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Por Leonardo Parrini
Una ciber cacería de brujas queda al descubierto con nuevas
revelaciones sobre tráfico de datos de compañías tecnológicas a los archivos de
los organismos de seguridad norteamericanos. Con el argumento de “investigar
robos” y delitos relacionados con desaparición de niños, Apple ha revelado que
“las agencias de seguridad de los Estados Unidos le han solicitado los datos de
cerca de 5.000 personas” este fin de semana. La orden proveniente de
autoridades policiales federales, estatales y locales de EE.UU, relacionadas
con “investigaciones de la seguridad nacional”, afecta, según la compañía, a
unos diez mil usuarios de la marca de la manzana mordida. Esta cifra forma
parte de un banco de datos que contiene información confidencial exclusiva de
grandes proporciones, si se considera que los registros de Apple guardan los
antecedentes personales de 400 millones de tarjetahabientes en el mundo.
La sistemática búsqueda de información por parte de las agencias
norteamericanas de inteligencia, pone en serio entredicho la privacidad que
debe existir en Internet, toda vez que a la orden emitida a Apple se suman los
requerimientos de información a Google, Facebook y Microsoft, lo que conforman
unas 50 mil órdenes para que estas empresas “abrieran a las autoridades de
seguridad los datos cibernéticos de esas personas”, de las cuales 10.000
órdenes fueron emitidas a Facebook y 7.000 a Microsoft.
Apple niega “una investigación abierta y generalizada sobre su
base de clientes”, y asegura que las peticiones están siendo analizadas por sus
equipos legales y de haber “inconsistencias” son negadas: "Nuestro equipo
jurídico evalúa cada solicitud y, en función de ella, consideramos si la
petición es apropiada o no. Sólo si es apropiada, damos información de la
cuenta”.
La compañía que afirma haber considerado siempre en primer lugar
la privacidad de sus clientes, reconoce que “hasta el 6 de junio jamás había
oído hablar del programa PRISM del Gobierno de los Estados Unidos, para espiar
en Internet y que, al igual que otras empresas de Internet implicadas, niega
rotundamente cualquier colaboración voluntaria con dicho programa”. La compañía
en un comunicado ha afirmado que “hay ciertas categorías de información que nos
piden que no podemos proporcionar, porque ni siquiera las tenemos”. Dicha
información se relaciona con sus programas iMessage y FaceTime, un servicio de
mensajería y llamadas en directo que mantiene sus comunicaciones encriptadas,
sin que sea posible tener acceso sus archivos.
El imperio
contraataca
La privacidad es un bien intangible vital para el negocio de las
compañías de comunicaciones en la actualidad. Sin ella se rompe la burbuja de
confianza que debe existir entre sus servicios y los usuarios. El diario The New York Times reveló la “secreta batalla judicial”
que mantuvo y perdió Yahoo “contra las autoridades estadounidenses para no
tener que brindar información sobre sus usuarios a PRISM, el programa de
ciberespionaje usado por el país norteamericano para prevenir actos
terroristas. Según la publicación, el equipo de abogados de Yahoo arguyeron
ante una corte secreta en Washington, que “entregar datos de sus usuarios al
gobierno era un acto inconstitucional”. La corte, sencillamente, falló en su
contra y consideró que, “dadas las implicancias en la seguridad nacional”,
Yahoo “debería obedecer o, simplemente, romper la ley y atenerse a las
consecuencias.
¿Es aceptable en el ámbito del derecho internacional, que se
supone regula la ciberinformacion mundial, que un país, en este caso EE.UU, pueda
acceder a nombre de su seguridad nacional a la vida privada de millones de
personas? Esta es una interrogante que pone en el tapete un tema de fondo mucho
más grave: los tentáculos de la guerra
fría librada ahora en el espectro del ciber espacio “contra el terrorismo”,
no difiere de las propias prácticas terroristas reñidas con una elemental ética
y respeto al derecho humano a mantener la privacidad".
¿Qué duda hay que la contraofensiva de los aparatos de inteligencia
y espionaje de los EE.UU, están protagonizando su propio capítulo del Imperio contraataca? Luego del fracaso
de la inteligencia norteamericana que posibilitó el S11, sus agencias no se
detienen ante nada en la consecución de sus propósitos. Sólo que esta vez el ataque a la vida privada de las personas no está montado en la tramoya de un
set hollywoodenses, ni los espías son guapos agentes maquillados de héroes
antiterroristas, sino todo lo contrario: el montaje internacional del
ciberespionaje puesto en marcha, muestra el rostro más funesto del sistema
capitalista postmoderno.
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