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jueves, 12 de febrero de 2015

NI DE CHISTE


Por Leonardo Parrini

Una cosa es el humor otra es el escarnio, sinónimo de innobleza. El sentido del humor es esa otra capacidad que empieza con la valentía de reírse de sí mismo y que no tiene parangón con la mofa rastrera disfrazada de chiste. La caricatura del dibujante ecuatoriano Xavier Bonilla, Bonil, abrió una polémica entre el derecho a la libertad de expresión y la actitud discriminatoria de quien hace uso de un medio impreso -y que se vale de un texto montado a una fotografía- para aludir, socarronamente, a la condición socioeconómica del ex seleccionado nacional de fútbol Agustín Delgado, hoy asambleísta del bloque oficialista.

El dibujante Bonilla fue denunciado al Consejo de Regulación de la Comunicación (Cordicom) por organizaciones de afroecuatorianos por discriminación racial, figura sancionada en la Ley de Comunicación vigente en el país. El Consejo, acogiendo la denuncia, se pronunció en un informe técnico, en el que concluye “que hay discriminación por condición socioeconómica, debido a la referencia peyorativa que, en general, se hace de los pobres y, en específico, sobre el origen del asambleísta Agustín Delgado. El humor transfigurado en distinción inferiorizante puede perpetuar las diferencias sociales y menoscabar el derecho de las personas”.

La mencionada publicación de Bonil señalaba textualmente junto a una foto del futbolista Delgado, mientras éste daba lectura a un discurso en la Asamblea Nacional: “Com…con…m…mi…diii…scurso todos diccen pobretin, pobretin. ¡Pero con mi sueldo de asambleísta nadie dice pobretón, pobretón!” El juego fonético de la frase que alude al diminutivo de Tin, con el que es conocido el futbolista, es considerado discriminatorio por cuanto se burla de la lectura entrecortada que hiciera el asambleísta Tin Delgado en una reunión plenaria al tartamudear mientras leía el texto. El doble escarnio, por el origen humilde del futbolista que ahora accede a un sueldo que le permite vivir sin los apremios de su infancia, y por la deficiente lectura que Delgado hizo de un discurso, se convierte para el Cordicom en leiv motiv, en condumio de una burla de corte segregacionista.

¿Qué hace que un talentoso dibujante se mofe de un profesional del fútbol ecuatoriano, cuyo origen en las barriadas del Chota, en el norte del país, conoció la marginalidad y postergación socioeconómicas? Seguramente la frase tiene una hilarante carga de humor al burlarse de la condición paupérrima de un ser humano al que se le negó el derecho a la educación en su infancia. El Cordicom aclara al respecto: “La desigualdad estructural impidió que ciertos grupos sociales no accedieran a satisfacer ni siquiera las necesidades básicas y tampoco pudieran ejercer sus derechos fundamentales a la salud o la educación. Este escenario no es de burla, sino de vergüenza para un Estado que negó esas oportunidades”.

Cierto es que el prejuicioso sentido de rechazo a todo lo que huela a oficialista, la intolerancia ideológica de no aceptar la realidad política vigente en el Ecuador, da pábulo al caricaturista Bonil para esbozar una caricatura de sí mismo, declarándose enemigo y perseguido de un régimen que ha demostrado, por lo demás, un permanente conflicto con los medios informativos opositores. Esa forma de practicar la política, amparado en el derecho a la libre expresión aún vigente en Ecuador, se convierte en una provocación para generar un hecho mediático de trascendencia incluso internacional. En este mismo contexto, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) publicó este 12 de febrero su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2015. En el informe Ecuador, ubicado en el puesto 108, retrocedió 13 puestos. Este retroceso –señala la información- se debería a "Ley Orgánica de Comunicación (LOC) que mostró rápidamente sus limitaciones. “La rectificación forzada de información se ha convertido en un modo de censura institucionalizada", según la organización internacional.

Lenin decía que el humor es revolucionario cuando transforma la realidad develando aspectos que, de otro modo, pasarían desapercibidos u ocultos, para suscitar la reacción de los públicos hacia el cambio social. En el caso de Bonil, su humor es reaccionario porque se opone en el fondo a un proceso político –que, gústele o no- refleja la voluntad mayoritaria del país y que se sustenta sobre una Constitución que ampara, incluso, el derecho del señor Bonilla a burlarse de sus semejantes, bajo una libertad de expresión plenamente vigente. Es hora de hablar en serio y rechazar los malos humores que alientan posiciones de discriminación entre los habitantes de este país. Como, seguramente, a la mayoría de los ecuatorianos, ni de chiste me causa risa esta situación.

sábado, 1 de febrero de 2014

BONIL: ¿QUÉ TIENEN DE CHISTE SUS CARICATURAS?



Por Leonardo Parrini

El humor es revolucionario, decía Lenin, o es una caricatura de la realidad, agregamos nosotros. En esta frase suscitadora -contra la corriente-, sintetizamos el sentido de humor que (nos) caracteriza a mucha gente: saber reír con humor es una forma de transformar la realidad, verle el (sin) sentido opuesto. Ese sentido del humor le faltó al Presidente Rafael Correa y a la Supercom, al momento de objetar y sancionar la caricatura del dibujante Xavier Bonilla, Bonil. La sanción es la primera que aplica la Ley Orgánica de Comunicación y supone que Bonil está, de ley, obligado a rectificar en el mismo espacio de su caricatura; mientras que, el periódico guayaquileño El Universo, deberá pagar el 2% de sus ingresos promedios trimestrales últimos.

La caricatura en cuestión, publicada el 28 de diciembre anterior en ese periódico, se refiere al allanamiento efectuado al domicilio del ex sindicalista petrolero, Fernando Villavicencio, bajo cuyo dibujo de la fuerza pública retirando computadores de una casa, se leía: “Fiscalía y Policía allanan la casa de Fernando Villavicencio y se llevan denuncias de corrupción”. La frase atribuida a Villavicencio no fue citada entre comillas por Bonil, lo que hace suponer que la suscribe en su totalidad como de su autoría, expresión que motivó la sanción de la Supercom por considerarla “mentirosa”. La caricatura pretende evidenciar una “inducción a considerar que la actuación de la Fiscalía con el apoyo de la fuerza pública fue realizada con engaño y con violencia en sus procedimientos”, según las autoridades.

Es probable que ese día 28 de diciembre, si Bonil decía que era una “broma de inocentes”, no pasaba nada. Pero pasó: La Supercom sanciona al periódico guayaquileño “por no abstenerse de tomar posición institucional sobre la inocencia o culpabilidad de una persona que está involucrada en la indagación previa aludida en la caricatura y en el texto de la misma”. Y a ‘Bonil’ “por cuanto la afirmación que hace en su contenido no corresponde a la realidad de los hechos y estigmatiza la acción tanto de la Fiscalía General del Estado, como de la Policía Judicial”. La acción se ampara en el artículo 10 de la Ley de Comunicación que habla de las normas deontológicas y se aplica en este caso, porque la caricatura en su “forma de presentar el hecho deslegitima la acción de las autoridades y la caricatura apoya la agitación social”, según las autoridades.

Caricatura en cuestión
 
¿Quiso Bonil provocar esa acción deslegitimadora con su dibujo, o era un chiste, nada más? Sabemos que la caricatura que nació como género en Bolonia, Italia, significa caricare: cargar, exagerar. Es decir, es un dibujo que “exagera o distorsiona la apariencia física de una persona o varias, en ocasiones un retrato de la sociedad reconocible, para crear un parecido fácilmente identificable y, generalmente, humorístico. Pero, ¿Qué es, exactamente el humor?

"En una broma se puede decir hasta la verdad", señala Freud. Esta afirmación del maestro del psicoanálisis sugiere “la relación del sentido del humor con cierta dimensión de la verdad”. La excusa de "lo dije en chiste" o bien "de mentira", suele ser el “artilugio propio del discurso corriente para desmentir, precisamente, esa implicancia: la de una verdad que puede ser dicha por la mentira, en chiste”. Por esto la función del caricaturista lo ubica, de modo habitual, en el ejercicio solitario e individual de la oposición, antes que en la militancia partidista, lo cual lo convierte en presa fácil de la represión del poder.

Bajo el supuesto de que el humor todo lo puede o todo lo debe, escudándose en que es una deformación cómica de la realidad, Bonil ha manifestado: “Seguiré dibujando y seguiré sonriendo”. Esta actitud contra lo establecido, bajo la apariencia de humor, le costó la cárcel a un dibujante boliviano. Un fiscal en Bolivia pidió seis años de prisión para el dibujante callejero Johnny Vallejos -que ya está detenido-, por hacer una caricatura de Evo Morales con una nariz de Pinocho, cosa que no le hizo mucho chiste al Presidente, en una reacción que es calificada como propia “del MedioEvo”.

¿Dónde nace y hasta dónde llega el sentido del humor’?

Según la teoría hipocrática, no existe el humor, sino cuatro humores: sanguíneo, flemático, melancólico y colérico que conforman los estados de ánimo de las personas. Por lo general, se asimila el buen o mal humor como un estilo del carácter; pero, en realidad y dicho en rigor, para Lacan, el mal humor es el afecto propio de "un cuerpo que no encuentra alojamiento en el lenguaje, al menos no de su agrado". Otra cosa es tener sentido del humor, es decir, de lo cómico.   

El régimen ha dicho que quiere “profundizar la democracia”. Hacer de ésta un ejercicio de libertad, de participación y diálogo directo entre el poder y el pueblo. Convertir esa participación en espacios de reivindicación social: eso es la democracia directa. ¿Está haciendo uso de esa prerrogativa el caricaturista Bonil, o, entre chiste y chiste, quiere acabar con el régimen que le incomoda en su libre albedrio?

En ese preciso sentido, nos preguntamos si Bonil es un humorista o un agitador social. Bonil, más allá de rectificar, debería aclarar si habló en serio o era chiste, no más. Si realmente quiere que se levante la subversión en contra del régimen de la revolución ciudadana o quería hacernos reír, inocentemente, con un tema tan puntudo.