Por Leonardo Parrini
Tiempo de cambio, por tanto,
de vaticinios. Los agoreros andan a la orden del día pronosticando, echando cartas,
observado huevos bajo el agua al fondo de un vaso o, simplemente, escribiendo
editoriales. Da lo mismo. En época de cambio de año es notable la cantidad de
visionarios o videntes -¿cómo se dice? - que salen a predecir, es decir, a
especular antes de que aquello que predicen, ocurra, y sin ningún empacho. ¿Y
qué predicen? Ah pues, en muchos casos lo que se considera obvio, para no
fallar o aquello que les conviene, para no quedar mal.
Si revisamos la antología de
sandeces que se publican por estas fechas en horóscopos, vaticinios, predicciones
del próximo año y etcétera, vemos que los tópicos se repiten. Accidentes y
desastres, muertes de líderes políticos, agravamiento de la situación económica,
caída de algún astro y otro largo etcétera. Todas cosas “posibles”, en un país
predecible, donde el último día de negativismo es el primero de lo mismo, según
la carta astral de los agoreros del desastre.
En esta fecha se produce el
retorno de los brujos, igual que el libro homónimo de Louis Pauwels y Jacques
Bergier, escrito en 1960: El Retorno de los Brujos, un clásico de lo que sus
autores llamaron el realismo fantástico.
Toda una antología de especulación pseudocientífica acerca de civilizaciones
que no dejaron rastro alguno, visitantes extraterrestres, fenómenos llamados parapsicológicos,
etc.
Pero hay una diferencia
fundamental. El Retorno de los Brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergier era
una especulación genuina, o sea, creída por sus propios autores. El retorno de los
brujos en nuestro país no es tal porque el discurso especulativo, que crea
escenarios políticos y económicos ficticios, no se lo creen ni los mismos que
publican las predicciones.
El Retorno de los Brujos
de los autores Pauwels y Bergier es una sugerente invitación al ejercicio de lo
que los psicólogos cognitivos llaman pensamiento lateral,
creatividad o intuición. El texto de Pauwels y Bergier reivindica “vías” alternas
de conocimiento: auxilio del misticismo y la propuesta de caminos “transversales”
al habitual lógico-racional.
Allí radica otra diferencia
con el retorno de los brujos nuestros que no incitan a ningún pensamiento
lateral, sino a un discurso concentrado en deslegitimar una realidad social
cambiante, una realidad política alternativa a la vieja política, una alteridad
económica que ahora resulta ser distinta de las anteriores fórmulas neoliberales.
El retorno de nuestros brujos
no sugiere un nuevo paradigma, como el texto de Pauwels y Bergier, que propone “apartarse
en algún momento del pensamiento lineal habitual imprescindible para apuntalar
y acrecentar el edificio científico, eso sí puede permitirnos “vislumbrar” un
nuevo paradigma, por si el viejo ya no sirviese”.
Precisamente, el retorno de
los brujos criollos supone caer de bruces en el más reiterativo modelo de la
negatividad, de ver un Ecuador estancado y reproducir las fórmulas políticas desgastadas
desde siempre. Y todo, con el propósito de un sin salida, para que bajo el signo de los malos presagios sigamos
creyendo que la vida es así, como la pintan en su agorero pesimismo. Sería
bueno preguntarnos cuántas de las profecías hechas para el 2012 se cumplieron. Si
estamos en presencia de una nueva mitología cartomántica o quiromántica, reproducida
hasta la saciedad en las esferas mediáticas cada fin de año, es porque los hechiceros
siguen allí, y no hay tal retorno, porque los brujos no se han ido nunca.
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