GRANDES TEMAS - GRANDES HISTORIAS

E c u a d o r - S u d a m é r i c a

viernes, 11 de septiembre de 2015

HOMENAJE A SALVADOR ALLENDE

 

Un día como hoy, el martes 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende Gossens, Presidente Constitucional de Chile, moría en el Palacio de la Moneda combatiendo contra la arremetida, por aire y tierra, del Ejército chileno, durante el golpe de Estado más cruento de la historia de la humanidad. El Presidente mártir ofrendó su vida a la causa de la revolución y con su ejemplo marcó un derrotero de dignidad y consecuencia política para el futuro de las generaciones venideras.

Hoy al conmemorar 42 años de ese suceso, LAPALABRABIERTA rinde homenaje al dirigente de la Revolución chilena en la voz de tres grandes latinoamericanos: Eduardo Galeano, Pablo Neruda y Gabriel Garcia Márquez. Tres voces imperecederas, testigos de nuestro tiempo, que relievan la figura y memoria de Salvador Allende con palabras que permanecen grabadas en el atrio de la historia de la patria grande.  

SALVADOR ALLENDE EN LA MONEDA, EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973.
Por Eduardo Galeano

Por valija diplomática llegan los verdes billetes que financian huelgas y sabotajes y cataratas de mentiras. Los empresarios paralizan a Chile y le niegan alimentos. No hay más mercado que el mercado negro. Largas colas hace la gente en busca de un paquete de cigarrillos o un kilo de azúcar; conseguir carne o aceite requiere un milagro de la Virgen María Santísima.

La Democracia Cristiana y el diario «El Mercurio» dicen pestes del gobierno y exigen a gritos el cuartelazo redentor, que ya es hora de acabar con esta tiranía roja; les hacen eco otros diarios y revistas y radios y canales de televisión. Al gobierno le cuesta moverse; jueces y parlamentarios le ponen palos en las ruedas, mientras conspiran en los cuarteles los jefes militares que Allende cree leales.

En estos tiempos difíciles, los trabajadores están descubriendo los secretos de la economía. Están aprendiendo que no es imposible producir sin patrones, ni abastecerse sin mercaderes. Pero la multitud obrera marcha sin armas, vacías las manos, por este camino de su libertad. Desde el horizonte vienen unos cuantos buques de guerra de los Estados Unidos, y se exhiben ante las costas chilenas. Y el golpe militar, tan anunciado, ocurre.

Le gusta la buena vida. Varias veces ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir. Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire. Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por radio, por última vez: Yo no voy a renunciar…

Una gran nube negra se eleva desde el palacio en llamas. El presidente Allende muere en su sitio. Los militares matan de a miles por todo Chile. El Registro Civil no anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el general Tomás Opazo Santander afirma que las víctimas no suman más que el 0,01 por 100 de la población, lo que no es un alto costo social, y el director de la CIA, William Colby, explica en Washington que gracias a los fusilamientos Chile está evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que el llanto de las madres redimirá al país. Ocupa el poder, todo el poder, una Junta Militar de cuatro miembros, formados en la Escuela de las Américas en Panamá. Los encabeza el general Augusto Pinochet, profesor de Geopolítica. Suena música marcial sobre un fondo de explosiones y metralla: las radios emiten bandos y proclamas que prometen más sangre, mientras el precio del cobre se multiplica por tres, súbitamente, en el mercado mundial.

El poeta Pablo Neruda, moribundo, pide noticias del terror. De a ratos consigue dormir y dormido delira. La vigilia y el sueño son una única pesadilla. Desde que escuchó por radio las palabras de Salvador Allende, su digno adiós, el poeta ha entrado en agonía.













MI PUEBLO HA SIDO EL MÁS TRAICIONADO DE ESTE TIEMPO
Por Pablo Neruda

De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende, para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras.

Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. Jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo.

Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza. Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados.

Unos u otros daban vueltas en el carrusel del despecho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de “Patria y Libertad”, dispuestos a romperles la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín, algo manchado de sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei quien ofrecía su partido demócrata – cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice.

Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenían preparados los viveros del acaparamiento, los “miguelitos”, los garrotes y las mismas balas que ayer hicieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquil, en Salvador, en Puerto Montt, en la José Maria Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernán Mery bailaban con naturalidad santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos “pequeños detalles”.

Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera.

Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras. Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares.

En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos “aristócratas”. Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores.

Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante sé vio rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo.

El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado.Aquel presidente estaba condenado a conducirse como iluminado, como un soñador: un sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las concesiones; para los criollos las coimas.

Recibidos los treinta dineros todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la City de Londres.

Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el anti dictador, el demócrata principista hasta en los detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra de que realizó en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aún, es la más importante en la historia de Chile.

Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva. Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación.

El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del Palacio de Gobierno; uno evoca la Blitz Krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante siglos fue el centro de la vida civil del país.

Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras de visible suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A reglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el Presidente de la República de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su corazón, envuelto en humo y llamas.

Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque nunca renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en si misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las metralletas de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile.”









LA VERDADERA MUERTE DE UN PRESIDENTE
Por Gabriel García Márquez

La contradicción más dramática de su vida fue ser al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa. La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.
Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública. Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios, logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano. Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: Traidor y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil. La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara. Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumada y encuentros furtivos. Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

jueves, 10 de septiembre de 2015

LA CIRUELA SIN EDAD

Por Leonardo Parrini

¿Un buen recuerdo vale más que la realidad, como dice Cortázar? Esta interrogante pende de esa historia que es el ramillete de historias que transitan la vida de nueve mujeres en La Edad de la Ciruela. Una metáfora del tiempo sin medida de tiempo -en la deliberada ambigüedad de la evocación poética- la obra de Arístides Vargas de rotunda vigencia, nos sitúa frente a nuevos bordes de ese implacable ir y devenir de la vida. 

Un tiempo congelado en la evocación. Un pretérito recreado en los recuerdos. Todo confluye sobre las tablas, mientras los personajes devienen unos a otros con cambios de caracterización en el mismo escenario. La tía sonámbula, la criada, la madre, las hermanas protagonizan una trama de mujeres un poco chaladas, un poco solas, un poco ridículas, que ponen en tensión el músculo de la memoria en el ejercicio de la nostalgia. 

Dos hermanas escriben cartas porque la madre está próxima a morir, se abren así las grietas de la memoria y comienzan a fluir las vivencias pretéritas en la forma de añoranza. Un tiempo juzgado en el rigor de la recreación que les permita a las mujeres protagonistas ser lo que no fueron.

Los protagonistas

Arístides Vargas, argentino de Córdova se radica en Ecuador en 1978, exiliado luego de sufrir persecución por las dictaduras argentinas en la década de los 70. Luego de los vaivenes que demanda todo desarraigo, comienza su labor dramatúrgica en el país y funda el grupo Malayerba. En la convicción de su autor -Arístides Vargas-, La Edad de la Ciruela se la puede “juzgar desde una perspectiva técnica, pero es incuestionable desde el punto de vista ético”, en una propuesta que reivindica la condición femenina simbolizada en la piel de la ciruela. Un aliento dramatúrgico caracterizado por una profunda percepción del sentimiento femenino, en el tono de un lirismo sobrio que permite emerger la belleza de un texto finamente urdido en una poética mayor.  

Con un record de más de 600 puestas en escena desde 1996, la obra del dramaturgo argentino vuelve a las tablas quiteñas encarnada por Rossana Iturralde y Nadyeszhda Loza de Corporación Teatral Tragaluz en la sala Mariana de Jesús de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en Quito. Para la actriz guayaquileña, Rossana Iturralde, la puesta en escena de la obra sigue siendo la misma. “Nunca tuve la intención de cambiar el concepto de la puesta en escena tal y como fue concebida…por lo tanto he respetado y respetaré esa premisa hasta el último día que haga esta obra…además de tener una relación muy fuerte con La edad de la ciruela precisamente por lo que originalmente fue”.

La intensidad de su actuación, fundida en el sentido existencial de los personajes, convierte a Iturralde en una de las más destacadas protagonistas de esta obra ya clásica de la dramaturgia latinoamericana. En ese intercambio de vivencias, la actriz reflexiona en torno a su rol: Me he preguntado durante mucho tiempo si es el actor que se apodera de los personajes o son los personajes que se apoderan del actor…la respuesta es más simple de lo que parece y es que los personajes son como fragmentos de uno mismo…es la técnica que conozco y la que más se acerca a lo que yo creo que es la esencia de la interpretación. Cuando el actor se enfrenta a la creación, en particular al descubrimiento de los personajes, termina atrapado en sus propias redes interiores.

Atrapamiento que asimila el trabajo de teatro como una poética de los sueños, como ha significado el dramaturgo chileno Marco Antonio de la Parra: La poética de los sueños es el momento en el que todos hacemos teatro. Jugamos con nuestro mundo de memoria más íntima, más profunda y la reinventamos. El asombro que tiene una obra de teatro, en los sueños nunca nadie se aburre, en los sueños siempre está el encanto, el hechizo, aunque no esté la comprensión, pero si está la perplejidad y el asombro, el misterio que es parte fundamental del teatro. Como ha reflexionado Arístides Vargas, en el nombre está el estigma, La Edad de la Ciruela es la edad del tiempo, sin tiempo, mientras perdure en la evocación aquel ejercicio volátil de la memoria. Precisamente es ese devenir del tiempo el que conjura el retorno de esta poética singular, esta ética de la vida, en esta edad de la ciruela donde los recuerdos y los sueños desafían a la realidad.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

FRACTALES

Por Edgar Allan García

TRES POEMAS
 
RIO BRAVO

Dejemos en paz de una vez por todas
al viejo Heráclito y su “no se puede
pasar dos veces por el mismo río”
Abandonemos la cita tergiversada
de quien pocas veces se bañaba en parte alguna

salvo quizá en el oxímoron que aún fluye
hacia atrás y hacia adelante al mismo tiempo
(en Delfos se decía que bajo la toga
su cuerpo escuálido era como el betún
aunque su cabeza era una jaula de luciérnagas
que alumbraba las cálidas noches del mar Egeo)
Volvamos más bien la vista hacia el norte
y a los que –sin haber leído los aforismos
del sabio de Efeso- todos los años
cruzan hasta mil veces el mismo río
Son los que se ahogan y vuelven a cruzar
los abaleados que insisten en llegar a la otra orilla
los que sin sospechar que “en los mismos ríos entramos
y no entramos puesto que somos y no somos los mismos”
insisten en zambullirse buscando la tierra sin frontera.


 MICHAUX


“Hombre de una sola fe -gritó Michaux
a los alguaciles- Deben husmear en mí al hereje”
acechar al que nunca ha cazado con ustedes
al que ha insistido en beber del cáliz inmundo
y se valió del puñal para dibujar en las murallas
Deberán quemar mi cuerpo sin alas
coronado con cuernos de agave
Arrojarme a las brasas por atisbar
más allá de la obstinación del círculo
por cabalgar sobre mi propio extravío
con los belfos manchados de interjecciones
Han de saber que
en el canto de mi cólera
tiembla un huevo de monstruo
Regalo de brujo para repoblar el mundo.


HÖLDERLIN

Los locos caminamos para atrás
(que es lo mismo que para delante)
Y también hacia la bruma
(igual que a ningún lado)
Y llegamos
antes
(o sea después)
para no decir nada que la gente no sepa
(pero también callamos o aullamos incoherencias)
La verdad (pensamos) tiene algo de gutural
De salto al vacío de espanto lúcido de ráfaga púrpura
La verdad (gritamos) es una cáscara que pocos se atreven
a romper: su olor se esparce su telaraña une lo disperso
las máscaras caen y sobreviene el desconcierto
La desnudez es obscenidad (dicen los cuerdos)
no lo que se pudre bajo la túnica no lo que se agusana
tras las cortinas cerradas no lo que supura en la oscuridad
¡Atrás todopoderosos creadores de materia sin sangre!
¡Atrás amaestrados cuidadores del hueso venidero!
La desnudez (lo juramos) es una bandada de pájaros rojos
un niño desahuciado que de pronto se incorpora
y se echa a andar.
 

FRACTALES,  Premio Pichincha Poesía 2015

Premiación: FCE Centro Cultural Carlos Fuentes
Viernes 18 de septiembre, 17h00
Wilson y Av. 6 Ddiciembre

martes, 8 de septiembre de 2015

SIRIA: UNA LEYENDA NEGRA

Por Leonardo Parrini

Una imagen dice más que mil palabras. Pero las palabras suelen ocultar el significado de las imágenes. Este es el caso de la fotografía de Aylan Kurdi, el menor sirio encontrado en una playa turca, manipulada con fines sensacionalistas por la prensa internacional. Los integrantes de la familia de Aylan habían pedido asilo en Canadá, donde vive desde hace más de 20 años la hermana del padre, pero se los denegaron el pasado junio. Luego de eso, las Naciones Unidas no los reconocieron como refugiados y el gobierno turco no les daba la visa para salir de Siria.

Nada se dice de la situación interna de Siria, país árabe ubicado en la costa occidental mediterránea, sumido hoy en una guerra civil, cuyas causas ocultan las agencias de noticias. La estratagema responde a la necesidad política de manipular con sentimentalismos a la opinión pública mundial, para desviar la atención de lo que verdaderamente ocurre en Siria y generar corrientes de opinión contrarias al régimen de Bashar Al Assad.

La prensa oculta el hecho de que el éxodo de sirios responde al terror impuesto por los grupos rebeldes -opositores al régimen sirio-, que tienen colapsado al país. Dichos grupos fueron creados por los servicios de inteligencia foráneos y están siendo entrenados, armados y alimentados por musulmanes occidentales que exterminan a miles de cristianos. La estrategia mediática internacional consiste en fortalecer la tesis occidental de crear un villano en Siria –Bashar Al Assad-, para desviar la atención del verdadero conflicto sirio que se explica por la permanencia de organizaciones terroristas financiadas por organismos externos.

Los rebeldes sirios y el Estado islámico, tienen al país en jaque, mientras los servicios de inteligencia, británicos y norteamericanos, operan en la mira de derrocar al gobierno sirio creando varios frentes bélicos internos. Para Guadalupe, una misionera argentina residente en el país árabe, "en Siria se vivía muy bien, no tenía deuda externa, es un país con riquezas naturales. Estas guerras ¿son realmente guerras que empiezan por problemas reales o son una excusa para la venta ilegal de armas? Esta guerra no surgió en la calle".


Lo que ocultan de Siria

Siria tiene una población de 20 millones de habitantes, la mayoría de los cuales habla árabe y en su territorio habitan etnias –sunnitas, alawitas y chiitas-, junto a refugiados palestinos y minorías turcas y kurdas. El régimen de Bashar Al Assad, perteneciente a una familia de la orientación tolerante Alawi del Islam, ha adoptado una serie de medidas expresadas en políticas públicas que cuentan con una “aprobación popular”.

Siria, en términos económicos, tiene una reserva de petróleo de 2.500 millones de barriles, cuya exportación está reservada a las empresas estatales que siguen siendo propietarias de los recursos naturales hidrocarburíferos. Siria es el único país árabe que no tiene deudas con el Fondo Monetario Internacional ni con el Banco Mundial y en su territorio no existe Banco Central Rothschild.

La política del país se caracteriza por un clima democrático, según observadores, con una Constitución laica que se opone al extremismo islámico y que garantiza los mismos derechos de mujeres y hombres al estudio, salud y educación. Las mujeres no están obligadas a llevar burkas, y los cristianos -10% de la población- son respetados en la vida política y social del país.

La cultura siria se aproxima, como ningún otro país árabe, a las costumbre occidentales. La historia incluso registra cinco Papas de origen sirio, lo que habla de la vigencia de la tolerancia religiosa existente en ese país. El Estado sirio, no obstante, se opone al sionismo y al apartheid i­sraelí. La situación beligerante de la zona aledaña, ha impulsado a Siria a ser país receptor de refugiados iraquíes.

La manipulación de la prensa internacional sobre la situación de Siria, incluye el silencio de los hechos realmente existentes y la creación de una leyenda negra, con fines políticos en favor de los intereses capitalistas de las potencias occidentales. De este modo, la “crisis migratoria europea” es sistemáticamente usada por las agencias internacionales con fines propagandísticos. Prueba de ello es la exhibición de la imagen del niño sirio inerte en la playa, cuya muerte debe avergonzarnos tanto como su mediática e indignante manipulación.