GRANDES TEMAS - GRANDES HISTORIAS

E c u a d o r - S u d a m é r i c a

martes, 24 de agosto de 2010

ESTAMOS BIEN EN EL REFUGIO, LOS 33

Por Leonardo Parrini

Estamos bien en el refugio, los 33. Siete palabras que hicieron estallar de júbilo a diecisiete millones de chilenos cuando, después de dos semanas de búsqueda, los equipos de rescate lograron ubicar con vida a los mineros de un yacimiento de cobre y oro, literalmente tragados por un derrumbe en el socavón de 700 metros de profundidad. Como prueba de vida los mineros pintaron la punta del martillo de la sonda que alcanzó el refugio donde se encuentran.

La odisea aun no termina para los treinta y dos mineros chilenos y un boliviano que permanecen con vida en un refugio de la mina San José, ubicada en el desierto de Atacama, 800 kilómetros al norte de Santiago. El accidente deja en evidencia que Chile, país telúrico y cuprífero, ha mantenido siempre relaciones duras, sin ambages, con una naturaleza generosa, pero agreste y violenta.

Ubicado en la cornisa que forma la cordillera de los Andes frente a la fosa marina del Pacifico sur, Chile se extiende como territorio rico en recursos naturales extraídos con el trabajo persistente de una clase obrera, doblemente persistente en sus propósitos de sobrevivencia. Acaso es esa persistencia proletaria simbolizada en el minero Mario Gómez de 63 años, líder de sus compañeros, que ha derrochado inteligencia, tesón y valentía, lo que permite mantener con vida a los trabajadores atrapados. La batería extraída de una camioneta que se encontraba en el socavón obstruido, es su única fuente de luz. Un ducto de agua que fue restablecido por los propios mineros les permite luchar contra la mortal deshidratación, mientras que un canal de aire habilitado por los ingeniosos obreros con una de sus maquinas de trabajo, los mantiene vivos.

Una dura lección

A la luz de estos hechos la industria minera chilena extrae evidentes falencias que deben servir de paradigma en las urgentes transformaciones que ameritan las relaciones laborales en el país. El Gobierno de Piñera anunció medidas; un régimen dirigido por empresarios que empiezan a enterarse, en la cruda realidad, que Chile está lejos de ofrecer garantías técnicas y sociales para sus trabajadores. Mientras que el país, eufórico por la noticia de sobrevivencia de los mineros, ya ha empezado a movilizarse exigiendo dignidad en las condiciones de trabajo.

El rescate de los mineros se proyecta todavía unos tres a cuatro meses, puesto que es necesario introducir una sonda más ancha que permita extraer a los trabajadores atrapados. Mientras tanto, se anuncian juicios a la empresa minera de Marcelo Kemeny y Alejandro Bohn, por presuntas faltas de seguridad industrial. ¨Yo creo que simplemente no se hacía topografía, porque él solo (el gerente) no podía hacerlo, tenía que tener ayudante, pero no podía tener ayudante porque no le daban el dinero para contratarlo", manifestó Vicente Tobar, ex Jefe de Prevención de Riesgo de la mina.

En Chile se dice que no hay mal que por bien no venga. La tragedia de la mina atacameña confirma que la seguridad industrial en Chile debe ser tecnológica y administrativamente mejorada. El país debe aprender de esta lección. Con una loca geografía y una historia tenaz, Chile se enfrenta en lucha sin cuartel a las dos grandes contradicciones humanas: la del hombre consigo mismo y del hombre con la naturaleza que otorga, pero que también factura un alto precio.

Las treinta y tres banderas chilenas que ondean en lo alto del monte junto a la mina, simbolizan la vida de esos treinta y tres héroes del trabajo. Su ejemplo deberá ser un factor de cambio real en un país habituado a la superación de tragedias sociales y naturales, experiencias que engrosan el tenaz comportamiento de los chilenos frente a la adversidad.

jueves, 15 de julio de 2010

QUE FALTA NOS HACE LA TRI

Foto El Comercio
 
Por Leonardo Parrini

Cualquiera que concurra a la programación de los canales de televisión, y también a la “gran” prensa escrita, le ha llamado la atención durante la brega mundialista, la ausencia en ellas de nuestra cruda realidad. Obnubilados con los golazos de los delanteros estrellas y las tapadas magistrales de los guardametas mundialistas, nuestra realidad es una ameba al lado de esa rutilante muestra de desarrollo deportivo.

Y sin embargo, los grandes “temas” de nuestra realidad doméstica no nos faltan. Se discuten una ley de comunicación y otra de educación superior que no terminan de promulgarse; ahí están los 400 mil compatriotas sin empleo, en fin, un panorama económico de crisis en sordina, que se rumora bajito, pero se siente.

En medio de nuestra realidad real y nuestra realidad mediática, ¡qué falta nos hace la Tri!, postergada hoy a un imaginario de frustraciones y de incertidumbres deportivas, a falta de un conductor técnico y de un plan de trabajo de cara a Brasil 2014. La Tri era un factor de certeza en este desconcierto endémico de país dividido por contradichos internos y diplomacias babosas que nos aíslan más y más. 

Sin caer en pedantes elucubraciones sociológicas, es útil y, aun más, necesario, considerar las demostraciones de fervor deportivo como una suerte de “unidad nacional”. Tal vez, habría al menos que preguntárselo, ¿está la gente necesitada de “momentos” en los que se identifique con el más amplio espectro de “los suyos”? Momentos en que se quiera, efectivamente, ser parte de un cuerpo social homogéneo y se aferre al primer símbolo que hable de una identidad compartida.

Echan de menos algunos, y no carecen de razón, que para protestar por injusticias o resistir atropellos autocráticos que no pongan “las masas” tan encendido entusiasmo como el que en su oportunidad, hoy nostálgicos, mostramos por la Tri. Ahora que la patria enarbolada es de todos  ¡que falta que nos hace ese pedazo de patria, aun con sus sueños y frustraciones tricolores pintados en la piel del país!

 Es que sin duda el fútbol, en sus expresiones amateur y profesional, es un acto social, un escenario en el que se dan tanto identificaciones de grupos como diferencias que suelen llegar a extremos lamentables y aun repudiables. No obstante, están abiertas las esperanzas de nuevos triunfos deportivos y también, por qué no atreverse a ello, de nuevas y prontas causas criollas que congreguen a amplias masas en las que cada uno se identifique con un Ecuador realmente “de todos”.

sábado, 3 de julio de 2010

ADIOS AL FOTERO ILUMINADO


Foto Jose Julio Barberis.

Por Leonardo Parrini
En memoria de José Julio Barberis

Ya lo decía mi amigo Pedro Jorge Vera: uno lleva sus muertos vida adentro, pero la tuya José Julio, anda rondando las orillas de nuestro corazón atribulado, todavía incrédulo. Por tu temprana muerte y la insondable pérdida de tu maravillosa vida, amigo magnífico, tu ausencia aún no llega a lo profundo del espíritu. Recién en carne viva, y a flor de piel, rindo en tu memoria mi tributo doloroso y consternado.

Constructor de atmósferas memorables, la tuya fue una mirada siempre pura, transparente, de joven sensitivo e inteligente. De camarada generoso y dativo, de mirador de sueños y realidades que concebiste con la lucidez que te daba tu juventud briosa y tu honda sabiduría en ciernes.

En la travesía de tu hermosa amistad con nuestra familia y, en especial con mi hija Paula, aprendimos a quererte desde una entrañable conjunción de afectos y entendimientos; donde tú fuiste el capitán de un gesto grande, siempre dispuesto a brindarte como bondadoso copón de vino generoso.

A la juvenil luminosidad de tus años verdes, agregaste siempre el tono mayor de tu inteligencia, como una forma de ser y de estar en este mundo que entendiste como una algarabía en tu condición de cineasta y registrador de imágenes perdurables. Allí están las cumbres andinas donde un día obturaste, como un cazador, tu cámara de fotos; fotero lúcido registraste en la retina colectiva, la esencia misma del paisaje humano y natural de tu Ecuador amado.

Tu, cóndor alado, te empinaste por sobre la volcánica montaña ecuatorial para coronar tus sueños de aventura, donde nadie como tú para volver amar los riesgos y vivir peligrosamente tu condición de adolescente eterno. Pero a esa voladura juvenil sumaste la campana de tu risa, como alegría multiplicadora que compartiste con tus seres amados como designio vital. A esa alegría agregaste tu firme vocación por el cine y la fotografía, oficios que ejerciste con la factura estética de un artista forjado en la honestidad. Con la cámara en tus manos fuiste siempre artista, por tu curiosidad y constante indagatoria de la vida, hurgador de realidades y recovecos donde solo pueden acceder los elegidos.

En esta madrugada aciaga, a la hora infausta, en que solo en tu aposento enfrentaste la mayor de las verdades, el más absoluto de los designios: la muerte alada, zarpazo implacable, sumisión total es apenas en ti transitoria. Porque de ella emerges intocado, amigo querido, en el recuerdo de tu vida generosa que llevaremos siempre como un rojo clavel en el pecho.

Adiós, José Julio, compañero irremplazable. A esta hora que ingresas tan campante vida adentro, sigue para siempre con tu cámara construyendo atmósferas subreales, derrochando alegría, haciendo de la vida un gesto de fecundidad, como una magnifica tarea de ver el revés de las cosas y de multiplicarle el porvenir. Hasta siempre, es decir, hasta pronto, fotero iluminado.

sábado, 19 de junio de 2010

ADIOS AL LAZARILLO DEL MUNDO


Por Leonardo Parrini

La primera condición para vivir es no respetar a la autoridad. Este epígrafe, acaso sirva de epitafio para José Saramago en su muerte profunda, como su vida, intensa en interminable reflexión sobre un mundo mal hecho. Silenció su voz humana en la plenitud de su producción intelectual a los 87 años,  un hombre cuya coherencia fue su particular libro de estilo de vida. Un grito de rebeldía que se relaciona "con el sentido de la responsabilidad que uno tiene por el sencillo hecho de estar en el mundo, y por otro lado el respeto, la primera condición para vivir es no respetar a la autoridad".

Desde oficios tan humanos como mecánico cerrajero, Saramago fue poeta y cronista de su tiempo en el ejercicio del periodismo y la literatura que lo encumbró al atrio de los grandes narradores de ambos siglos donde le tocó vivir y morir. Prematuro lector disfrutaba de los libros por la noche en devoradora sed de sabiduría nocturna, leía todo lo que encontraba a su paso, "sin ninguna orientación, sin ninguna disciplina y en algunos casos sin entender nada".


Había nacido en 1922, hijo de una familia campesina, en Azinhaga, pequeña aldea portuguesa donde por error de inscripción civil le endilgaron el apellido Saramago con el que se haría célebre. Su primera novela Tierra de Pecado  no sería trascendente, sino a sus sesenta años cuando recibe el reconocimiento mundial con Memorial de Convento, a instancias de la cual conoció a su mujer Pilar del Río, quien contra todos los pronósticos, le entrevistó y casó con el escritor al cabo de dos años de publicado el libro. 

Sin prisa, como fue su decisión vital, postergó su escritura durante 20 años de silencio, porque "no estaba listo, no tenía nada que decir", hasta romper fuegos con un libro de poesía en 1966. Sería diez años más tarde, desde la militancia, que fue despedido de su oficio de periodista del Diario de Noticias, una acción discriminatoria que lo dejó  ¨en la calle, sin salario y sin ninguna posibilidad de encontrar un trabajo así que pensé, no lo voy a buscar, voy a trabajar, voy a hacer, todo mi trabajo literario se concentró desde este momento".

Así comenzó a los cincuenta recopilando experiencia y compromiso con la paz y con la vida, férreamente consecuente con sus convicciones, abrazó las causas con ­¨clara impronta de humanidad" que emanaba de la figura y de la obra de escritor progresista. Escribió como quien levanta una piedra debajo de la cual salen monstruos, según su propia afirmación. Su obra prolífera registra títulos cuyos lectores se enrolan en distintas edades, porque como dijeran sus críticos ¨contienen el ADN de lo humano, su huella digital, el rastro de su sangre¨, sin distingos ni exclusiones. 

Sus relaciones con lo divino siempre fueron menos propicias que con los asuntos humanos, en contrapunto con un “Dios  mala persona y vengativo”. La novela 'El Evangelio según Jesucristo' provocó un sismo en el Vaticano, vetada en Portugal en el 92. Títulos como 'Ensayo sobre la ceguera', 'Todos los nombres', 'Ensayo sobre la lucidez', 'La caverna', 'El hombre duplicado', 'Las intermitencias de la muerte' forman parte de la obra de José Saramago, que en su último libro, 'Las pequeñas memorias', registró evocaciones de su infancia: "He intentado no hacer nada en la vida que avergonzara al niño que fui", confesó al momento de publicarla.

Saramago vivió y murió indignado ante un mundo de mal funcionamiento, incitando a superar esa inercia de rebaño. Critico implacable de las derechas obsoletas y de las izquierdas equivocas, Saramago trazó el surco de una trayectoria insobornable para denunciar  en todos los foros: "Antes, caíamos en el tópico de decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda". Saramago guió sus pasos en la ceguera de un tiempo absurdo,  a través de una obra fecunda, potente y potenciadora de pensamientos porque nadie como él para ejercer el influjo de las ideas y hacer fluir ese extraño ejercicio para nuestro tiempo: pensar. 

Escéptico de los sistemas políticos señala a la democracia como falacia gobernada por empresas multinacionales. Premunido de una acidez poco común en las letras europeas, accedió al Nobel de literatura por derecho propio, "mediante parábolas sustentadas con imaginación, compasión e ironía, que nos permite continuamente captar una realidad fugitiva". A su muerte José Saramago deja la huella de su guía iluminada, cual lazarillo de un mundo de cegueras reiteradas. 



lunes, 24 de mayo de 2010

GOLFO DE MEXICO: ECOCIDIO CONTRA NATURA










Por Leonardo Parrini

Considerada una de las peores catástrofes ecológicas, el derrame de crudo provocado el 22 de abril por la explosión de la plataforma Deepwater Horizon operada por la  British Petroleum, es el más grave ecocidio de la historia en contra de la humanidad. El desastre del pozo Mississipi Canyon de aguas profundas, ubicado a 130 millas al sur este de Nueva Orleans, arroja cinco mil barriles diarios al mar y se extiende ya en un área de mil quinientos kilómetros. 

A un mes de la tragedia la mancha de petróleo del tamaño de Jamaica, amenaza a varios estados de Norteamérica, al punto que Obama declaró la emergencia nacional en los EEUU. El impacto ecológico afecta a unas 400 especies de la zona que habitan las profundidades del mar que, ante el oscurecimiento de la fosa marina provocada por la mancha, perecerán sin remedio, causando de paso una perdida sin precedentes a la industria pesquera de la región. 

Los esfuerzos por mitigar el daño ambiental no son suficientes, pese a que 69 embarcaciones luchan por recuperar el crudo derramado por la plataforma que contenía 2,6 millones de litros de petróleo en depósito y extraía 1,27 millones de litros diarios. Cien mil pies de barreras desplegadas en la zona para contener el crudo, ni 76 mil galones de dispersantes pueden contrarrestar los efectos contaminantes del derrame. La mancha alcanzará las proporciones de la catástrofe del Exxon Valdez, el petrolero que se hundió frente a las costas de Alaska en 1989 y que arrojó al mar 11 millones de galones de crudo.

El desastre provocado por el aumento de la presión en la plataforma de propiedad de la Transocean, arrendada a la British Petroleum, deja varios cuestionamientos como manchas negras en la conciencia internacional. ¿Frente a los efectos económicos y ecológicos, quién paga las pérdidas provocadas por el ecocidio del Golfo de México? La respuesta es obvia: los responsables de la British Petroleum deben asumir el costo de la  limpieza que asciende a 10 mil millones de dólares, según expertos; además, la  indemnización a los afectados directa e indirectamente por el desastre. Más aun cuando se conoce que EEUU impedirá comprometer gastos fiscales en el desastre, cuyas causas hay que buscarlas en la negligencia operativa de la plataforma. 

Los efectos de una industria con defectos

El ecocidio del Golfo de México saca a la superficie el debate acerca los efectos de la industria petrolera mundial en la geopolítica del planeta, sus consecuencias ambientales y el impacto en las democracias dependientes de los recursos del petróleo. El petróleo mueve la economía internacional y determina rutas del crudo que se convierten en motivo de guerras por la hegemonía petrolera. Muchos discursos guerreristas, entre otros el de Irán en el oriente medio, que mantiene el 25% de las reservas, son camuflados como defensa de la democracia y los derechos humanos por las naciones que buscan el control de las fuentes petrolera. Tal es el caso de los EEUU que con un 5% de la población mundial y el 25% de consumo del crudo del planeta, no escatima esfuerzos bélicos por el manejo geopolítico de la mayor zona petrolera mundial.  

Los países petroleros auspician regímenes autoritarios, gracias a la tenencia de recursos hidrocarburíferos que les confiere poderes cuasi ilimitados frente a otras naciones. No es exagerado decir que los países petroleros se vuelven intolerantes, minando las formas democráticas de sus pueblos. Venezuela es un caso típico en América Latina, mientras que la presión de las naciones árabes cierra la llave petrolífera cada vez que los conflictos se agudizan con las potencias occidentales; esto ocurrió en 1973, cuando la OPEP  respondió con el chantaje perolero en contra del apoyo norteamericano al peón israelita.

Se sabe que el petróleo es una energía no renovable que cuenta con reservas para los siguientes 80 años. Ante esta inexorable realidad se vuelve imperativo que la humanidad agote esfuerzos  por reemplazar esta energía por otras más limpias. Expertos afirman que el crudo puede ser sustituido, en el 2030, por energías como la eólica en un 34%, carbón en un 2.5% y por el gas en un 8.6% según expertos. Una de las medidas urgentes es la reducción paulatina del consumo de crudo y sus derivados estimulado por el uso de automotores. No obstante, la conclusión obvia es que no tiene sentido el ahorro de energía si se consume más combustible, gracias a la desenfrenada producción automotriz mundial que, a la postre, resulta ser causante directa de contaminación ambiental. Los influjos hidrocarburíferos que mueven miles de millones de dólares, hacen que, gracias al lobby político, las siete hermanas petroleras norteamericanas, que ahora incluyen a Venezuela y África, ejerzan una influencia mayor que los propios estados industrializados en la constante negativa de reducción de las emisiones de CO2. 

El desastre de la plataforma del  Golfo de México hace prever  la necesidad de poner fin a la explotación petrolera marina en alta mar, reduciendo de este modo los efectos del calentamiento planetario, vinculados directamente con la explotación de los hidrocarburos debido a la emisión de gases industriales. El petróleo, además de ser un estimulo para los conflictos bélicos, es una industria cuya explotación resulta de alto impacto para las ecologías y las economías de la mayoría de países del mundo que no puede darse el lujo de un nuevo ecocidio como el del Golfo de México. Es hora de que la mancha negra que oscurece nuestras conciencias se convierta en verde esperanza y así augurar mejores días para un agobiado y maltratado planeta.

 

martes, 18 de mayo de 2010

MAGNUM O LA MEMORIA FOTOGRAFICA DE LA HUMANIDAD


Por Leonardo Parrini

La noticia circuló como reguero de pólvora en los círculos periodísticos y fotográficos del mundo: Michael Dell, fundador de uno de los mayores fabricantes de computadoras, adquirió el archivo histórico de Magnum. La agencia Magnum fue fundada en 1947 por los fotógrafos Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, George Roger, David Seymour y William Vandivert para hacer un frente común ante las grandes agencias de prensa.

La transacción que asciende a cien millones de dólares por 185 mil registros, es la mayor adquisición de material fotográfico jamás registrada en la historia ya que se trata de la más importante colección fotográfica del siglo XX, con imágenes tan icónicas como la 'Muerte de un miliciano', tomada por Robert Capa en la Guerra Civil, el desembarco a Normandía o el funeral de John Kennedy.

La transacción del archivo se realizó mediante la firma privada MSD Capital, propiedad de Michel Dell y será cedido para su administración por cinco años al centro Harry Ramsom de la Universidad de Texas. El archivo incluye copias en positivo de las fotografías de prensa que acompañaban a los boletines y artículos, lo que en el argot periodístico internacional se conoce como vintage, es decir, copias históricas de los negativos hechas poco después de tomada la foto original. No obstante, no fueron vendidos los derechos sobres esas imágenes, por tanto la Universidad de Texas no podrá publicar esas fotos ni revenderlas.

¿Cuál es entonces el propósito de la compra venta de este singular material periodístico? Los más suspicaces hablan de un salvavidas a Mágnum que aseguraría la sobrevivencia de la agencia en los difíciles momentos actuales, consiguiendo fondos para continuar su labor, sin el peso financiero de preservar un archivo tan voluminoso y difícil de mantener.  Se sabe que la mantención de un archivo de 185 mil imágenes en papel fotográfico es extremadamente costosa y compleja, puesto que el tiempo y las condiciones ambientales son los principales enemigos de este tesoro fotográfico.

Otros esbozan una cándida sonrisa y se refieren a la filantropía  de Dell, cosa muy poco probable en estos tiempos. Una de las razones de la transacción es que la firma compradora garantizará, mediante contrato, que el archivo no va a ser dividido en la venta de copias sueltas, y quedará en manos en la Universidad de Texas, dueña de uno de los archivos fotográficos más importantes del mundo. Que el archivo está bajo protección segura, no hay dudas, a diferencia de los archivos de la Nacional Geografic que son vendidos en forma individual lo que amenaza con su disolución.

Los escépticos señalan que es preferible que una universidad administre los archivos en copias de papel del fotoperiodismo mundial, antes de que toda la Agencia Magnum sea adquirida por alguna transnacional como Corbis o Getty o por coleccionistas privados con fines exclusivos de lucro, lo cual hace perder los derechos a los autores de las otras originales. Corren duros tiempos para las agencias de fotógrafos independientes que han ido desapareciendo en este milenio bajo la necesidad de mantener una sobrevivencia con dignidad y libertad creativa.

Mientras tanto la progresiva desaparición del savoir faire fotográfico revalorizó los trabajos en fotografía análoga, de negativos y copias en papel, de ampliadoras y cámaras de gran formato. Lo que vino después con la digitalización de la imagen, lo virtual y la multimedia, no es más que un paso hacia la amenaza de perder para siempre lo que no se guarda en un chip.  Por eso que es importante que el mayor acopio de la memoria fotográfica de la humanidad se conserve en buenas manos.   



miércoles, 7 de abril de 2010

LA INQUISICIÓN DEL BUEN VIVIR


 Por José Murgueytio

Hester Prynne, una bella y atrevida dama inglesa de ideas liberales, llega a finales del siglo XVII a un pequeño pueblo de Boston dominado por puritanos, donde es recibida con cordialidad. Mientras espera a su esposo que se ha perdido en un naufragio, se enamora de un pastor protestante de quien queda embarazada.  La severa comunidad no tolera el hecho y es llevada a un tribunal de jueces cuáqueros, quienes interpretan a su manera la Biblia y ordenan que su pecho sea marcado con la letra “A”, de adúltera, que deberá llevar por el resto de su vida. 

Es la trama de la película “La letra escarlata”, basada en la novela homónima de Nathaniel Hawthorne, que muestra en el detalle de la experiencia vívida, el funcionamiento de un “Estado integrista”, confesional o teocrático, donde la religión particular de un grupo de pobladores se ha convertido en la pauta del ordenamiento jurídico y social de toda la comunidad. Entre las consecuencias relevantes destacan el fundamentalismo de los actores, es decir la arbitrariedad con la que interpretan los textos que referencian sus actos (en su caso la Biblia), el fanatismo que atrapa y conduce la opinión de los pobladores y la aplicación consecuente de perversos castigos a quienes se han apartado, por la razón que fuere, de las rigideces extremas o disienten de los dogmas imperantes creando sospechas de herejía.  

Los grandes sacrificados de este modelo de vida política, que caracterizara la Edad Media y condujera la Inquisición europea y americana, fueron la racionalidad y la dignidad humana, que solo pudieron recuperarse con el advenimiento de la Ilustración y de las revoluciones Norteamericana y Francesa, cuando se funda el Estado Laico, bajo cuyo amparo el dominio político se independiza del religioso y las creencias  religiosas dejan de ser la fuente de las leyes y pasan a formar parte del fuero íntimo de las personas.
En nuestro país, el Estado integrista se constituyó en los inicios de la época colonial y se mantuvo a lo largo de ella. La revolución independentista y la posterior fundación de la República, con todo y las profundas transformaciones que implicaron, no fueron del alcance suficiente como para cuestionarlo y menos eliminarlo. A partir de 1830, las constituciones políticas otorgarán a la religión católica el rango de religión oficial, bien sea bajo la figura inicial del “patronato” -donde el Presidente de la República era la autoridad administrativa de la Iglesia- o del “concordato” -que devolviera, bajo la presidencia de García Moreno, dicha autoridad al Vaticano-. Hubo que esperar a la revolución alfarista de 1895 para que el Estado Laico se constituyera en Ecuador y permaneciera vigente hasta la Constitución actual redactada en Montecristi

Esta Constitución, cuyo texto empieza reconociendo la laicidad del Estado ecuatoriano y proclamándose heredera de la gesta alfarista, ha sido capaz de hacer lo que sucesivos intentos de la alta jerarquía católica no consiguieron a lo largo del siglo XX: la reinstauración del Estado integrista. Pero no del integrismo católico, no de aquel que llevara a la hoguera a Giordano Bruno o silenciara a Galileo Galilei. No del integrismo musulmán que obliga a la ablación del clítoris de las niñas o al apedreamiento de las adúlteras. Es un integrismo de nuevo cuño, de sello indigenista, que establece al “Sumac Kausay” o “filosofía del Buen Vivir” como la nueva religión oficial del Estado.

A diferencia de las religiones católica o musulmana, que tienen a la Biblia y al Corán como libros santos donde constan las doctrinas respectivas, el “Sumac Kausay” es de transmisión oral, tan arbitraria como puede serlo. Se dice que es una cosmovisión basada en la “armonía del hombre con la naturaleza” que establece el culto a dioses como la “Pacha mama” (o madre tierra) y las montañas -al modo del animismo de principios del neolítico- y penaliza el ocio, la mentira y el robo. Según el “Plan Nacional para el Buen Vivir” establecido por la SENPLADES,  el “Buen Vivir” es una filosofía colectivista, contraria al desarrollo, el libre comercio y la tecnología, impone un modo de vida frugal y comunitario y fortalece las identidades culturales y la soberanía nacional (véase: www.plan.senplades.gov.ec). No es extraño, por estas causas, que la Constitución de Montecristi declare al Estado Ecuatoriano como “plurinacional” (o “nación de naciones” y no “nación de ciudadanos” como es propio del laicismo), reconozca el paralelismo de la “justicia indígena”  –a pesar de que no exista sino en “radio bemba”, como el “sumac kausay”-  declare al territorio nacional “libre de transgénicos” y prohíba las aplicaciones de bio tecnología experimental. Ante una religión tan retardataria como ésta, convertida ahora en la religión que estamos obligados a profesar ecuatorianas y ecuatorianos, bien vale decir: el fin justifica los MIEDOS. Miedo es lo menos que se puede sentir ante las primeras aplicaciones sustantivas del “Sumac Kausay” que imágenes de prensa recogen en estos días. 

Al mismo tiempo que salía al mercado el primer libro verdaderamente electrónico (el ipad) y los científicos anunciaban el éxito del mayor experimento llevado a cabo en la historia humana, en la comunidad Cochapamba, del cantón Cayambe (Pichincha), los dirigentes y pobladores indígenas decidieron que Joaquín Aules, de 41 años, pague $ 1.000 y camine 2,5 km con un borrego envuelto en ortiga sobre sus espaldas, como castigo por haber robado. Desde luego, no es la primera vez que trascienden a la luz pública estas torturas denominadas “justicia indígena”. Lo nuevo y terrorífico del hecho es que ha sido consumado, por primera ocasión en la historia patria, con la presencia altiva y soberana de la Policía Nacional, que así ha garantizado la pluri nacionalidad del Estado y ha hecho patente que estamos bajo el predominio de un integrismo capaz de competir en brutalidad con el de los cuáqueros que marcaron el pecho de Hester Prynne.

NACIONALISMO, RACISMO E INTEGRISMO DEL SIGLO XXI


 Por Marco Velasco

Se le atribuye a Julián Marías esto de que uno puede "querer", a la tierra en que vive y sentirse cómodo por el hecho de pertenecer a una nación, sin que esto signifique ser nacionalista, del mismo modo que se puede tener apéndice sin padecer de apendicitis.

Pero esto de sentirse orgulloso de ser ecuatoriano, no es lo mismo que el amor a la tierra en donde uno ha nacido, porque en realidad lo que uno ama y extraña es el entorno familiar y social, aparte de ciertos usos y costumbres, tanto como paisajes que nos son queridos. De modo que colocado, por ejemplo, en algún apartado rincón de la selva esmeraldeña, seguro que me voy a sentir mucho más lejos de la "patria" que si estuviera en Lima, Bogotá o Buenos Aires.

El nacionalismo, como sostiene Savater, no es un sentimiento sino una ideología política según la cual una nación es una comunidad étnica, o un conjunto de etnias ,conforme al precepto constitucional que nos rige; idea radicalmente opuesta al concepto moderno y democrático de nación como comunidad de ciudadanos libres e iguales ante la Ley.

Causa extrañeza e indignación reconocerlo, pero -en pleno siglo XXI, en el auge de la civilización científica y tecnológica- asistimos al resurgimiento y reanimación del racismo, los nacionalismos y los fundamentalismos e integrismos religiosos y políticos.

El racismo es una “… teoría fundamentada en el prejuicio según el cual hay razas humanas que presentan diferencias biológicas que justifican relaciones de dominio entre ellas, así como comportamientos de rechazo o agresión. El término 'racismo' se aplica tanto a esta doctrina como al comportamiento inspirado en ella y se relaciona frecuentemente con la xenofobia y la segregación social, que son sus manifestaciones más evidentes.” (Ref: Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation.)

Mientras que el racismo como práctica “… es cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia del reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de uno o más derechos humanos y libertades fundamentales, en cualquier ámbito de la vida pública o privada, sobre la base del establecimiento de un vínculo causal entre las características fenotípicas o genéticas de algunas personas por un lado, y sus rasgos intelectuales, de personalidad o culturales, por otro.” (Ref: Proyecto Convención Interamericana contra el racismo.
http://www.oas.org/OASpage/Events default.asp?eve_code=2)

La masacre de la minoría tutsi en Ruanda en 1993 y la 'limpieza étnica' emprendida por los serbios en la antigua Yugoslavia a partir de 1991, son dos ejemplos recientes de la crueldad, la extrema estupidez y la pérdida de la condición humana consustanciales a los crímenes inspirados en prejuicios racistas.

Pero tan indignante como el racismo es el integrismo religioso, político o político-religioso. Umberto Eco define como integrismo a toda “… postura religiosa o política por la que los principios religiosos personales (por ejemplo el “Sumak Kawsay” o “Buen Vivir”) tienen que convertirse al mismo tiempo en modelo de vida política y fuente de las leyes del Estado.”

Los críticos y las críticas más consistentes de la nueva Constitución ecuatoriana, han pasado por alto o apenas han mencionado muy tangencialmente el tema del integrismo religioso subyacente en la imposición transversal del “Sumak Kawsay”. Cosa que constituye una auténtica bomba de tiempo que, como ya está ocurriendo en Bolivia, podría llevarnos a un estado de conflagración social.

Y es que además integrismo es sinónimo de intolerancia y la intolerancia es propia de los regímenes totalitarios (las teocracias musulmanas lo son) y los totalitarismos políticos lo que hacen es sustituir los credos religiosos por los credos ideológicos.

Detrás de la terminología clasificatoria tan del gusto de los SS-XXI (oligarquía conformada por pelucones y aniñados vs pueblo constituido por cholos, indios y mestizos) hay un profundo racismo.

Jamás hay que olvidar la advertencia dejada por Jean-Francois Revel: “Todo sistema totalitario tiene por resorte una ideología cuya función es justificar un plan de dominación planetaria (aunque con estilo huachafo y risueño, pero en eso está el coronel Chávez) que realiza, entre otros medios, por la eliminación, física si es preciso, de grupos hostiles o molestos. En la ideología comunista esos grupos son sociales; en la ideología nazi, eran raciales
.”