunicación de una aldea real donde suceden acontecimientos cotidianos y personalizados. El cambio sugerido por Mc Luhan lo estamos viviendo hoy con el advenimiento de un fenómeno mediático virtual que pasó a formar parte de nuestra vida cotidiana. El ancho mundo se ha convertido para nosotros en “una pequeña aldea global, cuyas características de los medios hacen emerger en la sociedad comportamientos tribales”.

Y ese comportamiento ha dado paso a lo que podríamos denominar la ciudadanización de la política y la personalización de la comunicación, que mucho antes de que fuera enunciada como un derecho, se vino gestando en la práctica diaria, cocinando en la fragua de la vida democrática de la sociedad. Ambos son fenómenos caracterizados por la participación activa y directa de la gente común en el hecho político y comunicacional. Este nexo comunicativo, sin intermediación, se acentúa con el surgimiento de las redes sociales que son el medio ciudadano y personalizado por excelencia. A partir de este hecho, dos instituciones acusan una merma de clientela, los partidos políticos y los medios tradicionales de comunicación que ven cómo la ciudadanía prescinde de ellos, en un momento determinado, para ejercer el derecho a la participación política y a la comunicación de manera directa.

En este contexto asistimos en el Ecuador al fenómeno que denominaremos intencionalmente el webeo en la política, es decir, la práctica electrónica de ejercer opinión política en la web, valiéndose del humor en los llamados memes o fotos con uso de textos satíricos. Esta circunstancia devino en la trivialización humorística de acontecimientos y personajes políticos con una difusión temática de hechos intrascendentes, como aquel que hace alusión a que si el Presidente Correa puede o no hacer compras en sus viajes al exterior, publicado en uno de los nemes de Crudo Ecuador

La cuenta de Facebook y Tweeter llamada Crudo Ecuador, página de sátira política puesta al aire en un “sitio de opinión y libre expresión con toque humorístico y sarcástico”, ha generado una polémica sobre el libre uso de las redes sociales. Las imágenes de esta página “no representan una realidad, todo es manipulado”, dice en su descripción en Facebook, principal plataforma que utiliza. Según  información disponible en su perfil, la página funciona desde julio del 2012. Allí básicamente se postean memes que se burlan del Gobierno, práctica que el Presidente Rafael Correa ha calificado de “ataque sistemático y financiado”, con vinculaciones con un partido político, cuyo autor mantuvo el anonimato hasta hace poco luego de ser investigado. En respuesta el mandatario ecuatoriano anunció la activación de  “10 000 voluntarios” para que actúen frente a estas páginas que, en sus palabras, tienen a una organización política detrás y que usan sistemas de inteligencia.

La trivialización de la política

La trivialización o el webeo en la política cuenta con otros actores anónimos como la cuenta Ecuatoriano hasta las huevas que se burla del Gobierno, de la Policía y del Alcalde de Quito. El Mercioco es otro sitio web que difunde noticias distorsionadas en un formato de periódico virtual. Junto a estos medios está El Republicano, definido como un pseudo medio informativo de circulación en la web. Ante estas manifestaciones, el Presidente Correa no duda en su respuesta: “cada vez que se haga una de estas tonterías, se mandará a las redes un mensaje (para) acudir a tal página. Se verá toda la explicación del caso para que la gente rebata tanta mentira y tanto abuso en las redes sociales”. Por eso el Gobierno estimuló la creación de la web Somos + para enfrentar dicho “desprestigio” y que sean los mismos internautas quienes respondan: “Si ellos mandan un tuit, nosotros mandaremos 10. 000”, advirtió Correa.

Esta guerra mediática virtual no declarada, pero asumida en las redes sociales con sarcástico tono de crítica, amerita algunos interrogantes: ¿por qué es desestabilizador su mensaje satírico, acaso toda crítica al orden imperante supone una suerte de subversión política? Y ¿cómo es que -según Gustavo Abad, profesor de Comunicación en la Universidad Central- el discurso del poder es tan restringido y empobrecido que le hace imposible dialogar con campos semánticos más amplios, como el de la metáfora, la parodia, la risa, la poesía y el periodismo? Si la ciudadanía se ha empoderado comunicacionalmente con la presencia de medios electrónicos alternativos de uso diario y directo,  esto debería fortalecer la convivencia social, a partir de una profundización de la democracia. Pero, contrariamente, este empoderamiento por el fenómeno de la ciudadanización de la política y la consecuente personalización de la comunicación, hace pensar a algunos funcionarios del Estado en la posibilidad de legislar el control de las redes sociales en el Internet. Así lo deja entrever Mauro Andino, presidente de la Comisión Ocasional que procesó la Ley Orgánica de Comunicación, cuando se apena que “el Internet y las redes sociales se utilicen para causar daño a las personas”. No obstante que existen activistas virtuales que se esconden “en páginas falsas creados desde ciertos centros clandestinos para atacar la reputación” de las personas”, según la Ley de Comunicación, las redes sociales no pueden ser reguladas ni sancionadas. Sin embargo el Superintendente de Comunicación, ha sido claro: “más temprano que tarde” será necesaria una legislación.

En tanto, en las últimas horas se conocía que la cuenta de Crudo Ecuador había sido suspendida luego de que el autor, ya identificado, recibió amenazas en su domicilio. El activista cibernético anunció en Facebook, como administrador de la página satírica, su retiro de carácter definitivo de las redes sociales: “Bueno señores, hasta aquí llegó todo”. Simultáneamente circuló en Facebook un manifiesto por la libertad de expresión, el anonimato y la privacidad en la red: La sátira y el anonimato no deben ser objeto de intimidación, online u offline. Considerando que los derechos humanos garantizan la libertad de expresión, la intimidad (privacidad), entre otros derechos que se encuentran reconocidos en la Carta Universal de Derechos Humanos, en la Constitución, en el Código Orgánico Integral Penal, en la Ley de Comunicación y en el proyecto final de Ley de Telecomunicaciones, y diversos acuerdos internacionales. Sin duda, sería un síntoma de descomposición e intolerancia política llegar a controlar el uso de las redes sociales por medio de una ley que regule el uso del Internet. La democracia es una marea que sube y baja al ritmo de la participación ciudadana, aun cuando esa participación sea satírica y se traduzca en trivial webeo en la política.

viernes, 20 de febrero de 2015

DOS, UNA INSTALACION AUDIOVISUAL ENTRE EL INICIO DEL OLVIDO Y LA MEMORIA



Por Leonardo Parrini 

Sobre la nueva instalación auspiciada por Arte Actual de la FLACSO en Quito, se anuncia que DOS, SOBRE EL INICIO DEL OLVIDO es un evento visual y sonoró producido por Paula Parrini y Fabiano Kueva. DOS, SOBRE EL INICIO DEL OLVIDO nace de una experiencia personal de la artista multidisciplinaria, Paula Parrini, con una terapia denominada PNL (Programación Neurolingüística), la cual, a través de los sentidos, pone énfasis en la estimulación alterna de las dos partes del cerebro para crear nuestro universo. 

A partir de esta experiencia, surge un proyecto visual y sonoro, donde se hace referencia a la memoria colectiva que los quiteños tienen de su relación con el antiguo aeropuerto que convivió con la ciudad y sus habitantes entre 1960 y 2013.

Proyecciones de imágenes de aviones a gran escala, sonidos de pasajeros, turbinas y transeúntes, testimonios de vecinos del antiguo aeropuerto, empleados de aerolíneas, todos estos elementos se agrupan dentro del Project Room, para hablar sobre el inicio del olvido, es decir, la construcción de los recuerdos que parten de esta nostalgia del vuelo fugaz de las aeronaves que abrazaban con sus alas el cielo de la ciudad.
  
La memoria amorosa

La experiencia de reencontrar en la memoria poética aquello que amamos -como sugiere Milan Kundera-, hace de DOS. SOBRE EL INICIO DE OLVIDO una experiencia sensorial y emotiva encadenada a las vivencias de un sitio emblemático de toda ciudad: un aeropuerto. Esa puerta de entrada y salida, donde se conjugan las bienvenidas y los adioses. 

Quito es aquella puerta de inmigrantes y emigrantes, que vienen y van, de una ciudad que se declaró apta para vivir en ella. Pero también para revivirla en la distancia que propina el olvido contra la memoria, como un suceso en el que la evocación se convierte en gesto esencialmemte amoroso y urgente. Porque si hay una facultad de nuestra naturaleza que puede considerarse maravillosa, esa es la memoria...  


DOS. SOBRE EL INICIO DE LA MEMORIA

ARTE ACTUAL de la FLACSO, QUITO 

Viernes 20 a Martes 24 de febrero , de 17h00 a 20h00


Paula Parrini. Ecuador, 1982. Fotógrafa y productora ecuatoriana. Estudio comunicación y teatro. En el 2002 se vincula al cine desarrollando varios proyectos culturales, produciendo películas, festivales y proyectos sobre imagen. Desde el 2006 trabaja como fotógrafa independiente. En el 2008 gana el Premio del Ministerio de Cultura para la realización del proyecto fotográfico documental sobre el barrio La Floresta de Quito, realizando una exposición individual y lanzando el libro Barrio en el 2009. Ha participado en las exposiciones colectivas: Historias de la Ciudad, FLACSO (2010); y, Fotografía a Cielo Abierto FACA, del Centro de Arte Contemporáneo de Quito (2011). Es miembro del colectivo de fotografía Paradocs Foto. Actualmente produce y documenta el proyecto multidisciplinario Luz de América, sobre la luz en Quito, que incluyen una película documental, un webdoc y una instalación.

Fabiano Kueva. Ecuador, 1972. Artista, productor y gestor cultural. Estudió Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador. En 1992 fundó el colectivo de videoarte Películas La Divina. Es parte del Centro Experimental Oído Salvaje, colectivo de arte sonoro y radio arte creado en 1996. Ha desarrollado proyectos artísticos en museos, espacios públicos y contextos comunitarios; transmisiones por aire, satélite y web. Tiene varios discos y libros publicados sobre arte sonoro, poesía, músicas tradicionales y memoria. Obtuvo el 1er Premio en la 3ra Bienal Latinoamericana de Radio, México (2000); el Premio París en la 9na. Bienal Internacional de Cuenca, Ecuador (2007); artista participante en la 10ma. Bienal de la Habana (2009) y la 2da. Bienal de Montevideo. Ha participado en las residencias artísticas en Apexart (New York, E.U.A.), Villa Waldberta (Munich, Alemania) y Lugar a Dudas (Cali, Colombia). Recibe el Prince Claus Foundation Grant en 2010. Participa en eventos internacionales de arte contemporáneo, comunicación, arte sonoro, música experimental y radialismo. Actualmente vive y trabaja en Ecuador.
Más información en www.arteactual.ec

miércoles, 18 de febrero de 2015

SUEÑO PARA UNA NOCHE DE LLUVIA



Por Aitor Arjol 

Seguro que soñamos. ¿En una noche de lluvia? Sería un golpe de locura. Un asunto del azar. Eso de soñar en una noche en que la tormenta borrara la poca o mucha suciedad de la acera. O el mal olor del adoquín. O la silueta maltrecha de aquella torre, la de la iglesia de Santo Domingo, algo más blanca que el bostezo de tu ropa íntima. Que no me olvido. La silueta de una braguita blanca, colgada de la barra como si fuera un chorizo del amanecer. Del buen humor no carezco, ¿no crees?

Pero no sé si usted lo soñará, o por el contrario le apetecerá vivir los síntomas de cada día sin esperar a que el siguiente difiera de contenido. Así hubiera llovido aquella noche y, en el resto de las mismas, así luciera un sol de incógnito templado por el viento de los páramos o digiriéramos la nubosidad de la excusa de habernos besado. Es tanto lo que no sabemos y tan poco lo que pensamos.

Porque aquella vez, a las ocho de la tarde según mis ojos estivales de Valparaíso, emergimos de las esquinas, porque llegábamos tarde, y nos sentamos en el bordillo, con los pies colgando cuesta abajo, adivinando la muerte de los minutos y, a pesar de muchos, contándonos al oído todo lo que habíamos vivido hasta el momento. Yo que era más sombrío y tú más enterada. Que la distancia es un desespero. Que estar tan lejos es la huida del cancerbero. Que regresara de una vez. Que íbamos a vivir un sueño. Que abandonáramos el miedo. Que todo se circunscribe a una sonrisa. Al maldito celular que, por una vez, goza de un hechizo bello. Eso de que sonara a tanta distancia. Que soy yo. Que como estás. Que hace un par de días se me terminó el saldo y tengo que esperar a que me lo recompongan con la tarifa del mes que viene y, ¿qué soñamos?

Al fondo la calle seguía bajando. Supongo que con algún propósito. Porque la orografía está escondida. Porque la ciudad es como una marisma de adobe. Porque una pareja de borrachos se yerguen entre ellos mismos para no perder el equilibrio. Porque nadie sabe que estamos aquí. Que no parecemos los hijos de un suspiro. Y nadie está en su sitio. Y que por fin regresé. Algo que fue como un flujo necesario. Como una mariposa que hubiera sobrepasado el mayor de los malos tragos, viviendo tan lejos, con un proverbio en forma de vuelo distante. Que el avión aterrizó así de plano, sobre mil palabras. Que tú tenías un largo vaso de café templado, entre las manos, uno de esos vasos plásticos que sirven en las estaciones rápidas del consumo pero que, al fin y al cabo, para esperar era lo necesario. Y ahí nos detuvimos. O mejor dicho, frenaron las dos maletas. Ambos sonetos con ruedas. Y el café se calentó. Y los labios también. Y fue el amor. O tal vez el resentimiento. O después todo fue así. Y seguimos contando.

Con el pie izquierdo me topé con una botella de cerveza. Semivacía. Imperfecta. Beba levadura del país, para ánimo del consumo nacional. Porque si es extranjera, me tocan las narices con tanto impuesto. Ojalá trajeran acá la Kutsmann, con ese frío de Valdivia tan certero en las gotas de sudor sobre el cristal. Y la cerveza rodó. Calle abajo. Armando un estrépito alcohólico. Para Santo Domingo se fue el poco líquido vital que llevaba dentro. Y estacioné mis ojos en ti. Y bueno, que se vaya la cerveza, porque de pronto nos queda más en otra botella que nada tiene que ver con la que se había ido.

Quizás fuera el sueño, que nos apretaba como dos gloriosos tartamudos del nuevo siglo. Que se fue la cerveza. Pues que se fuera. Y nos llevamos las manos. Y después apagamos la luz. ¿Cuál luz? Espera que te cuento. Un fuerte trueno concluyó con el último soplo del cielo. Ambos lo sentimos en las carnes. Nuestras carnes, que no son impermeables a la lluvia. Y el sonido, tan impactante como el disparo de una escopeta muerta, también había interrumpido la charla del avión. De cómo me recibiste. De qué tal en el austro. Cómo le fue su pulso con el océano Pacífico. Cómo le fue en Punta Tralca. Si vi al vate feliz o al otro circunstante que le peleaba. Es decir, si a Pablo Neruda o a Vicente Huidobro. Que están tan juntos que parece improbable que en vida se enfrentaran a cambio de unas pocas palabras. Qué trance todo aquello. Pero vámonos mejor, que una gota me cayó bien acelerada, y vino a dar en la mitad de mis pechos. Divino canal para mis gotas, pensé también yo.

Y nos fuimos. En todos los sentidos. Nos abandonamos. Le dijimos adiós al norte. Corrimos calle arriba. En sentido contrario a las apetencias. Y me diste la mano. Y tomamos algún destello. Y otro trueno retumbó, esta vez más amenazante, bien cercano al arsenal de tejados, azoteas y cuerdas con ropa sujeta al filo hilo del centro. Así cayó la lluvia.

Tórrida. Húmeda. Tontamente. Sin aguardiente. Del tamaño de una alondra. Sin paracaídas. Alborotando el sentido de la gravedad. La lluvia de dios. ¿De dios? De ese ciego divino. De esa pareidolia que firma iglesias y santas misas. De esa fe por la que algunos matan. Pero dios es amor, dijiste sonriente, no tan lejos de la carrera. Sí, claro, esa es la parte que más me gusta. Le respondí. La que me parte por el centro y me llega al abismo del alma y en algo creo. El amor es el único fanatismo que nos queda,  ¿cierto?

Y por una de estas tonterías abrí los ojos. Es decir. Me desperté. En otra noche de lluvia. No tan alejado. A decir verdad, en la misma calle. Con la visión de aquella braguita recién tendida de la que te olvidaste y le debí tomar una imagen con el celular para que no te olvidaras de aquellos restos, de aquel resabio, de tu semblante claro. 

¿Acaso lo soñé? Ahí estaba. Colgada con sus blancas patas de araña. Y la ventana del baño abierta algo así como en cuatro dedos de anchura. Lloviendo a mares. El mar que cae de arriba. Y las luces oscuras de la ciudad. No tan lejos del centro. Alguna sirena. El ruidoso espanto de los autobuses. El silbato del guardia. La simulación del mundo que circula vigilante. Y una gota penetró en un instante. Y vino a posarse sobre mis labios. Así fue.

domingo, 15 de febrero de 2015

LAS VERDADERAS SOMBRAS DE GREY


Por Leonardo Parrini

Como un producto comercial bien marketeado el libro trilogía de E.L. James y el filme Cincuenta sombras de Grey recientemente estrenado, ingresa al mercado precedido de una aurea impúdica, una suerte de corona dorada que proyecta una imagen de narrativa erótica de grueso calibre que eleve la adrenalina de lectoras y lectores. La historia narra las peripecias de Anastasia Steel, joven de 22 años, estudiante de Literatura, que como favor a su mejor amiga asume el rol de periodista entrevistando a uno de los más prometedores y ricos empresarios del momento: Christian Grey. A partir de entonces Anastasia cae rendida por el millonario seductor, terminando atrapada en una vorágine sexual cuyas prácticas no son nada convencionales. De hecho, el filme es una antología de recursos de bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo BDSM, ante lo cual la joven no tendrá escapatoria, viéndose atrapada en un juego de seducción y deseo irrefrenable.

El fuerte contraste entre la inocencia de Anastasia matizado por el tentador mundo del dinero controlado por el híper millonario Grey, contribuye a un estereotipo clásico de la mujer seducida por el lujo a cambio de sexo, componentes que rayan en la prostitución sofisticada encubierta de romance y erotismo. Ya en los detalles de la trama, Grey obliga a Ana a firmar acuerdos de confidencialidad que le prohíben hablar de lo que hagan juntos. En una habitación llena de juguetes BDSM y otros equipos de sadomasoquismo, Grey le informa que el segundo contrato será uno de dominación y sumisión y que no habrá relación romántica, sino sólo sexo. Ana recibe por primera vez un castigo de Grey, lo que los deja a ambos seducidos y a ella confundida por los regalos espléndidos de Grey. Entre una atmósfera de lujo y erotismo, Ana conoce el pasado de Grey iniciado sexualmente a los 15 años por una amiga de su madre, experiencia que le dejó muchas sombras en su vida.

La mirada femenina

El libro ha recibido una diversa gama de críticas provenientes del análisis femenino. April Alliston, académica de la Universidad de Princeton señaló que “Aunque no es una obra de arte literaria, Cincuenta sombras de Grey es más que un fanfiction basado en la serie de vampiros Crepúsculo”. La Revista Entertainment Weekly escribió: “es alegre, fácil de leer, tan dulce y seguro como el BDSM (bondage, disciplina, sadismo y masoquismo), erotismo sin contravenir la ley de designaciones comerciales”. The Dayly Telegraph criticó el libro como un “empalagoso cliché”. Sonya Sorich, del periódico Ledger Enquirer describió el libro como un placer pecaminoso y escapista, «pero también se refiere a un aspecto de la existencia femenina [la sumisión femenina]”. Christine Sheehy, de The New Zealand Herald, afirmó que el libro no «va a ganar ningún premio por su prosa» y que «hay algunas descripciones sumamente atroces», pero que también es de lectura fácil y si el lector puede «postergar su incredulidad y su deseo -si se me permite la expresión- de dar una bofetada a la heroína por tener tan poco respeto por sí misma, es posible que lo disfrute”. Jessica Reaves, del Chicago Tribune, escribió que el: “el texto original no es gran literatura”, y señaló que la novela está “salpicada abundantemente y repetitivamente con frases estúpidas”, y la describió como “deprimente”.

¿Qué hace que el libro original, tanto como el filme, se proyecte como un fenómeno literario mundial con más de 30 millones de copias vendidas?

El paradigma es claro: la recurrente historia de la cenicienta que simboliza la mujer en busca del príncipe azul, que en el caso de Grey ostenta una dorada cuenta bancaria y estatus de poder social y económico que lo convierten en el aspiracional de un cierto prototipo de mujer. La propuesta, según analistas, cala hondo en un público femenino que transita los cuarenta años, no sin evidentes frustraciones sexuales; de hecho 50 Sombras de Grey fue catalogada como “pornografía para mamás”.

En otras miradas, la socióloga israelí Eva Illoz escribe en su ensayo Erotismo de Autoayuda: cómo es posible que se haya difundido tanto una obra que “contiene muestras de la peor escritura que he visto nunca y presenta de modo favorable el sadomasoquismo y el sometimiento de la mujer”. La respuesta es simple, pero intensa: el libro sintoniza con tendencias muy promovidas en la sociedad occidental, como la reducción de la sexualidad a objeto de consumo o la creencia de que la satisfacción o el éxito, sexual en este caso, se consigue aplicando recetas.

Un estudio sobre la posible influencia de la novela en las mujeres jóvenes, publicado en la revista científica Journal of Women’s Health, determinó que la historia enseña a las mujeres que el dolor y la sumisión son eróticos, y a los hombres que las mujeres quieren un hombre que las controle e intimide.   Journal of Women’s Health, advierte que la relación entre los dos protagonistas tiene las características de una relación violenta, caracterizada por el acoso, la intimidación y el aislamiento.  

La crítica femenina sube de tono en las voces de las profesoras universitarias Cristina Pujol (UAB) y Meritxell Esquirol (UOC). Las dos expertas en Sociología de la Comunicación realizaron el estudio titulado "Sujetos sexuales, objetos comerciales: sexualidad femenina como 'lifestyle' en Cincuenta sombras de Grey", en el que concluyen que tanto la novela como la película son un producto de mercadotecnia que preserva "la mirada masculina, heterosexual y blanca". Cincuenta sombras de Grey,  "combina el habitual discurso del amor romántico tradicional con una vivencia de la sexualidad femenina libre y plena, pero convirtiéndola en un objeto comercial", ha afirmado la investigadora Meritxell Esquirol. Las autoras han analizado el imaginario sexual femenino que vende Cincuenta sombras de Grey y concluyen en que “la feminidad sigue siendo un valor mercantil; aunque parece que el libro democratice la representación de la mujer, en realidad hace referencia a un ideal femenino que consume sexo como quien compra un objeto glamuroso o sofisticado". La liberación sexual de la mujer que vende Cincuenta sombras de Grey es mentira, concluyen ambas investigadoras.

Y el broche de oro lo pone la investigadora Martha G, para quien la historia es “entre triste, lamentable, predecible, absurda y, sorprendentemente, muy poquito erótica. Según su análisis, la protagonista Ana es una “niña buena” que se adentra en una relación totalmente dominante a cambio de estatus, pero con un fin y objetivo: transformar al solitario indomable en el príncipe azul y modélico padre de familia que la sociedad impone y, por supuesto, que la mantenga. Eso sí, como luego me llevas en tu cochazo, me dices cuatro frases “dulces” no aptas para diabéticos y me regalas un vestido supermegacaro y por supuesto supermegasexy para ir a cenar a un reservado y tomarnos una copa de Don Perignon, me compensa.

Las voces femeninas de la crítica parecen coincidir en que la historia entre Ana y Christian Grey contiene muchas mentiras sobre el amor y la sexualidad. En primer lugar, Christian, inmensamente rico, se presenta como “la fantasía sexual” más interesante para las mujeres. Al final del día, como sugiere un análisis de fondo a Cincuenta sombras de Grey: Quizás merezca la pena no contribuir al negocio de tanta sombra. Una manera de denunciar la violencia contra la mujer podría ser también el boicot a este tipo de películas. Es poco eficaz hablar de tolerancia cero frente a la violencia contra la mujer si a la vez se hace tanta publicidad, sin crítica, a una película que convierte dicha violencia en una fantasía sexual, un producto de consumo sexual. Un fraude.