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E c u a d o r - S u d a m é r i c a

lunes, 8 de abril de 2013

WIKI LEAKS: VATICANO NEGÓ REPRESIÓN DE PINOCHET EN CHILE


Por Leonardo Parrini

Corría el mes de octubre de 1973 y habían pasado cinco semanas de la sangrienta represión desatada luego del violento golpe de Estado perpetrado por las FFAA chilenas que provocó el derrocamiento y muerte del Presidente Salvador Allende y la desaparición, tortura y muerte de más de 2.500 chilenos. La iglesia católica, según se creía en esos momentos, constituía un refugio a través de la Vicaria de la Solidaridad, organización creada por la curia para proteger a los presos políticos, dedicada a facilitar el asilo de peseguidos en las embajadas y a brindar asistencia legal e incluso ayuda económica y médica.

Han transcurrido 40 años de aquellos días aciagos para millones de chilenos y una noticia que hoy circula en medios informativos y redes sociales contradice la imagen solidaria del rol jugado por la iglesia católica chilena: el Vaticano calificó de “propaganda comunista y cobertura exagerada” la represión violenta del régimen de Pinochet, luego del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

La información proporcionada por Wiki Leaks, forma parte de un conjunto de dos millones de documentos clasificados en los archivos del Departamento de Estado de EE.UU relacionados con la diplomacia estadounidense. Los cables filtrados señalan que “durante una llamada telefónica, el 18 de octubre de 1973, el arzobispo Giovanni Benelli, subsecretario de Estado del Vaticano, expresó su preocupación y la del papa Pablo VI, sobre el éxito de la campaña internacional izquierdista para tergiversar completamente la realidad de la situación en Chile". En ese entonces las fuentes del Vaticano se referían a las denuncias sobre la represión militar en Chile, -que dieron la vuelta al mundo-, como “el mayor éxito de la propaganda comunista".

La preocupación del Vaticano iba más allá respecto de la situación política provocada por el golpe militar del 11 de septiembre en Chile y manifestaban su inquietud por el hecho de que los "círculos moderados y conservadores" pareciesen también dispuestos a "creer las vulgares mentiras sobre los excesos de la Junta militar chilena". El subsecretario Benelli, apodado “el Kissinger del Vaticano”, dijo en esa oportunidad que las fuerzas de izquierda habían minimizado el golpe por ser “uno de los grandes reveces de la causa comunista”, pero que habían convencido al mundo de que el golpe se debió a las fuerzas externas fascistas y no a los errores “a las deficiencias de las políticas de Allende”.

Benelli también expresó "su profunda preocupación, al igual que la del Papa Paulo VI sobre una campaña internacional izquierdista que tergiversa completamente, y con éxito, la realidad de la situación chilena". Al mismo tiempo, Benelli reprodujo en esa oportunidad la versión de los obispos sobre las denuncias de torturas en Chile, calificadas de “infundadas” por los prelados chilenos como una muestra "de cómo los comunistas podrán influir en los medios de comunicación del mundo libre en el futuro". Esa versión fue comentada vía telefónica por Benelli con funcionarios de la Embajada de EE.UU en el Vaticano en octubre de 1973.  

El documento clasificado que hace referencia a esa llamada telefónica entre Benelli y sus colegas de la Embajada americana, consta en los archivos del Pentágono (Plus D) presentados esta semana por Wiki Leaks en una rueda de prensa en Washington por el propio Julian Assange, a través de una videoconferencia transmitida desde la embajada de Ecuador en Londres donde se encuentra asilado desde junio de 2012.

Eso no es todo. Existe otro documento revelado por Wiki Leaks en que se señala que el Vaticano defendió al régimen de Pinochet, “negando las represiones denunciadas”. El texto menciona que “el Vaticano citó a la Nunciatura en Santiago y al Episcopado chileno diciendo que “la Junta estaba haciendo todo lo posible para rectificar la situación y que los informes mediáticos que hablan de una represión brutal no tienen fundamento”.

Ante esta noticia, decepción es la palabra que puede reflejar el estado de ánimo de millones de chilenos afectados por los tiempos de represión, tortura y muerte que se empezaron a vivir a partir del 11 de septiembre de 1973 y que se prolongaron 17 largos años de dictadura. Un tiempo de terror donde se conculcó de la vida, se atropelló los derechos humanos y se negó todas las libertades civiles, proclamadas incluso por la propia iglesia católica durante sus encíclicas sociales a través de la historia.    

LA MONARQUÍA IMPOPULAR


Por Leonardo Parrini

Que la popularidad del rey Juan Carlos ha caído como su papada barbiblanca es noticia, pero añeja. La aceptación al rey en las encuestas venía cayendo en picada hace rato en los sondeos sobre la popularidad del monarca y la forma como ejerce su omnímodo poder detrás del poder. El 53% de los españoles encuestados "desaprueban" la forma en que el Rey ejerce sus funciones, contra 42% que "aprueban" la gestión.   

¿La causas? El inventario mediático de la prensa española -que ya no considera intocable a la familia real- está encabezado por escándalos de corrupción, desaguisados del rey que caza elefantes en África mientras funge de representante de fundaciones protectoras de animales, desvío de fondos públicos, tráfico de influencia, entre otras perlas, para colmo en un país que se debate en la peor crisis de su historia.  

Para los analistas de la gestión de la casa real española la investigación “por corrupción contra Iñaki Urdangarin, esposo de la infanta Cristina, sospechoso de haber desviado millones de euros de fondos públicos, y la convocatoria ante la justicia de la propia infanta”, ha acabado de hundir a la monarquía en una crisis sin precedentes. La prensa considera que “es imposible que la Infanta no estuviera al tanto de los negocios de su marido, acusado de beneficiarse del desvío de seis millones de euros (USD 7,7 millones) de fondos públicos a través de una fundación inscrita "sin fines de lucro".

Lo imperdonable para los españoles es que esto suceda en una España sumida en la crisis y que exige sacrificio a sus connacionales, “con los recortes sociales más devastadores en décadas”. En educación pública se han disminuido 10.000 millones de euros (casi USD 13.000 millones) de la asignación estatal. España exhibe cinco millones de desempleados y una tasa de pobreza infantil que rebasa el 27% en un país europeo que se jactaba de su estado de bonanza.

La guinda del pastel se conoció con el “escándalo que vincula directamente al Rey al conocerse 20 años después una herencia que le dejó su padre por unos 2,3 millones de euros (USD 2,9 millones) en Suiza, paraíso fiscal donde también el ex tesorero del gobernante Partido Popular, Luis Bárcenas, acumulaba 38 millones de euros (USD 49 millones) sin declarar”.

Cazador cazado

Este panorama no era conocido sino hasta hace poco, cuando la prensa española le quitó la indulgencia al rey y destapó los despropósitos de una monarquía, cuyos gastos no eran auditados y que cuestan al pueblo español considerable proporción del presupuesto nacional. "Esto se ha acabado. La gente ha dicho hasta aquí. Se acabó el hacer la vista gorda y el tapar los ojos hacia los negocios irregulares. Se acabó el Estado de paternalismo hacia la Corona", señaló el periodista José María Calleja.

A la cacería de la prensa contra el rey y su sequito familiar se suma la ola de rechazo en las redes sociales a un hecho insólito, protagonizado en abril pasado por el rey Juan Carlos. Convertido en cazador cazado por la prensa, una fotografía lo muestra junto a elefantes capturados en una jornada de cacería en Botswana. ¿Qué hacía el Rey, miembro de la mayor entidad protectora de animales del mundo, en una de las semanas más oscuras de la economía española, cazando elefantes en África?, se preguntan la prensa y los tuiteros españoles. Luego del incidente un rey abatido y lloroso pidió disculpas como símbolo de un soberano que da pésimas señales de presagio al futuro de la monarquía española.

Para contrarrestar la acción mediática, Juan Carlos y sus adláteres iniciaron una intensa gestión con los medios informativos españoles. El New York Times publicó que "el Rey y sus cortesanos han estado trabajando de un modo agresivo", junto a “sus auxiliares y los servicios secretos españoles, como las personas que han ejercen presiones sobre los responsables de algunos medios para bajar el tono de la cobertura del caso de corrupción”.

No cabe duda que “la monarquía está pasando quizás el peor momento que recordamos, desde la llegada de Juan Carlos al trono”, según subraya Fermín Bouza, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Ante este panorama, el tablero se muestra adverso para el monarca que, quizá, por salubridad pública debería abdicar mucho antes de que desilusionados cortesanos den un definitivo jaque mate al rey.

domingo, 7 de abril de 2013

LA SELVA ENSANGRENTADA


Por Leonardo Parrini

El impenetrable follaje del bosque del Yasuní en la geografía más biodiversa del mundo, la selva amazónica ecuatoriana, es el escenario de una historia ancestral escrita con sangre. Cuando el anciano Ompure, guerrero Waorani del clan Gabarón se adentró en la selva, -para él fuente de vida y sabiduría-, jamás imaginó que encontraría la muerte a manos de sus propios hermanos de sangre: los Taromenane. En la espesura selvática fue atacado cuando caminaba con su congénere Buganey. El asalto fue tan sorpresivo y certero que nada pudieron hacer antes de ser atravesados por las gigantes lanzas de chontaduro, probablemente envenenadas con curare, como dicta la ley indígena.

Este fratricidio étnico ocurrido el 5 de marzo pasado, abrió la herida de ancestrales retaliaciones entre clanes amazónicos. Ompure y Buganey habían sido sentenciados a muerte hacía ya algunos años por enemigos Tagaeri. Ompure se internaba en la selva por períodos de dos a tres meses y era uno de los pocos interlocutores entre pueblos aislados y waoranis que tienen su habitat en los asentamientos Kawimeno, Dícaro, Peneno y Yarentaro.

La venganza indígena, ley suprema de una dialéctica ancestral vigente, a través de los tiempos, no se hizo esperar. En represalia, los Waorani atacaron la semana pasada a un grupo no contactado Taromenane con un saldo -no confirmado oficialmente- de al menos treinta indígenas muertos en las inmediaciones de Yarentaro. Cawetipe Yeti, Presidente de la Nacionalidad Waorani del Ecuador dijo en entrevista que “de seguro hay más de treinta muertos, más de treinta”. La venganza había sido ejecutada.

El Estado ecuatoriano, en una declaración del Presidente Rafael Correa, caracterizó la situación como una “lucha entre clanes”, que dio lugar a un hecho “extremadamente complejo”. Y esta complejidad forma parte de la cultura atávica de estos pueblos amazónicos que tiene raíces históricas profundas en el tiempo. Su habitat es el Parque Nacional Yasuní, un área de 9.820 km2, declarado Reserva de la Biósfera por la UNESCO debido a su extensa biodiversidad y la presencia de indígenas Waorani y dos facciones, Tagaeri y Taromenane, que viven al interior de la selva no contactados.

El Waorani -que literalmente significa humano en lengua huao terero- es un pueblo que habita el  territorio localizado entre el rio Curaray y el rio Napo, en un área de 30.000 km2 de las provincias de Orellana y Pastaza. En las últimas cuatro décadas unos dos mil individuos se han asentado en forma sedentaria en la selva, territorio que dominan con extraordinaria sabiduría del entorno biodiverso, animales, plantas medicinales y alimenticias. Se supone que los Waorani descienden de la unión de un jaguar y un águila y que las serpientes son un presagio muy malo y la matanza de ellas es un tabú de gran alcance. Sus chamanes son expertos en la elaboración de una neurotoxina llamada curare con la que envenenan lanzas y cerbatanas para uso en la cacería y defensa territorial. El primer contacto con los waoranis data de 1955, pero sólo en 1990 lograron el reconocimiento de su propiedad colectiva sobre una reserva indígena de 6.125 km², donde llevan una existencia semi-autónoma con prácticas grupales que incluyen la poligamia entre los hombres y relaciones de incesto familiar.

Sus descendientes, Taromenane y Tagaeri, viven en el aislamiento voluntario del mundo externo a su habitat selvático. Considerados un tesoro humano y cultural, al igual que el entorno ecológico donde viven en la selva virgen del Ecuador, los grupos no contactados incluyen unos 300 Taromenane y unos 30 Tagaeri sobrevivientes. Su territorio, rico en biodiversidad, ha sido destruido paulatinamente desde hace 30 años por compañías petroleras y desde hace 15 años por madereras que talan bosques en el corazón del parque nacional Yasuní. La defensa que los Taromenane Y Tagaeri hacen de su entorno los llevó a aislarse, en la década de los años sesenta, en un territorio impenetrable que demarcan con señales en los árboles. A partir de entonces su fama de bravura y fiereza trasciende el habitat que defienden con su vida y donde practican la caza y la guerra, el amor por la naturaleza, el puntual pacto entre clanes e incluso el robo de mujeres para la continuidad del grupo.  

Visión estatal de una realidad ancestral

El ataque waorani a los grupos no contactados puso en alerta a toda la región amazónica ecuatoriana y ha causado diversas reacciones nacionales e internacionales. La cobertura mediática no ha estado exenta de polémica, a partir de una publicación del matutino quiteño La Hora que publicó fotografías de los guerreros waoranis atravesados por lanzas. El hecho periodístico reñido con las normas legales está tipificado en el numeral 1 del artículo 212-A del Código Penal, que señala que "será sancionado con prisión de seis meses a tres años quien por cualquier medio, difundiera ideas basadas en la superioridad o en el odio racial". Este acápite legal dio lugar a una demanda del Estado contra el mencionado periódico, al considerar que  “la publicación de estas fotos pueden aumentar la desgracia que involucra a las comunidades Waorani y Taromenane, puesto que si las imágenes publicadas de manera tan irresponsable fuesen vistas por integrantes de la agrupación Waorani, o quienes comparten o apoyan su posición, muy posiblemente se estimularía la violencia, el odio y el deseo de venganza", según afirma la Secom en un comunicado oficial. Esta posición es ratificada por el mandatario ecuatoriano quien argumenta que “la publicación atenta contra los derechos humanos consagrados en el Pacto de San José y contra la ley ecuatoriana”.

La historia de los pueblos ancestrales Waorani, Taromenane y Tagaeri se repite como tragedia. Consideraciones de índole sociológica de algunos sectores de opinión insinúan que esa historia y la situación presente de estos pueblos, no puede ser abordada “tratando de aplicar una Constitución o leyes no aptas”. Por su parte el Estado ecuatoriano debe observar medidas cautelares señaladas por la CIDH “para implementar la protección de los Pueblos Libres”, las mismas que incluyen la prohibición de realizar sobrevuelos en el área donde se habría producido el ataque waorani. Estas medidas son concomitantes con el segundo inciso del numeral 21 del artículo 57 de la Constitución, referente a que el Estado adoptará medidas para garantizar la vida en territorios de los pueblos en aislamiento voluntario, para hacer respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en aislamiento. La violación de esos derechos constituiría el delito de etnocidio, tipificado en el Código Penal.

A la luz de los hechos el conflicto étnico de los pueblos ancestrales implica, en primer término, el respeto a sus autodeterminaciones en el marco de la convivencia que garantiza el Estado plurinacional y multiétnico, en un ámbito como el amazónico donde el Estado, antes del Gobierno actual, nunca estuvo presente. Esto supone el reconocimiento a sus territorios y la decisión de evitar contactos para no ahondar la “falta de posicionamiento del Estado en un escenario territorial, social, político, económico y cultural que es nuestra Amazonía, donde el Estado no ha hecho presencia durante décadas". La política pública hace bien en apuntar a lo que ya es una decisión oficial: considerar estos ataques, entre waoranis y pueblos en aislamiento, "como parte de un circuito, de una espiral de retaliaciones que permanentemente suceden y que difícilmente se pueden establecer con arreglos provenientes de la legislación, de la normatividad o las formas de ejercicio de la política pública", que son comunes para quienes estamos en las ciudades y en el mundo rural que no es el amazónico.

sábado, 6 de abril de 2013

LA FUGACIDAD DE LOS HÉROES

Leonardo Parrini

Una mujer anónima en una ciudad cualquiera se detiene en una esquina; de pronto, una imagen alucinante: una estatua es transportada lejos de ahí colgada de un helicóptero. Es el busto de Lenin que cruza su mirada muerta con la mirada de la mujer. Es un instante impresionante, la estatua parece querer tender una mano en un gesto vacío, es un gesto imposible La estatua se aleja y la mujer anónima queda ahí en la esquina de esa ciudad, pero ya todo ha cambiado.

Esta escena corresponde al filme Good bye, Lenin del cineasta alemán Wolfgang Becker que encontré en una tienda de videos y que vuelvo a ver después de diez años de haber sido rodada. La película narra el momento en que la República Democrática Alemana RDA, se sacude bajo el derrumbe del socialismo a la caída del muro de Berlin en octubre de 1989. La escena de la mujer junto a la estatua de Lenin que simbolizó el socialismo real en la Alemania de Eric Honecker, me hace pensar en tantos ídolos, iconos de utopías, que hemos visto caer, o mejor, reemplazar en la historia por una nueva forma de organización social, o por el regreso al pasado, en una involución muchas veces dificil de entender.  

En América Latina hemos asistido en las cuatro últimas décadas a la muerte de Salvador Allende, a la desaparición de Hugo Chávez, al retiro en vida de Fidel Castro, por nombrar a tres líderes que de alguna manera han encarnado la utopía latinoamericana de la sociedad socialista. En los tres casos la ausencia del lider ha significado, o podría significar, también la desaparición de aquello que representan, de la quimera política que encarnaron en su momento histórico concreto.

Y ahí están las estatuas citadinas, porque una ciudad sin estatuas es una ciudad sin héroes. El anhelo de mundos ideales, tan antiguo como el ser humano conduce a la idolatría, esa vieja práctica que impulsa al hombre a crear dioses. Una manera de petrificar las ideas en iconos que simbolicen las aspiraciones populares de trascender el momento histórico vigente, a cambio de un mundo idealizado que se presenta como alternativo al mundo real existente.


Héroes transitorios

¿Están condenados los héroes a desaparecer junto con los sueños que encarnan? La utopía no sólo consiste en soñar, sino cambiar la vida real. ¿Qué ilusión queda en un mundo en ruinas donde los grandes relatos están diseminados como escombros? Es preciso descubrir, como el ave Fénix, la nueva utopía que puede sostener al hombre.

Nos toca vivir un tiempo de héroes transitorios y cruzarnos con la mirada vacía y ausente de un dios muerto, un icono desaparecido, un lider desterrado o una causa perdida. Habitamos un mundo derrumbado, como la épica que entrañó sus grandes utopías ya desvencijadas. Cuando se acaba el macro relato y sólo quedan pequeñas historias cotidianas de sobrevivientes anónimos, se comienzan a ver los náufragos de una tormenta existencial en la que hemos navegado sin faro.

Los pueblos sacralizan sus héroes a la medida de sus necesidades ideológicas, cada grupo humano crea dioses transitorios que luego incinera en la hoguera del desprecio y en las cenizas del olvido. Ecuador ha petrificado sus tendencias políticas de cada tiempo histórico con mucha nitidez. En el ámbito nacional se yerguen estatuas al ideario del liberalismo y conservadurismo que, en su momento, se han alternado en la conducción de los destinos del país.      

Sin embargo, Ecuador tiene pocas estatuas como pocos héroes que perduran en su memoria colectiva. José Antonio de Sucre, Juan Montalvo y Eloy Alfaro, vigilan algunas esquinas del país. Gabriel García Moreno, José Vicente Olmedo o José M. Velasco Ibarra enfilan una mirada de piedra a orillas de un rio o en medio de un parque. El resto corresponde a un puñado de gamonales nacidos en pequeños feudos de origen rural, que lucen desportilladas estatuas en plazas pueblerinas.

Es comprensible que sociedades tribales de chamanes y brujos, de aquelarres políticos y revoluciones de papel, sucumban a la sacralización de ídolos de cartón. Aludo a aquellos líderes que llamados a conducir colectivos humanos en la senda de lo grupal, por ironía de la historia y culto a la personalidad, concentraron en su efigie el destino de procesos que debieron contar con una orgánica que garantice su continuidad, más allá de la vida de sus dirigentes. Hoy son cadáveres políticos, sin siquiera una estatuilla de barro.  

La historia toca a campanazos de alerta a los líderes actuales. Llamados a trascender y hacer trascender las causas que lideran, las revoluciones podrían morir con ellos, precisamente por no sembrar la raíz orgánica de un movimiento colectivo que sobreviva a la transitoriedad histórica de los hombres. Latinoamérica está llena de héroes pasajeros, y acaso todo lider en la soledad del poder esté condenado a la fugacidad temporal de un momento de gloria, para luego convertirse en estatua de sal que será retirada un día de una plaza cualquiera, como sucedió con el líder bolchevique en el filme Good bye Lenin.

jueves, 4 de abril de 2013

LA POESÍA Y UNA ÉTICA AMBIENTAL


Leonardo Parrini

La frase pronunciada estos días corren vientos de guerra, resulta una premonición terrible y un contrasentido, puesto que la naturaleza aun en presencia de la muerte, fluye hacia la vida. En otras palabras, es contra natura que lo social sople vientos de muerte a lo natural.

¿Existe un pensar ético frente a la naturaleza que supere a los romanticismos que priorizan lo ecológico por sobre lo social? Definitivamente sí. Hay una mirada, desde una nueva moral conservacionista, que permite repensar nuestra relación con el ambiente natural surgida de una premisa del pensamiento de un personaje conocido en el Ecuador: Charles Darwin. El naturalista británico arribó a las Islas Galápagos el 15 de septiembre de 1835, luego de una larga travesía a bordo del bergantín Beagle proveniente de la Patagonia, en el extremo sur de Chile, donde inició la observación que lo llevó a plantearse el génesis de la vida en el Origen de las Especies.  

En medio del exuberante bosque conífero chileno, Darwin dio a luz dos metáforas que sintetizan su pensamiento respecto de la naturaleza y la bio diversidad que en ella habita. El árbol de la vida que simboliza el parentesco de todos los seres vivos que pueblan el planeta como una gran familia, en la que cada uno de nosotros podemos ser primos en millonésimo grado de seres de un pasado lejano, o en el presente, separados por inconmensurables distancias terrenales. Este parentesco nos hermana entre congéneres de una especie común y nos llama a conservarnos y defendernos de la extinción como especie.

La otra metáfora darwiniana es la red de la vida, según la cual coexisten comunidades biológicas interconectadas en una sola trama natural en los ecosistemas. A partir de alli, debemos asumir una actitud fraternal e integradora con los demás seres vivos que conviven en el planeta en una gran asociación. Idea por lo demás ecuménica, poética, que nos llama a confraternizar, en una nueva ética ambiental, con respeto y sentido de autodefensa de la vida. El ecólogo estadounidense Aldo Leopold, confirma la valoración darwiniana a la convivencia armónica de las especies: Los hombres somos sólo compañeros de viaje de otras criaturas en la odisea de la evolución, este conocimiento nos da un sentido de parentesco con otras especies, un deseo de vivir y dejar vivir. Esta premisa garantiza la sobrevivencia de la especie.

Habitar poéticamente el planeta

Las dos metáforas del texto darwiniano sirven de punto de partida al poeta chileno Cristian Warnken para interponer la idea de que “existe una mirada poética del hombre frente a la naturaleza”. La conservación de las especies depende de una decisión ética que emerge de esa poética. En la búsqueda del hombre, tras la respuesta que nos explique lo que somos, Warnken sugiere que hay un habitat poético del hombre en la tierra. El hombre habita poéticamente el planeta, dice, ejerciendo una ética amerindia, eco cultural, de reconexión con el habitat, que supone habitar lo inmanente. Esta forma de habitar, poéticamente, el planeta tiene relación con el ethos griego (morada), es decir, con la madriguera o casa del animal que compartimos. Somos habitantes del habitat compartido con otros seres vivos. Pero es la poesía, con su capacidad de cruzar mundos, reinos, especies y dimensiones, la que nos remite a lo más genital de la tierra.

-La poesía es la verdad, pero no la verdad instalada, dice Warnken, sino la verdad más profunda del hombre. En esta idea evoca al poeta Antonio Skarmeta que habla de la poesía como una nostalgia de las cosas que son nombradas por ésta en la metáfora. Y en ese decir poético, la poesía emerge de un pensar –no sólo de un sentir- que nombra las cosas esenciales de la vida. Platón -dice Warnken- cuando expulsó a los poetas de la República, por considerarlos sentimentales y que se dejaban llevar por los estados de ánimo, marcó la separación entre la filosofía y la poesía que empieza a caminar por extramuros. Es, precisamente, el encuentro de ambas miradas, que nos reencuentra con el habitat de manera poética.

 -Sueño cuando la ciencia y el arte vuelvan a abrazarse y encontrarse en esta separación que es artificial, dice Warnken. La única manera de que este planeta se salve, si unimos los fantásticos avances de la ciencia con el arte, concluye el poeta. Quien piensa, lo más hondo ama lo más vivo, esta afirmación resume el acto poético de concebir la poesía nombrando las cosas existentes por su nombré propio y no con generalizaciones.

La escisión entre ciencia y arte, nos impide valorar la diversidad biológica en un compromiso con la humanidad. Y, lo contrario, una visión poética de la naturaleza en el reencuentro de la ciencia con el arte, nos devuelve el sentido de comprensión del valor intrínseco de lo natural, representado por el árbol y su valor instrumental para la sobrevivencia de la humanidad. Confrontar la ciencia y la poesía otorga fuerza a la mirada que el hombre da a la naturaleza, sin embargo Warnken se muestra escéptico a que los acuerdos ecológicos, por sí mismos, vayan a cambiar la realidad porque la transformación es interior en cada individuo y viene dada por la experiencia. Es decir, es necesario que una nueva educación haga un viraje radical y nos acerque a las cosas, al contacto con lo material y natural. Un reaprendizaje que nos vuelva a una sabiduría adquirida en lo vivido y que nos proteja de las teorías que no separan de lo real, natural y biológico. En esa nueva ética ambiental, estamos llamados a vivir una opción existencial que nos inspire a respetar la vida, compartida poética y armónicamente con nuestros hermanos de planeta.