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jueves, 26 de marzo de 2015

LA PRENSA: “UNA MÁQUINA DE FANGO”


Por Leonardo Parrini

Hojeando el Internet -sí, porque las páginas electrónicas también se las hojea en la pantalla touch- me encuentro con una entrevista realizada al semiólogo italiano Umberto Eco, -autor del clásico texto El Nombre de la rosa. Preocupado por el tema de los símbolos y su representación, no ha cesado de reflexionar acerca del impacto cultural de ciertos relatos en el hombre común. En esa línea, Eco ha concluido su reciente novela Número Cero, en la que aborda la dinámica de la prensa y su influencia social en Italia. Un texto que sirve de paradigma para extrapolar el comportamiento del periodismo escrito en otros lares de la sociedad contemporánea.

Eco confiesa que “desde hace 10 años que tenía en la cabeza esta idea de hacer una novela sobre los defectos del periodismo, pero lo había ido retrasando. Hasta hoy”. Número Cero viene a ser la disección de la prensa constituida en “máquina de fango”, por el rol que juega en su condición de actor político “como una herramienta de difamación” que se ha usado “para deslegitimar al adversario”. La trama de la novela narra los avatares de un empresario ricachón que decide fundar un periódico, es decir una empresa mediática, que según Simei, su director, “le dice a la gente cómo tiene que pensar”.

No obstante, Eco se muestra escéptico sobre el grado de influencia de los periódicos en el ciudadano común, rol más bien reservado a la televisión, según señala. Eco centra sus fuegos en el influjo que ejercen los periódicos en las “altas esferas” sociales, en líderes de opinión: “Es poner una noticia en la mesa de la persona importante -apunta- y sugerir que se podría contar más. Ahí es donde los periódicos tienen el verdadero poder, no sobre el hombre de la calle que puede leer el mismo texto de una forma distraída. Es una influencia sobre la 'cima', por decirlo de algún modo”.

¿Por qué hay tantos pequeños periódicos que no tendrían razón de existir, si no reciben subvenciones y venden muy poco?, pregunta Eco, y se responde: “Porque su función es la de enviar un mensaje privado. Dicen: Yo sé algunas cosas y podría decir más”. En esa labor los periódicos actuales se ven obligados a llenar sus páginas con comentarios y análisis, si es “un periódico serio”, caso contrario, “te conviertes en esta máquina de fango que llena páginas y que obliga a leerlas por este mecanismo que los alemanes llaman 'Schaden-freude', el placer del dolor ajeno”.

En esa línea de acción, Eco advierte sobre la “tendencia al complot”, como dinámica de la comunicación mediática. “Y hoy todavía más, porque Internet está lleno de este tipo de contenidos”, dice. Lo que más interesa es cómo se construye el complot, conectando hechos que parecen no tener relación. “Una de las primeras cosas que habría que enseñar a los niños es cómo filtrar noticias en internet, a distinguir las verdaderas de las falsas”, puntualiza. Porque, precisamente, el complot se fundamenta en la práctica de la mentira. “Los más peligrosos son los complots mentirosos, porque no logran salir bien, se quedan en el imaginario colectivo, obsesionando a la gente, y nadie puede desmontarlos porque no existen”, señala Eco.

La situación en los medios digitales no es muy distinta a la de los medios impresos. La democratización de la comunicación en el ámbito virtual, hace que el periodismo ciudadano se exprese libremente en Facebook y en Twitter, redes sociales en las que es la totalidad del público la que difunde opiniones e ideas. “No estoy seguro de que Internet haya mejorado el periodismo, porque es más fácil encontrar mentiras en internet que en una agencia como Reuters. En el viejo periodismo, por muy asqueroso que fuese un periódico, había un control. Pero ahora todos los que habitan el planeta, incluyendo los locos y los idiotas, tienen derecho a la palabra pública. Hoy, en internet, su mensaje tiene la misma autoridad que el premio Nobel y el periodista riguroso. Éste es un fenómeno totalmente nuevo en la historia de la humanidad: es importante aparecer en público.”, concluye Eco.

Eco pone énfasis en la necesidad de la crítica: el intelectual debe denunciar los vicios de la sociedad. Y  la crítica debe retornar a la narrativa, como la forma principal de ver el mundo. Único camino para entender lo que sucede en nuestro entorno, porque el fanático no cuenta historias: tiene una verdad -o una mentira- en la cabeza y la repite.

Una historia repetida

Hojeando periódicos y revistas virtuales me encuentro con una atmósfera similar a la que describe Umberto Eco en su novela. La presencia de “sesudos” textos escritos por una pléyade de opinadores que pretenden desentrañar las lógicas del poder en el Ecuador, y que desmenuzan, desde una trinchera privada, cada acción del mandatario, escudriñando en los ropajes del oficialismo hasta verle las costuras. ¿Dónde está la contraparte, -me pregunto-, del periodismo público que, haciendo uso de la prerrogativa democrática del libre juego de las ideas, contrarreste con igual enjundia los argumentos, muchas veces falaces, de la corriente periodística opositora al régimen?

En ese terreno baldío, frente a la prensa empresarial sin contraparte, el Gobierno parece perder, día a día, la batalla de una guerra declarada, sin cuartel, por los medios informativos privados, no sólo impresos sino, ahora esencialmente digitales. Tener sentido crítico frente a todo orden de cosas, y narrar esa experiencia, parece ser una actitud esencial en el periodismo y en la vida. Difundir con sentido contestatario, es una asignatura que tiene pendiente el periodismo en los medios públicos. El silencio otorga.

domingo, 6 de abril de 2014

LOS CHICOS DE LA PRENSA


Por Leonardo Parrini

La conocida controversia de la prensa privada con los poderes públicos dio lugar a la estigmatización que se hace de una prensa mercantilista y otra corrupta, o la amalgama de ambas, como una realidad intransferible en el Ecuador. Esta relación confrontacional entre los tres poderes del Estado, -ejecutivo, legislativo, judicial- con el llamado cuarto poder de la prensa, conforma un tablero cuyas piezas avizoran un inamovible jaque. Sanciones impuestas a diario El Universo, canal Teleamazonas, en su momento y, recientemente, a Diario Extra y a la cadena de Televisión Ecuavisa, no hacen sino confirmar que en el país de Eugenio Espejo, -pionero de la prensa latinoamericana-, se está viviendo una guerra sórdida, pero incruenta, en la que no corre sangre, pero sí mucha tinta.

La llamada prensa mercantilista, tiene como principal misión hacer negocio con la mercancía-información, vender opinión y noticias y, de este modo, generar utilidades para sus accionistas. En el Ecuador ha sido notoria la existencia de clanes mediáticos organizados en poderosos grupos económicos, tradicionalmente vinculados al sistema financiero y al sector empresarial. El negocio de la información que realiza la prensa mercantilista percibe ingentes recursos provenientes de la inversión publicitaria, observándose que “el Gobierno Nacional es el anunciante número uno de Ecuador, según el estudio realizado en el año 2011. Se estima que la inversión fue del 5.9%, lo que equivale a alrededor de 95 millones de dólares”. Como dato ilustrativo cabe señalar que la inversión publicitaria en Ecuador fue de 346 millones de dólares en el  año 2012, según Infomedia Ibopetime. Esta cifra se desglosa en un 61% para la Televisión y un 39% repartido entre Radio, Prensa, Revistas y otros.

No obstante, a partir de enero del año 2007 en que se instaura el Gobierno de la revolución ciudadana, la llamada prensa mercantilista ha asumido el rol de agente político, en sustituto del conglomerado político partidista desplazado del poder a partir de la asunción del Gobierno de Rafael Correa. Este hecho dio lugar para que se acuñara el concepto de prensa corrupta, en alusión a un tipo de periodismo que sobredimensiona los acontecimientos, no maneja contraste de fuentes y forja sus agendas sin mayor sentido de diversidad informativa. La confrontación entre poder público estatal y poder mediático privado en el Ecuador, tiene lugar en un clima informativo de tendenciosa direccionalidad política, mediante el cual se promueve y estimula una opinión pública alineada contra el Estado y el Gobierno en ejercicio.  

Trilogía periodística ecuatoriana

En el Ecuador actual se perfilan tres tipos de periodismo, en tanto gestión empresarial y ejercicio profesional. Se advierte uno que adopta tonos y matices de farándula, que trivializa la política pública, la gestión estatal y los procesos económicos y sociales que se derivan de ellas. Su talante visceral, antagónico y sectareo, cuestiona todo lo que emane del Estado plurinacional e intercultural definido en la Constitución vigente. Su gestión es un interminable reality show de opiniones y datos, muchas veces descontextualizados, subjetivos y difundidos en formatos escandalosos y sensacionalistas.

El segundo es un periodismo seco, plagado de sarcasmos y alusiones personalizadas en la figura del Primer Mandatario y de los principales representantes del régimen. Constituye de facto un sistemático acecho al poder público en campañas establecidas, a través de editoriales, crónicas, entrevistas, noticias y remitidos que destilan un odio largamente incubado en las agencias informativas y salas de redacción, en respuesta sumisa y automática a los designios y asignaciones periodísticas provenientes de accionistas y directivos de los medios. Esta se ha convertido en una prensa militante, por lo mismo, parcializada y subjetiva, cuya misión laboral concibe una metódica beligerancia opositora al régimen político actual. Esta es la prensa que está siendo sancionada por la Ley de Comunicación vigente, porque muchas de sus acciones están tipificadas como irregularidades. Esta prensa funge de prensa dura, de ceño fruncido, invisible en espacios de diversidad informativa; y, su automatismo ideológico la hace actuar sin matices ni contrastes entre un medio y otro. Esta prensa actúa con sentido de feudalismo local con proyección nacional, cuyos feudatarios y adláteres no sonríen, serios de seriedad enjuta opinan, informan, coaccionan, silencian y especulan con la opinión pública, como con una jeringuilla de veneno bajo la manga.

A esa prensa se enfrenta un tercer tipo de periodismo en el Ecuador, alineado en los medios públicos y comunitarios con abrumadora inferioridad, en cuanto a presencia en el espectro mediático. Esta prensa, joven aún, procura consolidar un periodismo relevante de fuentes investigadas, aunque todavía poco contrastadas por la propia decisión de ciertos voceros privados de no concurrir hasta los set de televisión pública o no conceder entrevistas a la prensa escrita estatal o comunitaria. Este periodismo responsable como se autodefine, tiene que lidiar en el Ecuador con una competencia privada poderosa para lograr establecer una agenda temática de sucesos trascendentales y noticias tratadas con sentido objetivo y positivo.

Históricamente, la prensa ecuatoriana ha observado un escandaloso desequilibrio entro lo público y lo privado, una desproporcionada presencia de, al menos, un 90 por ciento empresarial contra un 10 por ciento público e insignificante presencia comunitaria. La injusta distribución del espectro mediatico, en medio de una turbulenta relación de la prensa privada con la realidad nacional, vista desde una mirada colectiva, pone en el tapete de la discusión cívica la urgente necesidad de una mayor participación ciudadana y vigilancia de veedurías populares. Los estándares de democratización de la prensa se deben cumplir en los mismos términos y porcentajes tripartitos igualitarios que exige la Ley de Comunicación, como una realidad perentoria que cambie el rostro a los chicos de la prensa en el Ecuador incluyente de hoy.

lunes, 15 de julio de 2013

FRANCOTIRADORES EN LA RED


Por Leonardo Parrini

Los francotiradores en la red podemos ser más efectivos que armados de un rifle y apostados sobre el techo de un edificio. Esta deliberada afirmación pretende exaltar el sentido del derecho ciudadano a comunicarnos y a estar informados. A propósito de que la Ley Orgánica de Comunicación ecuatoriana está siendo estigmatizada por la prensa internacional y local como una “mordaza" a la que hay que desconocer, es pues la oportunidad de buscar nuevos espacios mediáticos ciudadanos. Si los linderos legales de la información en el Ecuador de hoy no permiten una fluida comunicación social en los medios “amordazados”, es hora de ir al encuentro de formas alternativas de intercambio informativo y relación interpersonal.  Es el momento de la desobediencia mediática, de la rebeldía contra el producto informativo y sus productores unidireccionados por el sólo afán de hacer negocios y hacer política, conforme sus intereses.

Si los agoreros de la muerte de la comunicación en el cadalso de una ley que no representa sus propósitos empresariales e ideológicos, se niegan taxativamente a observarla, pues la prerrogativa de lectores, radioescuchas y televidentes salta a la vista: buscar nuevas opciones mediáticas para hacer de la comunicación un derecho ciudadano colectivo, efectivo y proactivo.

Donde pongo el ojo, pongo el mensaje

Un “brusco shock de banalización en la prensa masiva” caracteriza los contenidos del producto mediático ofertado a diario por las empresas de comunicación. Y es bajo esa visión distorsionadora que se quiere satanizar un cuerpo legal que, precisamente, exige desbanalizar las funciones que la prensa se arroga a sí misma. Las empresas mediáticas han convertido esas funciones en un mito, en su afán desestabilizador del orden informativo pregonado por una teoría de la comunicación que se nos enseñó como una verdad absoluta en las facultades de comunicación y escuelas de periodismo. Los consabidos fundamentos de informar, entretener y educar o los mentados principios de objetividad, veracidad e imparcialidad ¿no son acaso afirmaciones ficticias o baladíes en boca de los voceros empresariales de la comunicación?

Frente a esta realidad, ciudadanos lectores, televidentes y radioescuchas nos queda otra alternativa: convertirnos en francotiradores en la red, desde los espacios sociales cibernéticos. De este modo, toca contrarrestar la tozuda actitud de los medios de negarse y negarnos a practicar y recibir una comunicación menos manipuladora, menos escandalosa y menos parcializada.

¿Qué sucedería si, al menos por un día, ningún ciudadano encendiera la radio o el televisor, ni leyera la prensa? Pues, con toda seguridad, la comunicación social acentuaría sus prácticas en medios alternativos. Ensayemos no leer periódicos, escuchar emisoras o ver televisión y comprobaremos cómo la espontánea necesidad de intercomunicarnos nos hará libres de manejar nuestros propios medios comunitarios, digitales y personales.

Seguramente surgirían más blogs personales en los cuales publicar noticias con libertad e intercambiar, sin cortapisas, textos e imágenes representativas de nuestra realidad inmediata. La urgente necesidad de exigir calidad a los contenidos mediáticos ya no dependería de terceros, cada cual desarrollaría su estilo personal de decir las cosas y, de este modo, mejoraría su capacidad de comunicarse. Se acrecentaría el espíritu crítico y propositivo de las personas, puesto que sin censura y sin la intermediación de un aparato de comunicación, hoy incontrolable, apuntaríamos con mayor certeza y efectividad a señalar lo bueno, lo malo y lo feo de la sociedad.  

Es muy probable que leyendo menos periódicos, viendo menos televisión o escuchando en menor medida las radios, se produzca un mayor intercambio informativo por chateo en las redes sociales. Los tuiteros se multiplicarían como comunicadores de novedades cotidianas y el muro del Facebook podría ser el principal medio comunitario y personal por excelencia. Ahora que en Argentina ha surgido la alternativa del Facepopular, como opción válida para los latinoamericanos de tener nuestra propia red social, es la inmejorable ocasión para convertirnos en francotiradores en la red, apostados en un lugar estratégico y privilegiado de practicar la comunicación como un derecho individual y colectivo.

Claro, no importa que esta idea forme parte de una hermosa utopía, pero ¿no es así como surgen las grandes transformaciones sociales? Las prácticas de comunicación comunitaria digital, están llamadas a ser el espacio de restauración del maltratado principio que dice que comunicar es poner en común los sentimientos e ideas de las personas. A partir de entonces, la comunicación devolvería al ciudadano común la potestad de ser -desde sus propios intereses-, el motor para el retorno de grandes causas colectivas, sin intermediarios.