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E c u a d o r - S u d a m é r i c a

miércoles, 2 de julio de 2014

SÍMBOLOS Y VERDADES DEL MUNDIAL


Por Leonardo Parrini

Pegados a la pantalla del televisor cumplimos con los designios de la FIFA de engullir su producto de consumo masivo: el Mundial de fútbol Brasil 2014. Una versión del marketing deportivo cargada de simbolismos, contradicciones y sorpresas, como auguran los cronistas deportivos.

Entre los simbolismos, sin duda, está la propia mascota Fuleco,  un armadillo de la especie Tolypeutes  tricinctus (armadillo de tres bandas brasileño), según su nombre científico, que une las palabras Fútbol (Ful) y Ecología (Eco). Un recuso publicitario que resultó efectivo para promover la idea de conservación ambiental y rescate de las especies en peligro de extinción. Tal vez, este sea el único símbolo real del mundial Brasil 2014; los otros íconos mencionados, como jugadores de destacada actuación o los cuerpos esbeltos de Copacabana, caben en el orden de las metáforas de un acontecimiento que exhibe mitos y verdades insoslayables.

Una de las verdades simbólicas de Brasil es la situación de las favelas o barrios marginales de Rio de Janeiro en donde la miseria ya no puede ser mimetizada con el paisaje exuberante del lugar. En 2004, Río de Janeiro tenía en su territorio 750 favelas, que representaban un área total de 42,89 km². Una investigación del Instituto Municipal de Urbanismo Pereira Passos (IPP) difundida en enero de 2009 afirma que Río de Janeiro tiene 968 favelas, que representan un crecimiento de tres millones de metros cuadrados en una década.

Y la omnipresente ciudad más poblada de América del Sur, Sao Paulo, que pocos días antes del inicio de la Copa Mundial, vivió el caos con una huelga de los trabajadores del metro en la capital económica de Brasil. Una urbe cosmopolita que sobrevive entre el lujo y la miseria, que bien simboliza el Brasil que crece de noche, como reza el proverbio.  

La samba de los millones

En contraste, el gobierno brasileño ha hecho un gasto de $ 14 mil millones de dólares en la organización del mundial de fútbol 2014, inversión que hace de este torneo “el mundial más caro de la historia”, y que a cada uno de los 194 millones de brasileros le cuesta 77 dólares por persona. Según datos del TCU, “los gastos totales del país con el Mundial superarán los US$ 11,608 millones. De ese total, 83.6% o US$ 9,550 millones saldrán del sector público, a través de presupuestos o líneas de crédito liberadas por instituciones federales. La iniciativa privada responde por US$ 1,880 millones, o 16.4%”. A las cifras de inversión oficial hay que sumar la exención de tributos federales, motivo por el cual “el gobierno dejará de recaudar US$ 181 millones. La mayor parte de la desgravación prevista hasta finales de 2015 o el equivalente a US$ 229.3 millones para atender los pedidos de la FIFA”.  

La FIFA decidió que el campeón del Mundial de Brasil 2014 recibirá un premio de 35 millones de dólares, del total de 358 millones en premios que serán repartidos entre las 32 selecciones participantes. El perdedor de la final recibirá 25 millones de dólares; el tercero, 22 millones; el cuarto, 20 millones; y el resto de clasificados a cuartos de final, 14 millones. La participación garantiza a los equipos un mínimo de 4 millones de dólares y las selecciones que lleguen a octavos de final recibirán un total de 9 millones. Por último, los equipos recibirán un adicional de 1,5 millones de dólares en concepto de costos de preparación.

La protesta sofocada

La protesta social no se hizo esperar contra un gobierno considerado corrupto, cuyo gasto dispendioso no puede ser justificado en nuevos estadios de fútbol y en seguridad policial, mientras que la pobreza endémica y las injusticias sociales se ignoran. Los ingentes gastos están consignados a construcciones de instalaciones deportivas y aeropuertos, o inversiones en movilidad urbana.  

Pocos días antes de comenzar el torneo, el presidente de la FIFA se manifestó convencido de que las protestas populares contrarias al certamen cesarían a partir del inicio de la cita. "Tengo la certeza de que cuando sea dado el puntapié inicial, todo el país estará apoyando al fútbol", dijo Joseph Blatter. Los hechos le dieron razón al suizo. Según un balance basado en datos policiales y de los propios movimientos sociales, “en los 12 primeros días del Mundial de Brasil hubo una reducción del 39 por ciento en el número de manifestaciones respecto a los 12 días anteriores a la apertura”.  

Este fenómeno encuentra explicación en varios factores entre los que destaca la inversión de 870 millones de dólares que realizó el gobierno de Dilma Rousseff para armar el mayor esquema de seguridad de la historia de los Mundiales de fútbol, y que movilizó a unos 170,000 agentes policiales, militares y privados, apoyados por equipos de tecnología de punta. Según analistas políticos como Leonardo Barreto, “la violencia -y no sólo de la policía, sino también de los anarquistas "black block" que intervienen en las manifestaciones- ahuyentó de las calles a gran parte de los que participaron en las protestas del año pasado: "La gente tiene miedo".

La activista Sandra Quíntela, de la Articulación Nacional de los Comités Populares de la Copa, señala que “la dura represión policial fue lo que frenó la ola de manifestaciones: Este es el gran legado de la Copa: la militarización". La vocera del activismo social brasilero destacó que “las fuerzas de seguridad ocuparon un perímetro de 3,5 kilómetros alrededor de los estadios, lo que quitó visibilidad a los actos anti Mundial: Ello impide que las protestas sean escuchadas y, si no son escuchadas, no tienen la más mínima importancia, según el columnista del diario "Folha de Sao Paulo".

La guerra en la cancha

Ya en la cancha, el Mundial de Brasil no estuvo exento de violentas expresiones de emoción tribal. El mordisco del uruguayo Suárez, héroe o villano, nos recuerda la pasión deportiva rebajada a niveles de agresión psicopática. Mientras que fuera de la cancha el presidente uruguayo, José Mujica, calificaba de “hijos de puta” a los dirigentes de la FIFA que sancionaron al jugador charrúa expulsándolo del torneo.

Una reminiscencia violenta nos recuerda que el fútbol tiene mucho de significación bélica, que echa por tierra la idea de un encuentro entre pueblos que fomentan la paz. Un partido de fútbol detonó la guerra entre El Salvador y Honduras. Maradona reivindicó el honor argentino frente a los ingleses que habían invadido las Malvinas. Chilenos y peruanos reviven en los estadios los viejos odios heredados de la Guerra del Pacífico de 1879. No es una exageración decir que el futbol es la extensión deportiva de la guerra.

Entre mitos y verdades, el Mundial Brasil 2014 dentro y fuera de la cancha, no camufla con simbolismos una realidad donde prevalece un Brasil post moderno que se bate entre dos perspectivas: ser la economía emergente que podría ocupar un puesto entre las cinco más boyantes del mundo y vender la idea del mítico país donde la samba carioca, ni el rey de los deportes, logran camuflar el desolado paisaje de una nación que en su afán de mimetizarse en sí misma, soslaya la violencia y la miseria como signos de una realidad ineludible.    

LA AUTOCENSURA DEL HOY


Por Leonardo Parrini

Cuando una voz calla, por autodeterminación o por presión, no es motivo de alegrarse. Quienes creemos en la palabra lamentamos el cierre de la versión impresa del periódico quiteño HOY. No obstante, se puede calificar como un acto de auto censura la determinación de sus dueños, quienes manifiestan que “la gradual pérdida de las libertades y limitación de las garantías constitucionales que sufre el Ecuador, la autocensura que impone la vigencia de la Ley de Comunicación, los ataques reiterados directos e indirectos a la prensa que no controla el Gobierno, han generado, desde hace más de siete años, un escenario totalmente adverso para el desarrollo de un diario plural, libre, independiente, abierto a las distintas corrientes de opinión”.

La explicación se convierte en declaración de guerra, en el marco de la beligerante relación existente entre la prensa y el régimen de Rafael Correa. Luego de 32 años los directivos del HOY deciden sacar del aire al matutino aludiendo a que “esta transformación ubica al Diario en el camino por donde empiezan a transitar todos los medios escritos en el planeta, hacia el mundo de interacción con los lectores, a través de las innovaciones tecnológicas y las redes sociales, la inmediatez del mensaje informativo y el análisis, la oportunidad y profundidad con que puede entregarse la opinión”. Esta puntualización atenúa el tono político de la declaración anterior y pone en el marco de la realidad los verdaderos motivos del cierre. 

En párrafos sucesivos la declaración señala que se mantendrá la versión on line renovada, y que “con la herramienta digital, podrá volver a utilizar las capacidades de investigación y análisis libre, que sustentan al periodismo honesto en una democracia”. Sinceramente  aspiramos a que así sea. Que no se calle la voz de un sector disidente de ecuatorianos que, con tono opositor, ponen la necesaria cuota de diversidad informativa y contraste de fuentes que tanto falta le hace al periodismo ecuatoriano. 

No resulta fácil despojarse de las envestiduras políticas a la hora de empuñar una pluma, lo entendemos. Pero los directivos del HOY, tanto como sus colaboradores, tienen claro que hacer periodismo es transitar un andarivel distinto al de un actor político que, con todo derecho, tiene la prerrogativa de la libre expresión. Las voces disidentes siempre serán necesarias como una forma de profundizar la democracia, como otra expresión de la convivencia plural y diversa que son el signo de las sociedades post modernas. 

Ahora, de directivos, redactores, reporteros y colaboradores del HOY dependerá que se cumpla una promesa que se desliza entre líneas: mantener el “servicio honesto, transparente, directo y frontal de Diario HOY”. Esa actitud deberá prevalecer por sobre los ánimos de beligerancia motivados por el “repudio a imposiciones, dictaduras y  autoritarismos y de defensa de la democracia  y las libertades”, para dar paso en la práctica a un periodismo también responsable, propositivo, diverso y plural.

Si fueron razones políticas o económicas las que motivaron el cierre de la versión impresa, es de esperar que la versión on line del periódico quiteño haga realidad esa “firme filosofía de servicio al país”, que proclaman los directivos del HOY. En tanto, condición indispensable de aquello, será participar en el libre juego de ideas imperante en el país, desde una mirada crítica, pero positiva, libre de alusiones particulares para ir a un debate nacional serio y orientador de la opinión pública.

lunes, 23 de junio de 2014

¿LA COMUNICACIÓN, UN DERECHO?


 Por Leonardo Parrini

A un año de promulgada la Ley de Comunicación en el Ecuador una campaña de difusión oficial quiere vender las bondades de la ley. Y lo hace apelando a una Idea-Fuerza central: la comunicación es un derecho. ¿De quién o de quiénes? La comunicación así concebida, debería ser un derecho humano comunitario, pero los derechos colectivos no son gratuitos, cuestan dinero alguien tiene que financiarlos en su ejecución como prerrogativa social. Y para que  no existan equívocos, se trata del derecho a la libertad de expresión que garantiza que todas las personas tienen la posibilidad de expresarse y opinar libremente de cualquier forma y por cualquier medio.

Otro de los derechos consagrados en la ley es el derecho colectivo de la sociedad a estar debidamente informada. Derecho a la prohibición de censura previa, es también una de las prerrogativas que asigna la ley, en el entendido que está prohibida dicha censura  por parte de la autoridad, funcionario público, accionista, socio, anunciante o cualquier otra persona que en ejercicio de sus funciones o en su calidad revise, apruebe o desapruebe los contenidos previos a su difusión a través de cualquier medio de comunicación. Todas las personas tienen derecho a que los medios de comunicación rectifiquen la información que han difundido sobre ellas, sus familiares o sobre los asuntos a su cargo, cuando existan deficiencias en la verificación, contrastación y precisión de la información de relevancia pública. 

Si la comunicación es concebida como un servicio público, debería ser regulada por el Estado como los demás servicios públicos, para “asegurar la satisfacción del interés social”. La comunicación, en primer lugar, es un bien público, patrimonio de una sociedad democrática. Un bien público se antepone al bien privado, por definición de esa misma democracia. Si la comunicación es un derecho humano, esos derechos prevalecen como derechos colectivos, es decir, la comunicación debe ser un derecho protegido y un servicio garantizado con calidad y oportunidad, del mismo modo con que la ley exige cumplimiento a cualquier otro servicio público.  

En términos estadísticos, durante el primer año de vigencia la aplicación de la Ley de Comunicación registra una denuncia por linchamiento mediático, 5 amonestaciones a medios informativos, 2 disculpas públicas, 122 denuncias, 22 de ciudadanos y el resto de instituciones; 25 amonestaciones, 3 demandas por insconstitucionalidad. Actualmente se realiza una radiografía a 31 medios impresos, 9 canales de televisión y 122 radios.  


Sin recursos no hay derechos

Nueve son los derechos contemplados en la Ley de Comunicación. Derecho a la información, al respeto y a la honra, a la privacidad y a la transparencia. Protección de grupos vulnerables, el acceso igualitario a los medios y el derecho a la participación ciudadana y derecho al ejercicio pleno de su actividad profesional del comunicador con protección laboral. Pero, por ejemplo, hay hechos contradictorios: El uso de frecuencias privadas, públicas y comunitarias, según la nueva ley, debe ser repartido en 33% igualitario. Actualmente existe un desequilibrio a favor de la empresa privada en un 85%. Hoy día la ley ordena que un tercio de las radios sean comunitarias. La realidad indica que eso supone presupuestos, auspicios e inversiones que no son rentables, sino amortizables en el tiempo y que el factor riesgo en ese tipo de inversión es alto, puesto que la recuperación podría ser lenta o simplemente no existir. Ahí ya se ha conculcado un derecho por falta de recursos materiales, un hecho que forma parte de la realidad inmediata de cientos de comunidades que no pueden financiar un proyecto de radio comunitaria. 

Otro aspecto donde la ley sigue siendo una declaración teórica, se relaciona con el manejo de fuentes. En un balance después de un año de promulgada la ley, se advierte que la Infodiversidad es una realidad ausente en los medios regulados por la ley de comunicación. Si bien la ley no habla de esta categoría, es un imperativo ético reconocer la diversidad de versiones frente a un hecho, y ejercer el contraste de fuentes originaria de dichas versiones. Pero esto dista mucho de ser ese ejercicio real, incluyente, consensual y solidario que invoca el espíritu de una ley incumplida desde el aspecto de la diversidad informativa. En tal sentido, la ley de comunicación se mantiene como derecho solo a nivel de los usuarios profesionales de la comunicación, pero no incide en la vida cotidiana de las personas de una comunidad.

No deja de ser sintomático que el discurso central de una campaña sobre una ley que consagra derechos sea, precisamente, recordarnos como una vieja melodía que la comunicación es un derecho. Para que la comunicación sea un derecho verificable en la práctica consuetudinaria de la comunidad, debería estar articulada a los proyectos de desarrollo social de una comunidad. Y esas son palabras mayores, porque implica definir la fuente de financiación de esos proyectos, la administración de los mismos y el tipo de beneficiarios. En síntesis, si la comunicación es un derecho humano, debería garantizarse en la misma ley de que aquello se cumpla, pero la garantía de cumplimiento está y estará siempre en la participación y vigilancia ciudadana.