Por Leonardo Parrini
Ahora los héroes no vuelan, se asilan o huyen sumergiéndose en la vorágine
de ciudades reales, porque fueron expulsados del ciber espacio donde eran guerreros
de la filtración de barbaridades cometidas por los dueños de poder. Justicieros
virtuales, sus proezas ya no son celebradas por el Imperio. Sus enemigos son
mucho más poderosos que sonrientes wasones o verdes trocitos de kriptonita. Ahora
basta una deportación para aniquilarlos y borrarlos de la faz de la tierra, de
un solo plumazo dictaminado por un tribunal obsecuente con el poder del Pentágono.
A diferencia de Flash Gordon, Superman o Batman; Julian Assange, Edward Snowden
o Bradley Manning, no pueden ya
camuflar su identidad real como reportero citadino o magnate propietario de la
baticueva más sofisticada del mundo. Esos héroes
old Fashion, cada cierto tiempo,
reaparecen remozados en la pantalla hollywoodenses profundamente integrados al
sistema como defensores de sus más rancios valores. Y sus historias también readaptadas
postulan al Oscar, máximo galardón que otorga
el establishment por recrear en la pantalla los modos de vida impuestos
por el cine industria, encargado de establecer los paradigmas sociales
vigentes.
Los antihéroes de ahora no tienen historia,
sólo tienen un presente de asedio. Un presente subjuntivo que soslaya el ser
real: es probable que yo, sea, que tú seas, que nosotros seamos eliminados.
Peor aún, carentes de futuro, a los antihéroes actuales les ha sido aniquilada
toda posibilidad de defensa equitativa: son perdedores, a priori, del juicio imperial.
Una pantomima de juicio final les espera, con infiernos perpetuos y sillas eléctricas,
como signo de venganza irredarguible. A diferencia de los héroes a la antigua, nuestros
antihéroes contemporáneos son mortales. Son seres transitorios en el devenir de
la historia y en su fugacidad está su fortaleza, porque no serán olvidados como
los héroes de antaño que requieren ser remozados cada cierto tiempo.
Hace unos días Julian Assange, el antihéroe
asilado en la sede diplomática ecuatoriana en Londres, sentenció en entrevista
para el Director de Información de AFP en Inglaterra, Denis Hiault: “Hemos ganado la guerra”, dijo orgulloso
el creador de WekiLeaks. Y luego explicó en estos términos su lapidaria afirmación: "Representábamos
una pequeña web radical, decidida a publicar la verdad sobre la guerra, sobre
los servicios de inteligencia y sobre la corrupción a gran escala, atacando de
frente al Pentágono, al departamento de Estado...¿Nuestras posibilidades de
ganar? A priori eran nulas. Pero ganamos".
Declarado enemigo de los EE.UU
por haber difundido cientos de miles de documentos secretos diplomáticos y
militares, Julian Assange, este 19 de junio de 2013 cumplirá exactamente 365
días en una habitación de 20 metros cuadrados en la Embajada ecuatoriana en
Londres. Al confinamiento diplomático hay que sumar 590 días de arresto domiciliario
y 10 días de reclusión, incomunicado en una celda de aislamiento.
Desde su asilo en el edificio
de ladrillo rojos donde funciona la sede diplomática ecuatoriana, Assange se
alegra de que “otro héroe le tomara la
posta”, Edward Snowden, el ex
trabajador de un proveedor de la NSA estadounidense que reveló "hasta qué punto Estados Unidos se ha
convertido en un Estado de vigilancia masiva insidioso".
Vigilado por más de treinta “bobbys”
londinenses, Assange profiere desprecio por EE.UU porque ese país, “bajo la
presidencia de Barack Obama -un lobo disfrazado de cordero, según él- quiere
vengarse". Encerrado en un reducido espacio camina sin zapatos, no los
necesita en los escasos metros que dispone para caminar. Mientras tanto, al otro lado
del mundo, otro antihéroe del sistema, el soldado, Bradley Manning, ex analista
de inteligencia en Irak de 25 años de edad, es juzgado en una corte marcial por
haber protagonizado "la filtración del siglo" de WikiLeaks. Assange
afirma que "lo que está en juego es
el futuro de la libertad de prensa en Estados Unidos y en todo el mundo",
y se alegra de que WikiLeaks
es "más fuerte ahora que hace dos
años", ya que sigue adelante con sus revelaciones luego de sobrevivir
a un embargo bancario.
Ecuador reitera el asilo
Allí en su reducto diplomático, Assange recibió al Canciller Ricardo
Patiño, quién le reiteró el apoyo del Gobierno ecuatoriano. No obstante que en
el diálogo sostenido con el Gobierno británico, no hubo “avances sustanciales”
y sólo se formó una comisión encargada de estudiar una solución al impasse diplomático.
Los antihéroes actuales tienen
una característica que no tenían los héroes del pasado: creen en el futuro. Assange
ha asegurado que en año más estará “En
Australia espero. O en Ecuador. O recorriendo el mundo". Convencido de
que un día cambiará su actual situación de encierro diplomático, afirma que “Mi mente no está encerrada". Ahora los heroes
no son, sino marginados antihéroes del sistema que les declaró una guerra que Julian
Assange asegura haber ganado.
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