GRANDES TEMAS - GRANDES HISTORIAS

E c u a d o r - S u d a m é r i c a

martes, 7 de enero de 2014

INSTRUCTIVO PARA VOTAR PENSANDO…EN EL PAÍS.


Por Leonardo Parrini

Época electoral. Tiempo de sonrisas, promesas sugestivas, palmaditas en el hombro, caravanas de carros embanderados, tarimas con artistas contratados, cancioncitas y jingles repiqueteando en las emisoras, avisos en los periódicos enseñándonos a votar en plancha, y, lo más notable: el rostro remozado de algunos funcionarios que ya ejercen cargos públicos de elección -que solicitan la reelección el 20 de febrero-, lidiando con otros cariacontecidos nuevos que estrenan por primera vez la sonrisa de campaña, el gesto amable, el apretón de manos al elector.

El dicho popular dice que nunca segundas partes fueron buenas. Esta máxima que surge de la sabiduría del pueblo, seguramente, quita el sueño a más de algún candidato entre los 160 alcaldes que quieren ser reelegidos, a cuenta de que se encariñaron con el poder. ¿Quién les invito al baile por segunda vez? Nadie sabe, pero ahí están convencidos de que sin ellos la vida se detiene, el país se detiene, y que sin ellos no hay paraíso.

El sistema está diseñado para este “abuso de confianza de los candidatos a la reelección”, como dijo un ciudadano. La ley permite ser reelegido a renglón seguido, sin más ni más. El argumento es que les faltó tiempo para realizar la magna obra prometida o, que es mejor malo conocido que bueno por conocer. Entre los aspirantes a la reelección se encuentran los actuales alcaldes de Quito, Guayaquil, Cuenca, Santo Domingo, Ibarra y Manta. La mayoría forma parte de las filas del movimiento Alianza País. En Guayaquil, Jaime Nebot aspira a ser reelegido como militante de las huestes de Madera de Guerrero-Partido Social Cristiano. En Manta, el alcalde Jaime Estrada se postuló nuevamente por el movimiento Unidad Primero, con apoyo oficial. En la prefectura del Guayas, Jimmy Jairala busca ser reelecto y, como tal, ya cuenta con licencia para intentarlo. En Cuenca, Paúl Granda, se acogerá a una licencia para arrancar la campaña electoral de reelección, en tanto el Prefecto Paul Carrasco aspira a lo mismo. En el norte del país, el alcalde Jorge Martínez sueña con la reelección, aun cuando no solicita licencia para dedicarse al proselitismo electoral.

Sonrisa oficial vs sonrisa opositora

Observadores electorales dicen que esta campaña será puerta a puerta, pero más bien podría ser golpe a golpe, verso a verso, con la misma reiterativa fórmula de convencer que adoptan los candidatos en campaña. Apelando a la familia, los jóvenes, los migrantes, los desempleados, los aburridos, los inconformes, los despistados, los oportunistas, en fin, al hombre y mujer común de la calle que ve en los procesos electorales una oportunidad de renacer su esperanza en días mejores.

Otra característica es que la campaña de 45 días –para muchos un tiempo muy corto-, será el primer día de lo mismo, si no se remoza el mensaje: sonrisas sin palabras, palabras sin propuestas, propuestas sin garantía. Y lo que es más grave, el corto tiempo que no da tiempo para desarrollar ideas, sólo hay que sonreír y sonreír, estrechar manos, dar palmaditas en la espalda, lanzar besitos volados y sonreír para la foto oficial. 

Los candidatos oficialistas posarán junto al Presidente Correa que ya tiene licencia para matar, electoralmente hablando; como buen elector que es, endosará una vez más los votos a más de algún candidato que no puede por sí mismo. La oposición de derecha, de izquierda y de centro se alista para sostenerse a pulso, porque no tiene en quién apoyar la imagen, más que en sus esmirriadas fuerzas. El MPD, comunistas pro chinos, no presentó candidaturas para alcaldes y prefectos en dos grandes provincias Pichincha y Guayas, sin embargo, si lo hizo en Esmeraldas, Cotopaxi, Tungurahua y Santo Domingo de los Tsáchilas, en donde aspiran a  alcanzar alguna dignidad con un trabajo puerta a puerta y asambleas barriales, cuestionando al Gobierno. Los militantes de la alianza Pachakutik - Izquierda Democrática (PK-ID), mantendrá trabajo barrial y se tomarán, según anunciaron, los espacios públicos. Además harán uso de redes sociales, como buenos tecnócratas indigenistas.

El postulante a Alcalde en Quito, Mauricio Rodas (Suma) se inclinan por un trabajo barrial de a pie y motorizado, porque quiere palpar, en el terreno de los hechos, si es capaz de vencer la maquinaria electoral del Alcalde de Quito Augusto Barrera. Mientras tanto en Guayas, los roldocistas, huérfanos de liderazgo, decidieron visitar los cantones costeños puerta a puerta. El candidato a la prefectura de Guayas, César Monge, ya visitó los cantones Guayaquil, Samborondón y Simón Bolívar. Los socialistas, tan experimentados en el trabajo de masas, recién se han reunido para recibir instrucciones ideológicas del partido de cómo enfrentar esta nueva contienda electoral.

Y los electores, ¿qué debemos hacer?

Primero debemos exigir a los aspirantes a la reelección rendición de cuentas contra sus propias ofertas electorales anteriores, transparencia en la gestión realizada, evidencias de lucha contra la corrupción y constancia de que su paso por el cargo mejoró en algo el entorno del electorado. Los procesos electorales deberían contar con la posibilidad de impugnación directa de la ciudadanía a los candidatos indeseables, fracasados, corruptos o demagogos. En esa gestión de participación ciudadana efectiva y directa tiene mucho que hacer el propio Consejo Nacional Electoral. 

En épocas electorales aparecen las sonrisas forzadas, las obras híper visibilizadas, las amabilidades populistas, las genuflexiones ante el electorado que se empodera de decisión, pero que debería empoderar, además, de actitud crítica y tomar examen a los postulantes. Se sabe que en cada proceso electoral ecuatoriano los planes de gobernanza brillan por su ausencia y sólo se confía en la sonrisa impostada, en la fotito con el jefe, en la obrita de última hora o en la imagen creada en la pantalla de la tele. 

No se trata de pedir grandes plataformas a los candidatos. El elector debería exigir unas dos o tres ideas-fuerza que los candidatos vayan a transformar en obras, o realizaciones por concretar una vez elegidos. Una idea fuerza debería tomar en cuenta la aspiración más sentida de la ciudadanía, la otra, proponer la solución más eficaz al peor problema local; y la tercera, debe ser una idea de proyección futura, un ideal propuesto al electorado en función de su mejor calidad de vida. Al menos eso.

No confiarnos a ciegas en las encuestas, es saludable, porque han demostrado groseros márgenes  de error en campañas anteriores.  Las encuestas tienden a disfrazar resultados previos y a confundir entre indecisos y opositores. Las encuestas son un referente válido cuando están bien hechas, con profesionalismo, transparencia y respetando la opinión ciudadana, sin manipulaciones posteriores.

Debemos analizar el potencial político de los candidatos en función de su capacidad integral, actitud honesta y trayectoria profesional. No es recomendable elegir a estrellitas de la tele, predicadores de tomo y lomo, modelitos publicitarios o ilustres desconocidos que se lanzan de espontáneos.

Una pregunta hay que hacerles no más a los candidatos: Por qué quiere ser elegido, qué hará en el cargo y si está dispuesto a que el pueblo revoque su mandato en cualquier momento. Tómese su tiempo decida con serenidad, analice con lucidez y vote con responsabilidad, pensando en los grandes propósitos nacionales. El día de la votación sonría con satisfacción y fe en el futuro, sonría a la cámara: usted es el principal protagonista de este proceso.

domingo, 5 de enero de 2014

LOS DÍAS DEL ARCOIRIS


 
Río Napo, Amazonía ecuatorial. Foto Leonardo Parrini
Por Leonardo Parrini

Si supiera Antonio Skármeta que encontré su libro Los días del Arcoíris en el lugar más inverosímil del mundo y lo compré sin vacilaciones, porque me pareció una aparición, igual a las que nos contaban de niños sobre espíritus que, de pronto, se interponían en el camino de las personas. La diferencia, claro está, en que el libro de Skármeta, -Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamerica 2011-, no apareció entre las penumbras de una vieja casona, sino bajo el sol más abrazador que uno pueda imaginar, a cuarenta grados de calor en la ciudad del Coca, a orillas del rio Napo, esa arteria fluvial que cruza la Amazonía ecuatoriana como espina dorsal. Seguro, no lo va a creer si se entera Antonio, que el ejemplar de su texto estaba camuflado entre una rumba de libros en el quiosco de una feria artesanal navideña instalada al orillas del rio más largo del Ecuador. Yo no supe al principio si el hallazgo era una visión psicodélica, producto de la insolación, o es que en verdad el autor chileno del célebre Cartero de Neruda, había logrado trascender las montañas transandinas, los lagos del altiplano, el desierto cusqueño y adentrándose en la selva tropical ecuatorial, había venido a dar con su libro al corazón del Yasuní. El ejemplar viene antecedido de una elocuente presentación del editor: Una novela de padres e hijos, maestros y discípulos que se las ingenian para devolver los colores y la música a una capital gris: Santiago bajo la dictadura militar de Pinochet.

Cuando tuve el ejemplar en mis manos recobré el contacto con la realidad. Con la cruda realidad de un país largo como una noche de invierno, al que habían desangrado los militares en los años setenta: Chile y su loca geografía y demencial historia del golpe de Estado que terminó con la vida del Presidente Allende y de miles de chilenos en la primavera del 73. El protagonista de la historia es Nico, un joven que ve cómo los militares se llevan una mañana a su padre, el profesor Santos, detenido en frente de sus alumnos y a partir de entonces comprende que su única misión es recuperar a su progenitor de las garras de los torturadores en un país cercado por la dictadura y el silencio. La trama esta signada por un hecho significativo en la lucha contra el fascismo pinochetista: la necesidad de crear las condiciones para que en un plebiscito el pueblo chileno diga NO a los dictadores militares y los obligue a abandonar el poder.

A pocos días de un atentado fallido contra Pinochet, del que salió ileso luego de que las balas impactaran contra los vidrios blindados de su vehículo, se inicia una cruenta represión organizada por las fuerzas armadas que salieron a las calles, como en un comienzo, a matar gente en represalia. Eran los días de arcoíris, ese símbolo que anuncia que tras la tormenta sale el sol. Eran los días en que Los Prisioneros daban  conciertos o tocatas, en sitios improvisados con letras “más puntudas“, subversivas, que la propia realidad nacional, porque eso tiene de rico el rock, parece que las canciones están más vivas que las personas: Sangre latina necesita el planeta, roja, furiosa y adolescente. Adiós, barreras, adiós setenta. Ya viene la fuerza, la voz de los ochenta, coreaban los muchachos y muchachas en las tocatas que terminaban con la violenta irrupción de los carabineros dando lumazos, a diestra y siniestra, a los asistentes. Los encuentros culturales, happening y conciertos, obras de teatro popular, convertidos en actos políticos fueron la tónica de un tiempo de silencio y miedo que trasunta las páginas del libro de Skármeta, como una gélida ráfaga de viento fundida a la cálida prosa de su autor, salpicada de fino humor chileno.

Tiempos de resistencia en el país de la estrella solitaria; y además, manchada de sangre, donde era dable denunciar, mas no provocar. La nación de la reticencia y las palabras extraviadas de su sentido original, donde decir detenido-desaparecido era un tabú prohibido de pronunciar que se podía pagar con sangre. En ese Chile del silencio se va gestando la campaña por el NO que se impuso victorioso en el plebiscito de octubre del 88, un monosílabo que encerró el significado de todas las palabras de una nación que clamaba democracia en los días del arcoíris, bajo la represión más violenta del continente sudaca en la década de las dictaduras setenteras. “En ese país en el que la gente sentía que los seres ficticios y banales de las teleseries eran más reales que ellos mismos. Ellos tenían sólo silencios. No tenían autorización para vivir, sólo para ser testigos de vidas irreales”

¿Qué tiene de significativa esta historia al cabo de cuarenta años de haber sucedido? La pregunta es pertinente y la respuesta es sencilla: se trata de una bella historia real de ilusión y esperanza en tiempos difíciles. Esos tiempos que las nuevas generaciones no conocieron en carne viva, ni se los han contado en su real tragedia y magnitud.

Atrás quedaron los días del arcoíris. Allá en Santiago hoy hace un día de sol. De un sol seco, diferente al sol de aguas de la selva amazónica. En Chile es tiempo de renovadas esperanzas: comienza el verano y los resultados de las elecciones presidenciales dieron ganadora a Michelle Bachelet. Dos hechos que provocan similar entusiasmo en los chilenos. Aquí en la selva ecuatorial, a orillas del Napo, un deslizador acaba de entrar al embarcadero; a lo lejos, una estela de agua espumosa provoca una ola que acaricia las riveras del rio. Los botes se mecen, parsimoniosos, en el embarcadero, mientras hojeo las páginas de un libro que cruzó los Andes con un símbolo por título: Los días del arcoíris, esa franja multicolor que se pinta en el cielo por puros espejismos que estallan con la luz fosforescente del Yasuni.

sábado, 4 de enero de 2014

LA PORNOGRAFIA ¿REVITALIZADOR DE LA PAREJA?


Por Leonardo Parrini

La pornografía suele ser una de esas actividades que goza de mucho más prestigio que el que merece, como modificadora de la conducta humana, influyente en situaciones sexuales aberrantes o ascéticas. Algo parecido sucede con ciertas palabras que denotan situaciones sobredimensionadas por la visibilización a que son expuestas. La marihuana también goza de un prestigio altísimo como estimulante sensorial y lenitivo de ciertos estados depresivos, mientras que su potestad psicodélica es más bien restringida a los estados de ánimo del consumidor. La pornografía o exposición sexual explicita, en ese sentido, se asocia a ciertas drogas blandas por su impacto transitorio, adictivo y estimulante, cuyos efectos secundarios no trascienden más allá el comportamiento de los consumidores.

Un estudio on line, recientemente realizado en Holanda, entre 4.600 personas con edades comprendidas entre 15 y 25 años por el investigador Gert Martin Hald, establece que el 88% de los varones y el 44% de las mujeres reconoce haber visto en los últimos dos meses, “material pornográfico que se encontraba en películas, revistas, Internet u otro tipo de material multimedia”. El estudio intenta dilucidar algunos impactos que produciría el porno en el comportamiento sexual de los usuarios y consigue establecer que existe un tabú asociado a la pornografía, basado en una actitud de censura moral y social.  

La investigación concluye en que existe “una relación directa entre ver material con contenido sexual explícito y el deseo de practicar sexo menos convencional, y que el número de individuos que mostraron esta asociación fue relativamente bajo”. De manera concluyente se menciona que “sólo un porcentaje pequeño (entre el 0,3 y el 4%) pareció sentirse afectado en parte por ver pornografía”.

Frente a la posibilidad de que la pornografía desencadene conductas sexuales con riesgo, la investigación descubre que “la práctica de sexo no convencional se asocia más a disposiciones personales previas que a la propia pornografía por sí misma”. Los resultados se inclinan a favor de que “el consumo de este tipo de contenidos pornográficos no tiene tanta relevancia como se pensaba” y que a la hora de la verdad “no provoca problemas mentales, ni conlleva a comportamientos sexuales de riesgo”.

Una bella pornografía

La pornografía, que en sus orígenes griegos significó “escribir sobre prostitutas”, es tan antigua como la existencia del hombre. En sociedades como la India se encontró en los muros de los templos, imágenes sexuales explicitas aludiendo al coito, mientras que en la antigua Grecia se producían jarrones y murales decorados con dibujos eróticos. Los iconos japoneses son célebres por la profusa utilización de imágenes sexuales; y al respecto, Abdón Ubidia, habla en su texto Referentes de “una bella pornografía”, en referencia al arte erótico nipón. El novelista ecuatoriano aproxima una idea cautivadora: “La vieja división griega entre el ágape y el eros -entre lo espiritual y lo corporal- sigue mostrando en los hechos toda su fuerza y su utilidad descriptiva”.

¿En qué consiste esa utilidad descriptiva de la pornografía?

La pornografía no dejará de “atrapar al oscuro objeto del deseo” porque en eso consiste su significado: en apresar, hiperrealistamente, los detalles del objeto deseado. No puede sino, el porno, andar en esa dirección, si no quiere perder su significado final. Un texto de Baudrillard –citado por Ubidia- describe la escena de una muchacha exhibicionista, sentada sobre una tarima con sus muslos separados, que es admirada y deseada por un grupo de obreros japoneses. El autor posmoderno se pregunta si más allá del límite de la genitalidad, luego de que los obreros, prácticamente, metieran sus narices y sus ojos en la vagina de la muchacha, “quedarán aun goces que pudieren resultar de descuartizamientos visuales, mucosas y músculos íntimos”. Pertinente cuestionamiento, puesto que la pornografía y el erotismo han sido un largo viaje por el descubrimiento del cuerpo oculto, “un largo striptease que ha durado un siglo”, como diría Ubidia. En el camino de alcanzar el total develamiento de los secretos sexuales y la obsolescencia de la censura, la pornografía vuelve “de un modo natural y hasta ingenuo, al mundo abierto, admitido y celebrado del erotismo”.

Nos inclinamos a pensar que el erotismo, en contraposición con la pornografía, es celebrado socialmente como una forma de mitigar el “impacto moral” del porno, como una forma de exorcizar los demonios del sexo puro y duro que implica la genitalidad pornográfica. Ubidia dice que la pornografía sería el estado más bajo del erotismo, lo que supone que todo porno “es perverso y de mal gusto”. A reglón seguido, reconoce que “la verdad no es tan simple ni mecánica”.

Los matices pronto se hacen indispensables para entender la diferencia entre lo uno y lo otro, entre lo permitido y lo prohibido, cuya frontera divide a los territorios de lo erótico y lo pornográfico. Mientras que la pornografía es un aquí y ahora, un presente sin alma; el erotismo es evocación pura, metáfora insinuadora, historia en cuerpo y alma. La pornografía -afirma Ubidia-, “carece de memoria”, no precisa de un pasado que evocar, soslaya historias que la distraigan de su descarnado presente. Las sutilezas de la pornografía no se refieren a las ideas que evoca, porque no tiene poder evocativo sino descriptivo, visual.

El porno pertenece al reino de lo visual, lo voyeur, el lujurioso juego de ocultamientos y develaciones, porque es tan estimulante mostrar como ocultar el objeto deseado a los ojos del voyerista. Esta implicación directa de nuestros sentidos, sin intermediarios, hace de la pornografía un gesto de facto, cuyo blanco es nuestra emotividad desprovista de filtros para mitigar el impacto excitante, y en una situación en que nuestros sentidos son excitados “sin metáforas posibles” y sin otra intención que no sea mostrar el objeto deseado en su más nítida evidencia.

En cambio, el erotismo como todo arte complejo, afirma Ubidia, afecta nuestros sentimientos de un modo indirecto, puesto que la identificación erótica se pone en movimiento a través de analogías, comparaciones y evocaciones sensoriales que pueden ser estimuladas por la vía de los sentidos. Un aroma, una melodía, un color, pueden ser desencadenantes de la evocación erótica, una comida, un licor, en fin, todo aquello que nos devuelve al lugar donde se encuentra la fuente de nuestro placer pretérito o presente evocado.

La pornografía transgrede, desafía, insiste en develar lo prohibido y esa es su profunda razón de ser; el erotismo sugiere, estimula, se vale de un pasado y una historia que recomponer en la evocación del objeto deseado. Y eso lo saben los mercaderes del sexo. El marketing pornográfico trata al sexo como mercancía, no le interesa develar tabúes sexuales, más bien se vale de ellos para su lucrativo negocio de sexo explícito. Lo prohibido vende, esa es la fórmula.

No obstante, Ubidia sugiere una sutil demarcación entre la bella pornografía que encuentra en los grabados japoneses y aquella pornografía “burda, mal hecha, caricatural y torpe”. Queremos pensar que esta sugestiva afirmación emana de un magma estético, mas no de una actitud moralista de mitigar la vergüenza de aceptar la pornografía como un hecho permisible.  

Coincidente con el estudio holandés que, sin embargo, demostró la inocuidad de la pornografía a la hora de influir en conductas sexuales de los consumidores de porno duro, la idea fuerza que desliza el texto de Ubidia es que la pornografía no amenaza a nadie, sino más bien estimula la institución familiar: “Para nadie es un misterio la cantidad de matrimonios exhaustos que, gracias a los videos X, renuevan su gastado deseo y, con ello, defienden su gastada fidelidad”.

Confrontamos esta afirmación con la realidad en un sex shop quiteño, ubicado en el último nivel de un centro comercial. El propietario, un fornido joven, sentado junto a su pareja, atiende el local: son en sí mismos el mejor mensaje publicitario del negocio. La pareja reconoce que todos los productos exhibidos, primero son probados por ellos. Y los hay desde cremas estimulantes de uso vaginal, hasta consoladores de tamaños descomunales, penes animados a pilas, lencería erótica, muñecos y muñecas inflables, yerbas para infusiones estimulantes, juguetes de uso vaginal y anal, correas para flagelaciones, etc. El perfil del consumidor corresponde -según el dueño del local- a todo tipo de personas, condición social y edad. Son heterosexuales y homosexuales, potenciales compradores “en busca de romper la rutina sexual con sus parejas”. Los hay tímidos que primero preguntan por “regalos para despedidas de solteros”, ocultando su verdadero motivo de la compra, hombres y mujeres solitarios, parejas de toda edad, hasta “pervertidos que se solazan hablando el tema con la chica expendedora del local”. El propietario del sex shop admite que sus productos, importados de Brasil, China y EE.UU contribuyen a una conducta de “liberación sexual entre los ecuatorianos”.

Descubrir el sexo con sentido hedonista, es una opción humana más honesta y liberadora. Saber distinguir entre el amor y el deseo, entre el eros y el ágape, tiene como recompensa reencontrar el sentido vital y estimulante de una relación en pareja, desgastada por lo rutinaria, angustiosa por lo frustrante. Claro, primero hay que desvestir el alma y el cuerpo de prejuicios, de temores, de hipocresías y dar rienda suelta a los deseos reprimidos. No pedir al amor lo que debe dar el sexo, no exigir al sexo lo que corresponde al amor: esa es la fórmula. Una noche con el ser amado y deseado, bajo los estímulos externos del erotismo porno, equivale a un cambio de aceite en el motor de la historia sexual de los individuos en pareja.