GRANDES TEMAS - GRANDES HISTORIAS

E c u a d o r - S u d a m é r i c a

sábado, 20 de agosto de 2011

EL CINE DE RUIZ, UNA TORSIÓN DE SU TIEMPO


Por Leonardo Parrini
Había nacido al  sur del mundo, en Puerto Montt,  el invierno de 1941, pero abandonó Chile después del golpe militar de 1973 para radicarse en Francia. Desde sus primeros ensayos fílmicos Raúl Ruiz llevó el sello del cine experimental a planos de sobria maestría, con despliegue de recursos estilísticos nada convencionales en que la perspectiva clásica es frecuentemente relevada  por una suerte de torsión.  
Su opera prima, Tres tristes tigres (Chile, 1968), avizora ya su ulterior lenguaje cinematográfico en que el hermetismo metafórico de su propuesta narrativa lleva el estigma de los planos y ángulos imposibles de una cámara ubicada con irreverente surrealismo ante la realidad narrada con humor cáustico, ironía y desenfado. Ya es un clásico su obra Palomita Blanca que retrata el Chile insurrecto,  en sus cánones vitales y culturales, de los años setenta.
Luego de concluir su formación profesional en Argentina, realizó una serie de proyectos de contenido político como Militarismo y tortura (1969), ¿Qué hacer? (1970), dirigida con Saúl Landau y Nina Serrano y La colonia penal (1970).  
El suyo es un cine que se reinventa a sí mismo en cada secuencia, que responde a la necesidad experimental de narrar hasta la saciedad en diversas formas el mismo asunto.
No obstante su lenguaje surrealista, Ruiz no se aparta del compromiso político en cada asunto que trata en la pantalla con prolija mirada de cineasta crítico, revolucionario, fiel a una generación de narradores militantes junto a sus coterráneos Miguel Litin y Helvio Soto.
Ruiz inscribió su nombre en la pléyade internacional de cineastas experimentales, en los años ochenta, con sus filmes El Territorio (19819, Las tres coronas del marinero y La isla del tesoro (1985). Filmes como Las soledades (1992), El tiempo recobrado (1998), Días de campo, Litoral, consagran a Raúl Ruiz como un cineasta en plenitud de facultades creativas. El largometraje final de su trayectoria, Misterios de Lisboa (2010), consiguió el elogio de la crítica especializada mundial.
Obtuvo el Gran Premio por La vocation suspendue, en el Festival de San Remo (1977), el Gran Premio por Las tres coronas del marinero en el Festival de Orleáns (1982), Premio Mejor Cineasta del Año en el Festival de París (1986), Premio a la Mejor Música y Mejor Fotografía por L'oeil qui ment, en el Festival de Sitges en España (1991).
Sus trabajos pendientes consistían en dos obras cinematográficas: La noche de enfrente, largometraje rodado en Chile para estrenar este año, y la segunda As linhas de Torres, que tenía estreno para el 2012.
La muerte sorprende a Ruiz a sus 70 años, convaleciente de un cáncer hepático complicado, luego de un trasplante de hígado, con una fulminante infección pulmonar. Se silencia así una de las voces narrativas más importantes de un cine de estatura mayor, notable torsión de los acontecimientos de su tiempo.

jueves, 11 de agosto de 2011

GRAN POETA, SEÑOR DE LA PALABRA


Por Jorge Dávila Vázquez/ (Rincón de Cultura)


Rafael Díaz Icaza es una figura singular de las letras ecuatorianas. Su elección para el Premio “Eugenio Espejo” de este año, consagra a un autor trascendental, tanto en el plano de la narrativa como en el de la lírica.

Díaz ha escrito cuentos de primera; así, los que conforman los volúmenes “Las fieras” y “Los ángeles errantes”, marcados por un realismo deudor de generaciones anteriores; o los que integran libros posteriores, que van marcando su paso hacia un lirismo intenso e incluso hacia expresiones de marcada fantasía, por ejemplo, “Tierna y violentamente”, “Porlamar” y “Prometeo el joven y otras morisquetas”, con el que obtuvo el premio nacional “Aurelio Espinosa Pólit”, el más prestigioso en el campo de la literatura.

Pero el escritor, no solo en sus cuentos magníficos, sino en sus dos novelas, “Los rostros del miedo” y “Lo prisioneros de la noche”, así como en su única pieza de teatro conocida “Ella en el infierno”, sobre Marilyn Monroe, es, esencialmente, poeta. Su “Prometeo”, por ejemplo es un ejercicio sobre el fuego, como símbolo de la palabra, instrumento esencial de lo lírico.

Por eso, el título de estas líneas, porque reiteradamente, Rafael ha sabido darnos, en sus distintos poemarios –desde “Estatuas en el mar”, hasta “Bestia pura del alba”-, verdaderas joyas, composiciones insuperables. Por ejemplo, el bello poema “Ciudad nocturna”, apasionado canto a Guayaquil, su “doncellita pescadora… a la que nadie alcanza/ en la carrera sin fin hacia sus bodas/ con la desilusión.”

Su lírica no es convencional, no está hecha únicamente para agradar al lector, si no también para provocarlo e incluso zaherirlo. En muchos momentos, su producción corre pareja con la de autores ligeramente menores a él, que practicarán enardecidamente la anti-lírica, en la que lo irónico es esencial, como David Ledesma e Ileana Espinel. Así lo vemos en  este “Tango del recasado”, escrito en una tercera persona lírica con la que él se identifica: “Rafael Díaz Ycaza/ participa a usted su nuevo matrimonio/ con una bellísima y horrible/ temible y triste dama/ que no lo hará feliz./ Hoy día, tras varios años de divorcio/ se volvió a matrimoniar con la Poesía / y a soportar sus celos y caprichos,/ sus olvidos culposos;/ todo su desamor y sus excesos”

Versos incisivos, agridulces, en los que explora la difícil y al mismo tiempo ineludible relación entre el creador y su obra poética, por ello, la conclusión: “Rafael Díaz Ycaza/ participa su nuevo nacimiento.”

El humor es, asimismo, un ingrediente que aparece ya en este “Tango”, y que es agudo y acentuado en otros textos, como en el inolvidable “Edú y la muerte”. Veámoslo: “Edú –dijo la muerte-, ya es la hora.”/  Y él replico, sonriendo: / “Zambita espera un poco./ ¿No ves que es muy temprano?/ Anda, más bien convídame/ a un trago de aguardiente.”

Los dos beben, bailan, y terminan “bajo el toldo y en la colcha”, y luego, el seductor abandona a la muerte para irse “de parranda”.

domingo, 31 de julio de 2011

HABÍA UNA VEZ... una ciudad, una melodía, un acontecimiento




La emisora de radio pública RPQ 102.9 FM del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito estrenó el sábado 30 de julio, en horario de las 13h00, el programa HABÍA UNA VEZ, dirigido y conducido por el periodista Leonardo Parrini, junto a la comunicadora Gissel Cueva.

El espacio HABÍA UNA VEZ, con formato de revista cultural, presenta durante 60 minutos temas tratados bajo el enfoque de una amplia investigación periodística sobre acontecimientos y personajes que fueron noticia nacional e internacional en las últimas décadas, que hoy forman parte de la memoria histórica de la ciudad. Los temas tratados en el programa son matizados con éxitos musicales que fueron hits en el momento que sucedieron los acontecimientos.

Con un estilo periodístico dinámico y coloquial los conductores Leonardo Parrini y Gissel Cueva dialogan, comentan y presentan reportajes, entrevistas y notas realizadas por un equipo integrado por el productor Leo Acosta. El programa a través de sus segmentos Quito Histórico, El habitante, Desde la plaza, Ocurrió así, Agenda Cultural, entre otros, ofrece una gran variedad de temas de interés para todo publico.

El espacio HABÍA UNA VEZ se convierte en una alternativa de periodismo positivo e integrador, dirigido a preferentemente a estudiantes y adultos  interesados en evocar aquellos hechos que nos hicieron vibrar y así mantener viva la memoria colectiva de la capital ecuatoriana con una mirada pluralista y democrática, a través de un programa de radio entretenido y necesario.


domingo, 10 de julio de 2011

POBRECITO DEL MATÓN


Por Jaime Guevara

Una lluvia de cristales rotos y balazos me ha disparado desde la pantalla, directo al fondo del corazón. Facundo, el eterno trashumante, el poeta idealista del Jesús generoso a quien sus versos supieron mantener - como corresponde- bien lejos de la mafia del Vaticano; el sátiro que penetraba con el bisturí de su ironía la coraza de los poderosos. Sí, el mismo que entregaba flores a borbotones en las manos de damas inalcanzables o hadas maravillosas entre el perfume de la cocina y la rabia de la Magdalena,había sido asesinado.
La noticia
Abaleado entre fusiles de calibre militar o fuego mafioso ( ¿ estoy redundando? ), Facundo Cabral fue tristemente bautizado en sangre. Ayer, sábado 9 de julio de 2.011, en la Guatemala de la ejemplar Rigoberta Menchú y sus sabios ancestros , pero también en la Guatemala del pastor " cristiano" - y dictador asesino - Efraín Ríos Mont, el herrante bardo cayó ante el odio de los intolerantes. Otro abanderado de la paz mundial era sometido a la injusticia del plomo atroz que no conoce mejor razonamiento que el disparo vil y rastrero. Así  Facundo, el nativo de Tandil - pequeña localidad argentina -, se unía en la sangre con Mahatma  Gandhi, Martin Luther King y Arnulfo Romero.
Invencible
Al tiempo, el Facundo juntaba su dolor  al de trovadores como Joe Hill, Víctor Jara y John Lenon. No era " de aquí ni de allá"
y eso lo agrupaba entre las voces truncas, entre las plumas rotas y entre las guitarras reventadas de tantos de sus colegas.
No había fronteras ni visa que detuvieran la potencia de su arte.
¿Festejo?
Sin duda, este mismo rato, en alguna madriguera de fina alcurnia o barriada miserable habrán botellas destapándose 
por el " éxito de la misión  ". Habrá dólares cambiando de garras enjoyadas a zarpas salpicadas de sangre y pólvora. Habrá comentarios caninos sobre "ese gritón fastidioso que ya mucho jodía ". Inútil ritual. 
"Muerte, ¿ dónde está tu victoria ?"
Ha fracasado la muerte frente al poder avasallador del canto de Facundo. " ¡ Pobrecito mi matón...piensa que el muerto soy yo !" habría que decir, parafraseando uno de sus más conocidos estribillos. ¿ Cuántas ráfagas o cañonazos bastarán para detener el caudal de su garganta, la delicadeza de su ironía, la sonrisa de sus comentarios burlescos?. Nunca hallarán los suficientes para sepultar sus canciones. Y entonadas por algún experto intérprete de escenario costoso, o tarareadas por un muchacho  y sus amigos en la esquina del barrio, las palabras, la música y las verdades de Facundo Cabral permanecerán vivas sin tiempo ni fronteras que las limiten. ¡ Facundo, dicen que estás "muerto" pero te seguimos escuchando ! ¡ Venga un abrazo !.

¡ Salud, canción y Anarquía !.


miércoles, 22 de junio de 2011

IN MEMORIAN, SOUNDTRACK DE MI VIDA

Por Manuel Calisto


“Mis papás eran bien farristas, asi que generalmente los viernes había fiesta en la casa. La niñera trataba de que me duerma, pero en la sala sonaba “…Bartolo, Bartolo, Bartolo, el que no se casa se queda muy solo…”, el disco de Los Tíos Queridos o “El órgano melódico de Eduardo Zurita”. En los viajes a la playa en el auto ponían esos cassettes enormes (cartuchos en realidad), y el 504 azul se llenaba de Charles Aznavour, Silvana di Lorenzo, James Last o las rumbas de Peret. Mi hermano mayor escuchaba Pink Floyd, los Doors, Zepellin, Santana, Mercedes Sosa, es decir, lo normal para un adolescente de los setentas.
Mientras tanto yo, el fenómeno, pedía que me compren discos de música clásica o que por mi cumpleaños me lleven a un concierto en el Sucre. Chopin, Mozart, Bach me transportaban a las épocas en las que me hubiera gustado vivir. Odiaba vivir en esta época y todo lo moderno me parecía horrible (todavía me pasa lo mismo). Strauss me hacía sentir lo que a un adolescente normal le hubiera hecho sentir ACDC. Lo que no encontraba, grababa de la radio, generalmente de la HCJB, que era la única que programaba música instrumental además de la clásica, asi que mi colección empezó con discos y cassettes de esa música, que utilizaba como banda sonora de mis radionovelas o de mis cortos. Más claro, desde pequeño la música ya me contaba historias. Creaba la historia y le ponía música o al revés, escuchaba una pieza y me imaginaba la historia. Escribía guiones y dibujaba storyboards guiado solo por la música que iba a utilizar. Los movimientos de cámara, los fundidos, los acercamientos, todo estaba clarísimo en mi cabeza gracias a lo que la música me dictaba. Los cassettes que utilizaba (y que todavía conservo) estaban prolijamente clasificados. Las etiquetas dicen “música chistosa”, “música de terror”, “música de acercamiento”, “música de ciudad”, obviamente “música feliz” o “música triste” y muchas más.
Como mi hermano es diez años mayor que yo y como yo no era muy amiguero, bastante de mi niñez y adolescencia pasé buscando música incidental para mis historias perfectamente (según yo) musicalizadas. Gracias a discos como Hooked on Classics o The best of the Andrew Sisters mis ideas se ajustaban a la atmósfera que creaba, que en realidad era muy parecida a la de las películas de los cuarentas de las que siempre he sido fanático. Con grabadora en mano (no con micrófono, porque mi grabadora tenía el micrófono incorporado) grababa la música de las películas de Tin Tan, de Libertad Lamarque, de María Felix y muchas de la insuperable argentina Nini Marshal, la mejor comediante que he visto. En todo lo que hacía yo quería recrear la pulcritud sonora y fotográfica de esas películas, con historias de vidas ingenuas, casi sin mancha, y con unos problemas tan trágicos como inocentes.
Con el advenimiento del cd mi trabajo se hizo más fácil. ¡Podía poner la canción que quería sin adelantar ni retroceder! Comenzó a ser más fácil encontrar música y me llené de soundtracks. Para eso, las bandas sonoras de las películas de Almodovar son una maravilla. Encuentras cosas viejas, nuevas, versiones de lo que ya has escuchado y las incidentales, que siempre son dramáticas y seductoras.Esa es, más o menos, la música que ha acompañado mi vida, y para ser sincero, combinó bien con los eclécticos momentos que me ha tocado vivir. Tengo muchos discos favoritos, pero entre los más sonados en mi vida está el soundtrack de A Zed and Two Noughts de Peter Greenaway, el de Run Lola Run, todos los de Almodovar, el de Eat y Kiss de Andy Warhol, el de Underground, el de Mississipi Burning, el de Bleu y el de La Ultima Tentación de Cristo”

jueves, 3 de febrero de 2011

Plebiscito: El quid del asunto

Fotografia Leonardo Parrini

Por Leonardo Parrini

Cuando se arranca de premisas falsas,  las conclusiones a que se pretende arribar también corren el riesgo de serlo. La Asamblea de Montecristi no renuncio al Estado de Derecho por el hecho de privilegiar el presidencialismo en los contenidos de la nueva Constitución. Varios países de América Latina, entre ellos Chile, tienen un régimen llamado presidencialista matizado por la existencia de un variopinto organismo legislativo, y no por ello han desdeñado el orden jurídico constitucional establecido.

Toda formación político social apela a la consulta popular para afianzar posiciones cuando intuye o sabe a ciencia cierta que los resultados le serán favorables; la correlación de fuerzas ha cambiado en el país y ello no deslegitima el mecanismo plebiscitario.

Lo importante es que se debe poner énfasis en el análisis contenido de las preguntas de la consulta formulada por el Presidente Correa y no solo en la manera de formularlas, es decir, lo más importante es saber qué hay detrás y por delante del condumio de las preguntas que apuntan a un relevo de las formas políticas y culturales del país. 

El lado oscuro del tema es que el pueblo se pronuncie sin conocer lo que elige o rechaza. Por ello es fundamental acentuar el debate en los contenidos. En este aspecto los medios de información silencian buena parte del tema para poner en el tapete aspectos formales del asunto, como discutir los ribetes legales, o si la consulta cabe o no dentro de los linderos de un plebiscito o un referéndum. ¿Qué trascendencia tiene aquello? Esa no es la madre del cordero. Ese es un mero pleonasmo jurídico que hace felices a quienes no tienen más que pasar la vida buscando las ramas y no el tronco.

Los temas de fondo:
Estamos o no de acuerdo en agilitar la justicia que arrastra más de un millón de casos sin respuesta procesal y para que ésta deje de ser una silla de Ionesco, un absurdo que deja libre al culpable y condena al inocente que no dispone de recursos para sobornar a sus sentenciadores.

Estamos o no de acuerdo en cambiar el sentido contemplativo del sistema jurídico por uno comprometido con la justicia, renovando cuadros y funcionarios que administran la jurisprudencia como si fueran un oráculo de ancianos.   

Estamos o no de acuerdo en poner fin a una cultura de violencia que, a pretexto de espectáculo divertido o de lucrativo negocio de farándula medieval, exterminan especies animales.

Estamos o no de acuerdo en poner término a la lucrativa actividad de enriquecimiento, a través de juegos de azar que solo engorda las arcas de las mafias organizadas del juego.

Estamos o no de acuerdo que los monopolios de la información dejen de formar parte de grupos vinculados a los negocios financieros, en desventaja de aquellas empresas mediáticas que desvinculadas de negocios ajenos a su actividad, no pueden competir en el mercado de la comunicación en igualdad de condiciones. 

Estamos o no de acuerdo en incrementar la lucha contra el enriquecimiento ilícito, una expresión de corrupción que se ha convertido en una forma de ser del país, en perjuicio de la mayoría de sus habitantes. 

Estamos o no de acuerdo en limitar los contenidos de los medios masivos para reducir la difusión de formas de violencia y manifestaciones sexuales explicitas o discriminatorias.

Estamos o no de acuerdo en hacer más justa las relaciones laborales, protegiendo a los trabajadores bajo el amparo de la seguridad social.

Una Constitución es un mandato avalado por la voluntad popular que responde a una determinada correlación de fuerzas políticas y sociales que, en un momento dado, se expresan y tienen lugar en la formación social del país. La carta de Montecristi no es una excepción. Con todas sus fallas limitaciones o omisiones, es un reflejo de la voluntad política del Ecuador en esta coyuntura histórica. 

En definitiva, esta coyuntura pone de relieve el hecho de que cuando se trata de cuestiones de fondo los detractores del proceso de consulta popular distraen al país del tema proponiendo una discusión formal del asunto. No en vano salieron a la palestra sectores desplazados del poder, y sus adláteres, en patética apariencia de zombis políticos a defender las ramas cuando ven perdido el tronco. Una antología de políticos profesionales que otrora también propusieron al país una constitución que, dicho con la mano en el corazón, no hizo para nada más justo, digno y vivible a mi lindo Ecuador.

El quid del asunto es que si nos detenemos a pensar con serena ecuanimidad en el trasfondo de las 10 preguntas presidenciales, lo más probable es que se produzca un mayoritario consenso en torno a la necesidad de responder afirmativamente a la consulta popular. Esto por el simple hecho de hacer del Ecuador un territorio más viable, desde el punto de vista de la justicia y de ciertas manifestaciones sociales que ameritan ser superadas, porque representan obsoletas expresiones culturales o prácticas económicas que aventajan solo a quienes añoran con seguir regentando los destinos del país desde una casa de hacienda.

sábado, 6 de noviembre de 2010

RECORDANDO A BRUNO


















Giordano Bruno

Por José Murgueytio

Solo en nuestra galaxia –que es una entre miles de millones que pueblan el universo- existen al menos 46 mil millones de planetas del tamaño de la Tierra, lo cual indica que los mundos potencialmente habitados y habitables en la Vía Láctea podrían ser del orden de los miles de millones, mucho más de lo que se suponía hasta hace poco.

 Esta es la sorprendente conclusión del censo planetario más amplio jamás realizado, que acaba de ser difundida. El estudio fue contratado por la NASA y efectuado por la Universidad de California en el transcurso de los últimos cinco años, durante los cuales los astrónomos, autores del análisis, utilizaron dos potentes telescopios en Hawái, para escanear una muestra conformada por 166 estrellas en un espectro de 80 años luz desde la Tierra (un año luz equivale a 9,46 billones de kilómetros) y deducir estadísticamente, sobre este registro, la cifra arriba indicada.

 Aunque la galaxia sea hervidero de mundos que pueden tener civilizaciones, entrar en contacto con éstas supone enormes períodos de tiempo, debido a la inmensidad de las distancias y a que el vehículo portador del mensaje que anuncia su existencia, la luz, viaja a una velocidad finita de 300.000 km por segundo. Las búsquedas iniciaron hace apenas unos 60 años. El planeta habitable más cercano a la Tierra encontrado hasta hoy, gira alrededor de una estrella roja enana y se encuentra a 20 años luz, tiene una masa tres veces la de la Tierra, posee una fuerza gravitatoria suficiente como para retener una atmósfera y es muy probable que contenga agua. Si en este planeta hay vida inteligente con un desarrollo tecnológico cercano o mayor que el nuestro (supuestos muy fuertes), recibir la respuesta a una señal enviada desde aquí tomaría 40 años. Es posible, por otra parte, que hayamos recibido mensajes extraterrestres en algunos instantes de nuestra historia pasada, cuando aún no podíamos escucharlos. Quizás hace un millón de años, cuando homo erectus domesticaba el fuego, llegó una señal inteligente de una civilización que ya no existe…

 Los resultados del reciente censo galáctico representan una caudalosa confirmación de la idea expuesta por el sacerdote dominico Giordano Bruno, a fines del siglo XVI, sobre la pluralidad de sistemas solares y de mundos habitables como la Tierra. Ante la renuencia a aceptarla por quienes consideraban que contradecía el plan divino, Bruno respondió señalando que un firmamento pletórico de vida se aviene mejor con la idea de un Dios universal. Sin embargo, la colisión con la jerarquía vaticana de todas maneras se produjo y el Papa ordenó la intervención del Santo Oficio. Bruno permaneció prisionero durante siete años y ante su negativa a retractarse, fue quemado vivo en 1.601, acusado de blasfemia, conducta inmoral y herejía. “Tembláis más vosotros al anunciar esta condena que yo al recibirla" dijo a sus jueces. También fueron incinerados los libros que escribió. “El hombre, en su soberbia, creó a Dios a su imagen y semejanza”, sentenció Nietzsche. La humanización de Dios, tan elocuente en los escritos bíblicos, en efecto no encaja con la idea de un creador y monitor de múltiples formas de vida, tan exóticas como podrían ser organismos complejos que crecen en océanos de metano o bajo lluvias de amoníaco. Menos aún si está de por medio el dogma de la unicidad del plan divino, concebido para la exclusiva salvación de los hombres (se ha de entender que también de las mujeres, pero de nadie más). No debería resultar extraño, por lo mismo, que el Papa Juan Pablo II hubiera pedido perdón por la condena a Galileo Galilei pero que nada dijera, en ese único gesto de reparación histórica, sobre el atroz asesinato de Bruno. Giordano Bruno es el personaje que mejor encarna, con su lucidez intelectual y a costa de su propia vida, el inestimable valor de la díada con que la modernidad hizo su entrada a la historia: libertad de pensamiento y juicio crítico.

viernes, 22 de octubre de 2010

¿TIENE SENTIDO EL ARTE?














Por Leonardo Parrini 

Los griegos lo tenían claro, saber pensar y concebir el mundo era para ellos la epísteme, saber hacer era cosa de la tecné. Así los roles entre esclavos y filósofos, entre guerreros y artistas estaban bien definidos. Hoy el arte ha perdido sentido. Este laconismo no es más que la constatación de que las manifestaciones de arte se han convertido en una repetición de expresiones audiovisuales e iconográficas en serie, tamizadas por la tecné que se impone por sobre la epísteme.

Una de las cuestiones claves para dilucidar el sentido del arte consiste en  ver si este oficio sigue teniendo el significado que la historia le atribuye, desde la aparición de los policromos rupestres en las cuevas de Altamira, como registro del quehacer humano en este mundo. 

Ahora impelido a sobrevivir en el caos tumultuoso de la posmodernidad, donde la muerte de la utopía lo empuja de bruces a un arte sin vocación de futuro, el artista enfrenta el reto superior de redimirse a través de una creación que otorgue un sentido a la realidad circundante.

 ¿Cómo se hace arte en un mundo donde sobrevivimos, solos, sin dioses o utopías posibles?   
La expresión multimedia es el prototipo del arte actual, un fruto del triunfo de la tecné por sobre la epísteme, un contacto inestable entre personas y mensajes que se difunden y propician lecturas diversas. El resultado es una heterogeneidad fugaz e inasible, entendida como participación segmentada y diferencial de un emporio internacional de mensajes que penetra por todos lados y de maneras inesperadas al entramado local de la cultura.

Se inauguran de este modo los rasgos de un arte impuro, con predominio de collages de textos e imágenes en un súper mercado de inversiones; un arte que ha perdido mística, energía transformadora y carga afectiva. Un arte que privilegia la somera diversión de los sentidos, cultura light, democrática y mediocre que posterga toda contemplación crítica por la fruición hedónica. Un producto de las industrias culturales que no difiere de los artefactos engendrados con modos de producción a gran escala. Este arte crea un público al que no le interesan nuevas temáticas - si es que las hay -, sino nuevas formas, ornamentales y seductoras formas de presentarle más de lo mismo. Aguda dicotomía, mientras la cultura de masas busca dispersión, el arte reclama recogimiento.

Un arte así producido pierde todo sustrato cultural, nos recuerda Aldous Huxley, condición y posibilidad de la distancia necesaria, entre obra y espectador, para que éste último pueda recogerse y contemplarla. Una obra así reproducida, no sería ya una obra de arte, sino un pastiche convertido en fetiche donde solo prima su valor exhibitivo, útil y funcional.

Se bifurcan así dos salidas posibles: un espacio dogmático para elites consumidoras de productos de circulación restringida, que se basa en la premisa de que para entender el arte hay que tener no sólo educación, sino una cierta disposición estética. Y otro circuito pragmático de amplia difusión que busca llegar a públicos masivos, que otorga lo que se dice que desean: experiencias fragmentarias de cultura; retazos de formas y fondos distintos y decorativos. 

El arte posmoderno ha perdido sentido. Se impone el simulacro, meras actuaciones que representan aquello que no es; simulaciones que fingen acciones sociales en las prácticas culturales de un mundo donde lo virtual, en su función simuladora,  prevalece por sobre lo real. 

¿Qué sentido queda entonces al arte actual? Por un lado la práctica de un sujeto que tiene la opción de jugar al artista socialmente incomprendido, de élite o marginal, premunido de una epísteme que busca dar significado ontológico a la realidad. O por el otro, un individuo-masa, dominado por la tecné, que puede arriesgarse a combinar géneros y estilos, y convertirse así en otro híbrido de la caótica y tumultuosa cultura de la posmodernidad.

jueves, 14 de octubre de 2010

CORAZON DE MINERO














Por Leonardo Parrini

La enseñanza que queda del accidente minero que llegó a feliz término es que la clase obrera chilena, premunida de una fortaleza física y espiritual forjada en duro trabajo que realiza, es un grupo humano de singulares características.  ¿Puede haber tarea más esforzada que perforar la roca del desierto chileno para extraer pintas de oro o cobre  a más de 700 metros de profundidad?

El corazón de minero, como dicen pletóricos  de orgullo los hombres y mujeres del norte de Chile, no es otra cosa que ese temple adquirido en dura brega laboral, extrayendo riqueza natural en condiciones extremas de trabajo físico. Actividad que a través de varias generaciones viene desarrollando el minero chileno en situación de explotación notable, lo que hizo posible que sea, precisamente, en la zona minera del norte de Chile, donde surgieran los primeros mancomunados proletarios. Este conglomerado laboral es el germen del movimiento obrero organizado chileno de  carácter  reivindicacionista y, tempranamente en el siglo veinte, del partido comunista fundado en 1922, donde surgen pioneros de raigambre obrera como Emilio Recabaren, fundador del movimiento sindical chileno.  

Los primeros yacimientos

Con una historia de esfuerzo y organización laboral,  la pequeña y gran minería chilena data de los albores de la República cuando surgen los primeros yacimientos mineros de plata en la zona de Coquimbo, como Arqueros, en 1825, Chañarcillo en 1822 y Tres Puntas en 1848. En 1830 cobra auge el yacimiento aurífero de Andacollo, aunque sus orígenes se remontan más allá de la Colonia. El Teniente, yacimiento de cobre que se forma  en la década de los años treinta, tiene sus orígenes   en el siglo diecinueve, siendo el yacimiento subterráneo de cobre más grande del mundo.

En la actualidad existen grandes yacimientos de cobre como Chuquicamata, la mina de tajo abierto más grande del mundo; Escondida, El Abra, Disputada de las Condes, El Teniente y Andina. Otros menores son La Candelario, Salvador, Radomiro Tomic y Mantos Blancos.  A nivel de la minería menor, los pirqueros o pequeños mineros chilenos, trabajan con escasos medios técnicos y es la Enami, Empresa Nacional de Minería el principal comprador de su producto. Los mineros chilenos están sometidos a jornadas de trabajo por turnos, lo que implica aislamiento de sus familias y trabajo en condiciones de fuerte desgaste  físico y sicológico.

La mina San José

La minera San Esteban, propietaria de la mina San José, fue fundada por el ingeniero húngaro Jorge Kemeny en la década del ochenta. Este yacimiento produce al año 1.200 toneladas de cobre, una cifra insignificante frente a los 5.5 millones que genera Chile. El descubrimiento y comienzo de los trabajos de explotación en la mina San José data de 1840. En la década de 1980 la empresa San Esteban Primera SA se hizo cargo de la explotación. Luego de su fallecimiento, en el año 2000, tomaron el control del negocio familiar sus hijos Marcelo y Emérico Kemeny Füller.

La situación económica de la minera bajo la nueva administración sufre de un importante endeudamiento. Sus ingresos rondan los 8 millones de dólares anuales y al mismo tiempo mantiene deudas con la Empresa Nacional de Minería, el Estado chileno y los bancos por aproximadamente 17,8 millones de dólares. La empresa cuenta actualmente con 170 empleados en la mina de oro y cobre San José. Estos trabajadores reciben salarios por encima de la media para mantenerlos ligados a un proyecto que era reconocido por la comunidad como altamente peligroso. Los mineros de la mina San José trabajaban por 150 mil pesos (260 dólares).

Al momento del derrumbe en agosto, la mina San José enfrentaba una crisis financiera al borde de la quiebra con una deuda de medio millón de dólares. Los 33 trabajadores de la mina no estaban asegurados porque, según los dueños del yacimiento, los costos de las pólizas son muy altos y las coberturas insuficientes. Desde la Superintendencia de Seguros les respondieron que los seguros de trabajo en Chile son de los más baratos del mundo.

Finalizada las tareas de rescate de los 33 mineros, queda por rescatar el sentido de justicia en este dramático episodio de la minería chilena, lo que implicaría la exigencia de que los dueños de la mina respondan frente al accidente. No obstante, esto es poco probable puesto que, según el experto jurista chileno Héctor Hernández,  “el solo hecho de infringir, incluso gravemente, normas de seguridad en el trabajo, en este caso en el plano de seguridad de la minería, en Chile no es delito, o sea, a diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados donde si hay normas específicas”, puntualizó el abogado. Pasada la euforia del rescate y apagadas las cámaras de televisión, las autoridades chilenas tienen la obligación de ser consecuentes con su promesa de que, frente a estos hechos, no habrá impunidad. Que así sea.
Chuquicamata, Escondida, El Abra, Disputada de Las Condes, El Teniente

lunes, 11 de octubre de 2010

¡HABLA BIEN, POGUEON..!















 



  Por Leonardo Parrini

Si el hombre viviera al descampado de la realidad seria destruido, rápidamente, ya sea por júbilo, ya sea por espanto. Esta estremecedora sentencia de Robert Graves nos da la dimensión de la importancia vital del lenguaje como elemento mediatizador entre el hombre y su entorno. La palabra es aquella nomenclatura que permite distanciarnos convenientemente de las cosas y de los acontecimientos. Sin los sustantivos que nombran entes y los verbos que describen actos, la realidad nos ocurriría sin mediaciones, sin tregua posible, destruyéndonos. El lenguaje atenúa la experiencia de la realidad que pueda herirnos; del momento que nombramos una cosa ponemos distancia, separándonos de su presencia real. El lenguaje nombra, por lo mismo, mediatiza. Podemos nombrar el dolor, los miedos, y también la alegría. El lenguaje es una malla que nos protege de la realidad, sugiere Graves.  

En una reciente entrevista de prensa el sicólogo y escritor chileno Otto Dörr alerta del peligro de degradar el lenguaje y perder con ello la condición que nos define como seres humanos. Dörr enciende la alarma señalando que los chilenos, como en ningún otro país de Latinoamérica, hablan un lenguaje excrementicio que en siquiatría se denomina coprolalia, propio de ciertas demencias secundarias a la destrucción de los lóbulos centrales del cerebro que procesan las experiencias éticas del individuo.

Este lenguaje coprolalio del chileno estaría caracterizado por la carencia drástica de sustantivos, lo que da una baja referencialidad en el uso del idioma, porque no denotamos las cosas por su nombre propio sino por seudo metáforas comparativas. El fenómeno del mal hablado está generalizado en Chile, señala Dörr, con el uso de un lenguaje que “consiste en que una palabreja, en un comienzo empleada como insulto, se ha transformado no sólo en sustantivo, verbo y adjetivo de uso indiscriminado, sino también en final obligado de cualquier frase. Ahora bien, como esta palabreja se acompaña regularmente de otras groserías basadas en contenidos anales y genitales, tenemos que el habla cotidiana del chileno se está aproximando a un tipo de lenguaje muy patológico”

Ejemplo de ello, en lugar de decir hombre, decimos gallo; o polla para referirnos a una chica o huevón para nombrar a un sujeto. Pero lo más sintomático de esta suerte de fijación patológica es que las metáforas son abrumadoramente alusivas a las zonas sexuales. Un lenguaje de garabato degradado estética y éticamente a niveles de coba delincuencial. Y lo más curioso, apunta Dörr en una entrevista con Cristian Warnken para su programa Una nueva belleza de TVChile, que ese lenguaje de bajo fondo es adoptado por damas de alcurnia y caballeros de alta posición social y económica, mientras que los campesinos chilenos mantienen una elegancia y formalidad en el trato con los semejantes propia de hábitos refinados, lo cual no deja de ser extraño. Algo parecido ocurre en Ecuador que, mientras más bajo es el estrato social de una persona o su origen es rural, se advierte el uso prolijo del usted en lugar de tutear al otro, como un síndrome de prudente distancia, timidez o respeto.

Otra característica de la degradación del dialecto chileno es el exceso de muletillas o dichos de imposible traducción internacional, al punto que obliga a la publicación de glosarios de términos chilenos  junto a  determinadas obras literarias para posibilitar su comprensión. La falta  notable de pronunciación correcta de las palabras es otro clásico chileno. Un amigo locutor me decía que hay que pronunciar todas las silabas de una palabra para locutar o hablar bien: eso es exactamente contrario a lo que se practica en Chile.

Dörr explica que las elites sociales consideraron cursi pronunciar correctamente y entonces adoptaron un dialecto donde las palabras se arrastran, o no se pronuncian completamente, o simplemente, son remplazadas por otros términos que, arbitrariamente, consideramos como sinónimos. Ej. Cachai por ver. 

De alguna manera Gabriela Mistral había reparado en este fenómeno al decir que los chilenos hablamos en forma deshuesada, con pobreza de vocabulario y uso mal sano de términos. Más allá de lo cómico que resulta oír hablar a un chileno típico, el tema es grave porque las autoridades educativas no se han percatado de que en el lenguaje radica nuestra existencia nacional, parodiando a Heidegger que dejó escrito que el lenguaje es la morada del ser. Lenguaje que ha permitido el desarrollo de la civilización y de la cultura, pero también la apertura del hombre a la dimensión espiritual y trascendente, como acota Dörr. 

Según esta afirmación ¿hemos sufrido una involución los chilenos de mal hablado? El origen del lenguaje está en la mutación brusca del hombre, cuando se separa del chimpancé de mandíbula paralela y laringe elevada. El hombre se pone de pie y logra desarrollar una laringe más baja y  mandíbula no paralela, lo que le permitió hablar un lenguaje articulado y fonético con la consecuente construcción sintáctica de frases que posibilita el pensamiento discursivo, superando la simple emisión de emociones mediante sonidos guturales propia de la animalidad.  Los chilenos, argumenta Dörr, por una suerte de aislamiento geográfico antes de la invención del jet, no tenían con quien hablar como país, y eso pudo haber deformado nuestras fosas nasales influyendo en la forma de articular y fonetizar las palabras que son emitidas de manera altisonante y chillona.

La sentencia lapidaria a la que llega Dörr es que Chile morirá como nación, así como han desaparecido otras culturas en el pasado, si continuamos en esta práctica cotidiana de lenguaje excrementicio o coprolalio. Puesto que la atrofia del lenguaje trae la atrofia de la capacidad de pensar, no se puede pensar sin palabras, lo que equivale a un ocaso como grupo gregario. Y “sin pensar no hay conocimiento ni creatividad. Y entonces cualquier aspiración que tengamos de llegar a ser un país desarrollado será en vano”, concluye Dörr.


lunes, 4 de octubre de 2010

FLASHBACK A LA REBELION POLICIAL

Por Leonardo Parrini

Un  presidente que no recibe oportuna y eficazmente los informes de inteligencia sobre un eventual alzamiento de las tropas y efectivos policiales o militares, es un presidente desinformado. Correa deberá exigir a los responsables de la inteligencia estatal que respondan por esta grave omisión informativa. 

Un presidente que acude al sitio de los hechos donde tiene lugar el motín policial, es un presidente decidido a controlar la situación haciendo caso omiso de los mecanismos estatales y presidenciales que le asisten para estos eventos. Correa nunca debió asistir al lugar y, por el contrario, debió enviar emisarios y aplicar la ley que es clara para situaciones de deliberación y motín de los uniformados.

Un presidente que desafía antes las cámaras a sus insubordinados arengándolos a que lo maten, es un presidente que tiene clara conciencia del impacto mediático y político de sus actos. Correa en su investidura presidencial debió mostrarse menos agitador, mas estadista, menos exaltado, más sereno; conminando a la calma, situándose por sobre la irracionalidad de sus insubordinados.

Un presidente que es agredido por los amotinados, es un Presidente que puso en riesgo su persona y lo que representa para el país su condición de primer mandatario. Correa nunca debió desafiar a los policías rebeldes, puesto que dejó abierta la posibilidad de que un exaltado irracional, verdaderamente, le dispare o veje y agreda con bombas lacrimógenas, como ocurrió.

Un presidente que ingresa maltrecho saltando un muro al hospital controlado por sus propios insubordinados, es un presidente al que se le escapó la situación de las manos. Correa debió ingresar a otro centro hospitalario, pero fue imposible. 

Un presidente que debe ser rescatado por las fuerzas armadas especiales a punta de balazos, y en el enfrentamiento corre peligro su vida, es un presidente en clara situación de secuestro político con oscuras intenciones por parte de sus captores. Correa nunca debió estar en el extremo de esa situación en su condición de presidente de la nación. 

Un presidente que decreta desde su secuestro el estado de excepción, una orden de rescate, recibe a la prensa, dialoga con sus captores y consigue el respaldo del Comando Conjunto de las FFAA, es un presidente al que no logran dar un golpe de estado. Correa y sus asesores diseñaron   una estrategia comunicacional que proyectó esa imagen y que generó la inmediata reacción de la comunidad internacional.

Las mil lecturas que la población hizo de los acontecimientos y de los rostros del Presidente en las pantallas el 30 de septiembre, dejan entrever que el pueblo ecuatoriano en su mayoría aun consume, acríticamente, las imágenes unidireccionales de la televisión estatal o aquellas que entregó la televisión privada.  En este sentido la censura de prensa previa, prevista en el estado de excepción, contribuyó a una lectura unidireccional de los acontecimientos con claro beneficio al hecho de que se impidió que agitadores profesionales se tomaran laos micrófonos y pantallas para incendiar aun más al país. 

El conato de rebelión policial del 30 de septiembre sugiere la lenta reacción de los organismos de inteligencia, y la falta de información clasificada que obligó actuar a la zaga de los acontecimientos.  Las imágenes televisivas del 30 de septiembre proyectan el perfil de un gobierno que, fiel a su estrategia, prefiere manejar los hechos políticos con alto impacto mediático donde el protagonismo presidencial lleva todo el peso del contenido y forma del mensaje. 

El flashback con los rostros presidenciales del 30 de septiembre en pantalla, ponen en evidencia las fortalezas y debilidades de un régimen que se jugó una carta brava ante el país. Las encuestas deberán decirnos cuál fue el costo beneficio de la espectacular y mediática jornada. 

domingo, 19 de septiembre de 2010

NOSOTROS LOS CHILENOS


Santiago de Chile, pintores de la calle
Foto de Leornardo Parrini

Por Leonardo Parrini

Ese era título de una legendaria colección de 49 libros populares en la década del setenta, que recorrían la columna vertebral de un país generoso y telúrico, para muchos altivo y excluyente, heredero de dos culturas: la hispana avasallante y la indómita araucana. Poco o nada hemos cambiado los chilenos estas cuatro décadas, como si cuarenta años fueran nada y la historia transcurriera en vano. ¿Cómo somos nosotros los chilenos? Ubicados como pueblo en la cornisa que se desprende de la imponente Cordillera de los Andes frente al abismo del Océano Pacifico, Chile es dueño del desierto más árido del mundo que se convierte en estepa de altura por las paulatinas humedades estivales; con alfombras de suelos variados que se expanden con matorrales mediterráneos en el centro, selva y bosque mixto en la región de los lagos australes y lluvias interminables que coronan ventisqueros de hielo eterno en la Patagonia. 

De innegable influencia europea el país durante la Colonia y la Independencia echó las bases de un ideario de corrientes conservadoras y liberales, enfrentadas en la cosmovisión de un futuro incierto pero promisorio. Chile, sin embargo, no se promete nada a sí mismo, más bien lo afronta en una determinante arenga de su escudo nacional que habla de hacer prevalecer la razón o la fuerza. Todo aquello es la fragua de un territorio de gente diversa que se reconoce en cada icono que consume y desgasta renovado en la mitología de un país con una fuerte cultura de la invocación. Los chilenos alimentamos el alma con signos poderosos, como esa bandera de tres colores con una estrella solitaria que nos acompaña en cada esquina del padecimiento y del regocijo, de la lucha y la esperanza. Somos pueblo de fuerza y razones para ejercerlas a ultranza, obligados a mantener relaciones violentas con una geografía loca y una historia tantas veces injusta. Crecimos convencidos que somos capaces de matizar ambos elementos en la manutención de inamovibles instituciones, como aquella alternancia de intereses antagónicos  que se amalgama en un país de eterna clase media; que mira desde y hacia arriba con la misma altivez excluyente que nos hace impermeables a las mimetizaciones y movilidades sociales. En Chile el que nace chicharra muere cantando y el no tiene padrino no se bautiza. Imposible haber nacido en cuna de paja y pretender heredad de cuna de oro, inaceptable ser aceptado donde no corresponde y llegar donde no se ha sido invitado. 

Chaqueteros por doctrina y convicción a los chilenos no nos gusta que el otro prospere sin que nosotros, al mismo tiempo, subamos de categoría. Sana envidia, dicen muchos, que nos impide apoyar al vecino cuando se muestra mejor que nosotros. Bueno para la broma fácil de humores comparativos, el chileno se coteja con símiles diversos a la hora de buscar su impronta física y espiritual, pero los pelados y los guatones no tienen comparación en Chile, son una institución nacional. Sentimentales por antonomasia, cantamos riéndonos de nuestras penas, ¿qué es sino la cueca chilena, un sollozo con la sonrisa en los labios? Pero a la hora de ponernos tristes de verdad nada mejor que la tonada, un aire del sur araucano a ritmo de cultrún o la desértica soledad que evoca la quena norteña. Es que en Chile, país melómano y poético, la música amalgama aquello que la historia desune y la geografía destruye. Tatareamos infinitos ritmos de norte a sur, entonamos todas las melopeas acorde con nuestra topografía anímica que sube y baja de tono en la espigada franja de tierra que nos cobija. Los chilenos cuando luchamos, celebramos, evocamos o nos levantamos de un terremoto siempre lo hacemos con una bandera tricolor en la mano y una melodía en los labios. 

Con motivo del Bicentenario 17 millones de chilenos, incluidos los 33 mineros atrapados bajo la montaña en el norte, - no así los 35 presos mapuches en huelga de hambre detenidos por luchar por sus tierras en el sur,- cantaron el himno nacional a las doce del medio día 18 de septiembre como signo de unidad nacional. En la tribuna oficial el presidente empresario junto a la ex presidenta de padre asesinado por la dictadura militar, incluyendo a un ex presidente socialista y otro demócrata cristiano, hicieron gala de una mixtura de voluntades unidas en un himno que mitiga los contrastes violentos de un país que se reconcilia con su historia, cuando aun la geografía no cierra los surcos de la tierra telúrica. 

Por la noche en el Estadio Nacional, campo deportivo y otrora campo de concentración, la celebración dejó oír un valsecito de la Palmenia Pizarro, la novia romántica de Chile y el sonido profundo de los Intillimani, embajadores de la lucha irrenunciable de nuestro pueblo. En ese ritual musical tan propio de los chilenos, un pentagrama de canciones nos devolvió la ilusión de un país unido por la razón y la fuerza, porque es de locura dividir cuando hay que sumar, restar cuando hay que multiplicar. En eso Chile es un país urgentemente solidario, que responde positivamente al dolor ajeno entre hermanos, porque sabemos que las heridas se restañen cantando, las necesidades se mitigan en la olla común y los terremotos no han podido con las sólidas bases de un país de personalidad extrema en el extremo del mundo. Al sur del planeta, un país bicentenario hoy empieza a saldar el compromiso histórico del reencuentro con lo que siempre hemos sido nosotros los chilenos, pero que aún adeuda la justicia, el bienestar y una categórica promulgación de derechos plenos para todas y todos los chilenos, en la potente y esbelta patria de Neruda y la Mistral.